Las firmas por Ancap: una estrategia por el país

 

El derrumbe de la economía del país, como todos los derrumbes, ha sido lento y por partes, lo que ha llevado a que los problemas de la sociedad, a pesar de que la crisis golpeó a todos, se hayan ido manifestando por etapas y en poco tiempo. Esto generó una situación compleja del punto de vista de la desazón y la protesta, donde no hemos podido crear un solo movimiento integrado por los múltiples colores del malestar social. En este sentido el gran perjudicado por esta realidad, ha sido la campaña de recolección de firmas para derogar la ley que permite la privatización de Ancap.

Es que las urgencias que hoy son verdaderas angustias, le quitaron  sin quererlo  tono muscular al gran combate estratégico en defensa de una de las principales empresas de todos los uruguayos, herramienta imprescindible, palanca fundamental, para sacar al país del desastre y así ponerlo de proa hacia el futuro.

Sería una irresponsabilidad pensar que esta situación contradictoria no se va a prolongar en el tiempo, cuando ya sabemos que los niveles de desempleo siguen creciendo. Pero a la vez no podemos prolongar en el tiempo esa dificultad que tenemos y por eso hay que darle el último empujón a la campaña por la recolección de firmas que promueve un plebiscito para salvar a Ancap, conjugándola con la movilización social.

Las encuestas dicen que hay gente dispuesta a firmar en un número suficiente, pero todos sabemos que la tarea no ha sido sencilla para los brigadistas. Es que en una batalla por la recolección de firmas es fundamental la actitud anímica del recolector, como también es clave que aquel que dice que está dispuesto a hacerlo, finalmente lo concrete. Y eso es un problema de militancia y de organización de la misma, es un tema de propaganda, pero ante todo es un asunto de carácter político, donde quien promueve la iniciativa tiene que mostrar la capacidad de explicar que el objetivo de fondo, en este caso la defensa de Ancap, está estrechamente ligado a las inquietudes sectoriales y a la solución de los problemas.

Este desafío habrá que enfrentarlo mientras se agudiza la crisis, pero con un nuevo escenario político que nos favorece y que fue provocado por el discurso de Tabaré Vázquez, el pasado 9 de noviembre, cuando sostuvo que «nunca» el futuro del Uruguay como proyecto nacional «fue tan incierto». Por ello  dijo  en la actual coyuntura histórica «no hay estrategia política sin una estrategia de nuestra fuerza política para el país» planteando, de inmediato, una agenda básica para la reconstrucción nacional, poniendo énfasis en el combate contra «la pobreza y la exclusión».

Hoy el Encuentro Progresista-Frente Amplio está bien parado ante la sociedad uruguaya, de acuerdo a su caudal electoral de 1999 y al masivo apoyo que está recibiendo de la ciudadanía. Se le mira con respeto por parte de un auditorio que se amplía, porque se nos ve vinculados a las cuestiones de gobierno (no es lo mismo que vinculados al gobierno), que son las que terminan definiendo la vida concreta de la gente.

Hoy estamos asumiendo nuevos desafíos, sin dejar de ser la oposición a esta política económica que están llevando adelante el Partido Colorado y el Partido Nacional, que no se altera sólo por el retiro de los ministros blancos. Antes pactaban en el Edificio Libertad y que ahora dicen que lo harán en el Parlamento.

Vázquez fue, en este sentido, definitorio: «Que seamos oposición al gobierno no significa que estemos empeñados en su acoso y desestabilización», porque «no queremos  ni siquiera por conveniencia electoral  que al gobierno le vaya mal, porque cuando a un gobierno le va mal, al país le va peor».

Con estas afirmaciones el presidente del EP-FA no salió a dar apoyo al gobierno sin plantear condiciones: «Si hay que ayudar ayudamos, pero sobre bases firmes y claras», reafirmando que «cheques en blanco no dan». Pero también aventó toda actitud cortoplacista que a veces se expresa en nuestras filas, alejando a toda la fuerza política de las tentaciones de atrincherarse en falsos principios o perfilismos que siempre terminan en el aislamiento o en espasmos institucionales que no queremos y no buscamos.

Incluso cuando Vázquez atiende el problema de la deuda externa, no juega al «tanto peor mejor» y sale al cruce de dos extremos: no pagar o posponer la consideración del problema. «Si nos tenemos que embarrar hasta el pescuezo nos tenemos que embarrar hasta el pescuezo, porque aquí está en juego el destino y la soberanía del país», dijo, en una nueva muestra de que el EP-FA debe moverse como fuerza política, sin desatender las cuestiones de gobierno.

Pero a la vez no desatiende la movilización, sino que la incorpora a la estrategia: «No se trata de dejar librada a su propia suerte a la Concertación para el Crecimiento; tampoco se trata de decaer en nuestro reclamo por la actualización de la integración de los órganos de contralor de la República (Tribunal de Cuentas, Corte Electoral), ni de desentendernos de la bronca y los reclamos que los trabajadores expresan desde sus organizaciones a través del PIT-CNT y ni que hablar de los miles de uruguayos que sufren la desocupación y la miseria. Debemos hoy, más que siempre, con más fuerza abocarnos a la campaña por el referéndum sobre la ley de asociación de Ancap».

Días después en un seminario organizado por el Nuevo Espacio, Vázquez volvió a reafirmar esas ideas: «La política es compromiso, la política es tarea, búsqueda, construcción».

Este talante que ha impregnado a todo el progresismo, ha permitido acelerar las conversaciones con el Nuevo Espacio con la intención de crear nuevas mayorías nacionales, pero a la vez nos colocó a todos en una actitud de sana ofensiva, mostrándonos ante los ojos de todos los uruguayos como una fuerza con estatura política para resolver los problemas de la deuda externa y de la crisis bancaria.

Definiciones que han desorientado a los analistas de la derecha que volvieron a quedar sin argumentos, en su permanente prédica contra el EP-FA. Sólo quedó, una vez más, el recurso de la descalificación y como primer abanderado el doctor Julio María Sanguinetti con sus discursos sobre el populismo, que nadie ya entiende y que parece que es la única idea que tiene para exponer.

Si logramos las firmas por Ancap estaremos abriendo paso a un gran debate nacional sobre el presente y el futuro del país y de sus empresas públicas, donde la democracia saldrá fortalecida por la irrupción ordenada de la ciudadanía, generando a la vez nuevas condiciones para que el gobierno entienda que tiene que cambiar y dar señales claras, para recibir la ayuda de la oposición.

Es necesario a partir de ello establecer un relacionamiento mucho más racional entre el cuerpo político, cosa que hoy no ocurre por única responsabilidad de los dirigentes del Partido Colorado, que no aceptan el fracaso y que el país se les va como agua entre las manos.

Firmemos por Ancap, superemos nuestras limitaciones, tomemos fuerzas de nuestros aciertos, concentremos nuestra política, para cambiar el rumbo del país. *

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