Sarachotrusta y su murguita
El pago de las decisiones personales, con penitenciarias, torturas y muertes, era el presupuesto necesario que se debía tener para dar pasos de integración a la revolución, es decir a la búsqueda de caminos alternativos o antagónicos para con el sistema en que se vivía, en esa época.
El comportamiento en el interior de las cárceles, personal y colectivo, fue responsabilidad de ambos, y las enfermedades originadas por el cautiverio, son múltiples, que van desde una euforia narcisista a una depresión insultante y agresiva contra todo y todos.
No voy a abundar pero es archi conocido, el dimplomaje carcelario ni que hablar cuando hay cicatrices, o se perteneció a las huestes de los secuestrados, que amparo en aquellos tiempos mas de uno en una reflexión para esquivar el bulto y acomodarse en el exilio, de tertulias y reconocimientos inocentes de pueblos solidarios.
La salida a la disparada, lo primero que hizo fue un reparto de poder, una multiplicación de teorías, y por supuesto no voy a reseñar la violencia que se origino tanto en las cárceles como en los auto exilios, en los encuentros de direcciones y dirigentes, que iban ocupando el lugar de quienes eran
faltos, por deserciones auto desapariciones, y el bolazo era un bumerán permanente.
Ni que hablar de los que se quedaron con recursos, de todo tipo.
Para no seguir con la sinopsis, simplemente siempre que se vive no se puede escapar a la comedia humana, no se puede evitar ni sus dramas ni tampoco sus tragedias.
Si el que se auto considera revolucionario, tiene un lugar, ese es en mostrar la posibilidad de otra cultura, una cultura que permita encontrar a un ser humano mas elevado aunque sean milésimas, porque pertenecer a esa selecta minoría que logra escapar del rebaño, es en si mismo un triunfo del placer de estar aun entre los vivos.
Un empecinado discurso desde las alturas y la soberbia, no cumple labor alguna, en cuanto a seducir mas hombres y mujeres en esa tarea cotidiana que se cumple ignota mente por los mismos que le arrancaron al autor de la cárcel.
Al diario, que haga lo que se le plazca, igual lo va hacer, pero seria interesante una inversión mínima a divulgar cuestiones positivas y relevantes que el pueblo uruguayo a construido y construye en el día a día de una pequeña aldea que no pierde su ternura a pesar de sus dolores y angustias de pasados por los aun anda buscando su encuentro con la memoria.
El ferrocarril de la historia , no se detiene y estos ciudadanos hoy solo les queda sus espejos, y por supuesto no se puede evitar que como dijo José Marti ¨… cree el aldeano que su aldea es el universo
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