Tras la conexión uruguaya
Los investigadores de la Brigada Antisecuestros de la Policía Bonaerense y de la Delegación de Investigaciones de San Isidro consideran estar ante una banda especializada en este tipo de delitos, que cobró auge el último año en Buenos Aires, poniendo a esa ciudad en la línea de San Pablo, México y países de Centroamérica.
Aníbal Degastaldi, jefe de la Delegación de Investigaciones de San Isidro, en declaraciones a la prensa porteña sobre los delincuentes consideró que «tienen mucha experiencia y demostraron que no son ‘ningunos’ improvisados». Como primer elemento distintivo, en comparación con otros grupos que empezaron a dedicarse a esta modalidad, el que privó de su libertad al empresario Elio Brozzoni no uso teléfonos celulares ni fijos desde Argentina para la negociación.
Brozzoni, de nacionalidad italiana y dueño de la papelera Santa Angela SA, el 11 de diciembre se encontraba almorzando en el restaurante La Barranca, a quince cuadras de su empresa en la localidad bonaerense de General Pacheco. Cinco hombres ingresaron al local, vistiendo ropas naranjas y con sus pelos teñidos de amarillo o verde.
Fueron directo al empresario y lo obligaron a salir, cargándolo en un auto. Desaparecieron sin dejar rastro y no fue sino hasta 25 días después que se le volvió a ver. De sus captores nada se sabe hasta el momento.
Cautiverio
Las crónicas sobre la liberación de Brozzoni detallan que recién en las primeras horas de la mañana del 12 de diciembre los delincuentes establecieron contacto con la familia.
Llamaron a uno de sus hijos al country en el que vive y le dijeron que para ver a su padre con vida nuevamente debían poner un millón de dólares. De ahí en más hubo una llamada cada día por medio hasta finalizar 2002.
Los chantajistas se mantuvieron firmes en la suma solicitada hasta ese entonces y en que no interviniera la Policía. La familia no realizó denuncia, pero la Justicia comenzó a actuar de oficio, aunque en los hechos no tuvo capacidad para rescatar al empresario.
El 29 de diciembre la negociación tuvo un giro cuando los captores aceptaron reducir su «cachet» a 270 mil pesos. Tras recibir el pago, aproximadamente a las 2.00 del domingo pasado, los delincuentes soltaron a su presa en la localidad de José C. Paz. El empresario se contactó con su familia y luego ingresó en el Hospital Austral de Pilar. Le habían pegado un balazo en una mano como demostración del fastidio que les había producido tener que bajar el monto del rescate.
Llamadas
De acuerdo al trabajo desarrollado por el cuerpo especializado en secuestros de la Policía bonaerense, los delincuentes tenían una red de apoyo en los países del Mercosur, lo cual habría motivado hasta último momento que mantuvieran el millón de dólares como precio. En ese sentido se informó que las llamadas realizadas se efectuaron principalmente desde Uruguay, a través de teléfonos instalados en locutorios.
También hubo contactos desde Brasil y Paraguay. Desde territorio guaraní se envió el 26 de diciembre una prueba de que Brozzoni estaba vivo, consistente en una carta de puño y letra remitida por fax. Si bien se realizaron comunicaciones entre las policías del Mercosur, no fue posible hasta el momento detectar fechacientemente los lugares desde los que se efectuaron las llamadas; esto ocurriría próximamente.
Asimismo, la Policía argentina solicitó colaboración para obtener indicios en estos países sobre la existencia de una organización que excede fronteras y «globalizó» el delito de secuestro en el cono sur. El primer golpe resultó exitoso, más allá de haber tenido que bajar la tarifa, lo cual los impulsaría a concretar un nuevo acto después de estudiar su objetivo.
En esta línea, no se descarta que en próximos hechos el rehén pueda ser recluido en alguno de los países de la región y triangular las llamadas desde los restantes. Esto genera una mayor expectativa e incertidumbre, ya que amplía el campo de búsqueda y retrasa la obtención de pistas. El de Brozzoni fue el secuestro más largo de Argentina en esta etapa.
Permanecen cautivos aún el hermano del futbolista Víctor Zapata y el hijo de un almacenero. *
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