La vuelta del tallarín matrero
Esta rotura del silencio de alguien que desapareció hace cuatro décadas, en forma diferente a la de otros a quienes aun se busca por cementerios y campos de cuarteles, me hace acordar de la frase que aparece como titulo de estas líneas.
Un gran amigo de tiempos pasados solía pronunciarla, provocando risas entre los escuchas, cuando la conversación se derivaba hacia algún tema intrascendente.
Si bien la prensa aprovecha de la circunstancia y publica cartas que no agregan absolutamente nada importante a lo que ya se sabe, esta aparición genera o reaviva en mucha gente, posiciones apasionadas en materia política. Aparecen rápido los adjetivos acusadores y tajantes que se cruzan en el campito de batalla, apto otra vez para esta nueva confrontación de personajes que, nos guste o no, forjaron un pedacito de la historia reciente de nuestro país.
Pero el error más grave y además funesto, es creer que hay buenos y malos, correctos e incorrectos. Que todo es blanco o negro, todo en términos absolutos. Si cotejamos los personajes que hoy vemos ya con años encima y los imaginamos jóvenes e interactuando en forma política en una organización clandestina, queda claro que si la finalidad pudo ser la misma, las formas de conseguirla fueron diferentes en cada cabeza. Nadie en su sano juicio puede pensar en la infalibilidad de nadie.
Si se pretende entender para poder tomar una posición, es necesario plantear y plantearse interrogantes. No solo a los actores, que para bien o mal están apasionados con el tema, sino, fundamentalmente, a nosotros mismos como observadores del fenómeno.
Esas «15 preguntas» que se le formularon al personaje en cuestión si bien cubren necesidades de quien las formula, solo sirven en alguna medida, para determinar si el personaje es quien dice ser y no mucho mas.
No aclaran nada, no aportan luz a los motivos que mueven a este personaje a aparecer de golpe, después de cuarenta años, queriendo justificar actitudes personales que solo le interesan o le pesan a él.
Deberíamos preguntarnos (o preguntarle) ¿Que pensaba cuando cooperó para formar e integrar el grupo? ¿Pensó alguna vez que podría verse en la situación de tener que matar a otro ser humano? ¿Se le ocurrió alguna vez que podría caer preso? ¿Previó que incluso podría llegar a ser torturado o muerto? ¿Tuvo idea de las consecuencias que podría acarrearle no solo a él sino a su familia, sus amigos, sus allegados, el ser parte integrante de una organización clandestina?
¿Por qué quiere justificar su actitud públicamente? ¿Por qué quiere que el ciudadano común lo escuche? ¿No sería saludable preguntarse qué le deja de positivo todo esto a la gente que puebla hoy el territorio oriental?
Obviamente no va a convencer a aquellos que pagaron con cárcel, torturas y exilio sus aciertos o errores. Menos aun a aquellos que también desaparecieron pero no en circunstancias tan cómodas como las suyas. Hay muchísimas preguntas que podríamos formularnos o formularle pero hay un par que vienen urgiendo ser preguntadas. Esta aparición súbita…. ¿se debe a una iniciativa propia? ¿O está haciendo, como en el pasado, mandados para un tercero?
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