A propósito de la muerte de Videla

Estamos próximos a una nueva marcha de silencio y precisamente en lo previo se produce la muerte de Videla. He necesitado tomarme mi tiempo para poner en orden lo que me ha hecho sentir. No me alegré, aunque cueste creerlo es así. Le deseaba una larga vida para que tuviera siquiera la oportunidad que mil veces rechazó de mostrar arrepentimiento. Tampoco me dejó triste. No tenía razón alguna para sentir afecto a alguien que como él renunciaron a su condición humana.

A los que se tornaron bestias y peor no respondiendo a sus instintos sino como cipayos de intereses que tenían el saqueo y el empobrecimiento de los pueblos como meta. En definitiva él fue el brazo, suya fue al mano que firmó y de su boca partieron las órdenes, pero los que diseñaban, los pensaban lo que hoy continúan disfrutando de sus robos y amparándose en cuanta artimaña legal encuentran, andan por la calle.

Se insiste en que hay que dar vuelta la página, perdonar, olvidar. Debo confesar que me es imposible. Podría dar vuelta la página si los responsables tuvieran la real valentía y el honor necesario para hacerse responsables de sus actos. Si dijeran sencillamente: si, hicimos esas cosas convencidos que era lo mejor pr esto y aquello. Sin embargo lo que campea es la inmoralidad, la misma que los inundaba cuando golpeaban a un ser atado, cuando violaban y maltrataban a una mujer, cuando secuestraban un niño.

Ahí está ese también argentino general Menéndez que la bravura la concentró en la represión, pero cuando enfrentó a un ejército enemigo, cuando tuvo que poner el pellejo en juego demostró toda su incapacidad y cobardía.

Pero es tiempo que comencemos a mirar más allá de los uniformes. Es tiempo de comenzar a denunciar a quienes en todo este tiempo han oficiado de guardaespaldas legales de estos esbirros. A los que redactaron, votaron la ley de amnistía, a los que le mintieron al pueblo, a los que introdujeron un quiebre en la ética del país. A esos que han inventado complicadas artimañas y chicanas para evitar el avance de la justicia. A los que le niegan sistemáticamente el derecho a saber la verdad a los familiares.

Videla ya no está, se volverá polvo y la historia lo recordará como dictador y verdugo de su pueblo, pero no será el único. Ese sillón es muy amplio y hay lugar reservado para muchos de allá, de acá y de más allá.

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