Se aclararon más de 100 hurtos y fueron procesadas ocho personas

La ciudad de Toledo se está quedando sin delincuentes

En los últimos días la Seccional 20ª de dicha ciudad canaria se convirtió en un desfile de víctimas de hurtos, que se acercaban para ver si entre las decenas de cosas que fueron recuperadas, había algo suyo. Muchos tuvieron suerte y se hicieron de sus bienes, algunos de los cuales habían perdido hace más de dos años.

La televisión local se trasladó al lugar y se entrevistó con los vecinos, quienes destacaban la labor desarrollada por los uniformados. Si bien alguno no encontró lo suyo, igual expresó su satisfacción por ver que se estaba trabajando. «No todos los días se aclaran 115 hurtos» era el comentario, al tiempo que hurgaban entre los efectos: equipos de audio, televisores, electrodomésticos, computadoras, impresoras y motos eran los valores predominantes.

Mientras esto ocurría, la Justicia resolvía la situación de las nueve personas que fueron detenidas en torno a estos casos, entre ellas un menor de 14 años. Todos recibieron su castigo, lo cual refleja que el trabajo policial fue completo, en cuanto a que las pruebas presentadas al juez resultaron irrefutables.

Los trabajos estuvieron bajo la supervisión directa de los jefes de zona, comisarios Cabrera y Pons, y ejecutados por los funcionarios de Toledo al mando del comisario Márquez.

El puntapié

Hace poco más de diez días se denunció en la comisaría un hurto en el liceo local. Cuando los efectivos concurrieron al lugar comprobaron que la sala de informática había sido prácticamente desmantelada: se llevaron las torres, los monitores y las impresoras.

Además había daños varios, por ejemplo en el sector administrativo se hallaron boletines de calificaciones rotos.

El equipo a cargo del caso se entrevistó con autoridades y alumnos, y comenzaron entonces a surgir algunos indicios, pero hasta entonces no se sabía la magnitud que podían cobrar las pesquisas. La información fue analizada detenidamente y comenzaron las primeras actuaciones ejecutivas.

Pero en vez de actuar de manera inmediata se avanzó en los trabajos de inteligencia y entonces comenzaron a surgir pistas, en el sentido de que el atraco a la escuela presentaba similitudes con otros ocurridos en la zona.

Estos extremos fueron chequeados y confirmados; a esa altura los actuantes ya tenían algunos sospechosos en la mira.

Se cotejaron entonces los archivos de la Seccional sobre hurtos no aclarados, al tiempo que por intermedio de los jefes de zona se coordinaban diligencias con las comisarías de Suárez y Sauce, ya que los indicios también apuntaban para aquellos lares.

Se sabía que se estaba ante una organización bien estructurada.

Vigilancias y capturas

Las fuentes consultadas por LA REPUBLICA señalaron que con base en los elementos recabados se dispusieron ocho puntos de vigilancia fijos, lo cual demandó un gran esfuerzo de los funcionarios. Los mismos se encontraban en las tres localidades canarias mencionadas y también en Montevideo, ya que parte de la banda provenía de la capital, más precisamente de un cantegril limítrofe con Canelones.

El plan de trabajo dio sus frutos, al punto que se individualizaron las fincas de los sospechosos, poniéndose la situación en conocimiento de la Justicia, en virtud de que sería necesario realizar varios allanamientos.

A mitad de la semana pasada se lanzó la parte final de la investigación, la cual terminó con la detención de un menor de 14 años y ocho mayores.

En este grupo estaban todos los eslabones de la cadena delictiva. A la cabeza de la organización se encontraban dos hombres con antecedentes penales y otro que tuvo el primero en las últimas horas. Se trata de Ruben Darío Fleitas Midón, de 27 años, alias «El Gorila»; Alejandro Marcelo Vargas, de 26 años, alias «El Caqui», y FAC, de 28 años, alias «El Malo».

Epílogo

Con el transcurso de los interrogatorios se avanzó aún más en las actividades de la banda, cuyos integrantes intentaron desvincularse de los hechos en general y de participar de una asociación en particular. Sin embargo, la suerte ya estaba echada. Los efectivos toledenses habían determinado con pruebas sólidas cuál era el papel de cada uno de ellos.

Las fuentes indicaron que las tareas estaban distribuidas: algunos planificaban los golpes, otros los consumaban, unos hacían de campana y otros colocaban en el mercado negro los botines. A su vez, se manejaban con «asesores» en algunos casos, como en el robo de motos. En este sentido, se indicó que poseían libretas de propiedad a nombre de ellos y que al obtener un birrodado le modificaban sus números originales para hacerlos coincidir con los papeles.

En varios de los casos, tal como surgió de la denuncias aclaradas, los delincuentes ingresaban a las fincas estando sus moradores en el interior.

Este factor había generado preocupación en los habitantes de Toledo, que al enterarse de la desarticulación de la gavilla se movilizó para felicitar a los uniformados, ya sea a través de contactos directos o por medio de cartas a los diarios o testimonios para notas periodísticas.

Un total de 115 hurtos quedaron esclarecidos en poco más de diez días, algunos de los cuales habían tenido lugar en el año 2000. Dos jornadas intensas se vivieron en la sede judicial, al punto que en varios casos el magistrado debió cambiar su fallo del primer día por uno más severo al día siguiente, ante los nuevos elementos que fueron aportados hasta último momento por los funcionarios de la Seccional 20ª.

El resultado judicial fue el siguiente: Fleitas Midón terminó una vez más en prisión, al igual que Vargas y el debutante FAC. El primero por varios delitos de hurto y receptación, el segundo por encubrimiento y el tercero por hurtos. Por su parte, JAVA, de 31 años, alias «El Cui» fue remitido a la cárcel por varios delitos de receptación. Un quinto individuo, Marcos Molina de 29 años, alias «El Samurai», también fue a dar tras las rejas de la cárcel canaria por receptación.

Evitaron los barrotes FBC, de 33 años, DJS, de 32, y EJM de 23, todos ellos procesados por receptación. Finalmente, el menor de 14 años, un ex alumno del liceo que dio origen a las pesquisas, fue internado en el Iname con medidas y un tratamiento de rehabilitación por delante. *

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