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No por conocidas, las cifras que maneja la OIT sobre el dramático problema dejan de conmover aun al más insensible. Y quizá lo peor sea –más que la cantidad de menores de catorce años obligados a vender su fuerza de trabajo– la calidad de los trabajos que deben desempeñar.
El organismo internacional parece tener una visión muy acertada del problema cuando señala como responsables a la pobreza, el desempleo de los adultos y la falta de oportunidades de educación, y sostiene que la ecuación es simple: «padres, a trabajar; niños, a la escuela». *
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