Un velo que se descorre tarde

Realmente son insólitas las últimas declaraciones del Presidente de la República, sorprendiéndose de que algunos exportadores sobrefacturaban mercadería, o simplemente fraguaban compras desde el exterior con el fin de estafar al país cobrando millonarios reintegros.

Es mejor tarde que nunca. Pero recordemos la historia de Aduanas y de los métodos «modernos» establecidos para el control en el Puerto de Montevideo del que fueron abanderados algunos políticos. En base a esa permisividad se logró que se filtraran miles de toneladas de elementos en infracción y, por supuesto, se posibilitó todo tipo de delito. La sobrefacturación de las exportaciones es nada más que otro dato de los miles que existen. Batlle se sorprendió también porque se importaran prendas de China, a las que se les cambiaba la grifa, para ser reexportadas como de industria nacional.

Antes, cuando era más importante el flujo de las importaciones, ¿quién no sabía de las maniobras de subfacturación que determinaba un gigantesco contrabando y se pagaran menos tributos, obteniendo los responsables ganancias gigantescas a costa del bolsillo de todos los uruguayos?

Para Batlle el velo parece que recién se descorre. Sin embargo la admisión presidencial de que en este país sigue pasando cualquier cosa, sirvió para que todos nos enfrentáramos a una realidad brutal. La de la absoluta indefensión del país frente a este tipo de prácticas que, hasta por la carencia de una adecuada legislación, tienen una muy liviana sanción legal.

Ahora se creó un organismo especial, multiministerial, en que participan también la DGI, el BPS y la Dirección Nacional de Aduanas, con el fin de combatir estos delitos que según el Presidente de la República le provocan al país una pérdida anual de mil millones de dólares.

Esperaremos atentos cuáles son las acciones que se implementarán. Parece irrisorio que la Aduana no utilice en su vigilancia un scanner para contenedores, por más que este tenga un costo millonario.

Si la pérdida es del monto que se afirma, gastar 5 millones de dólares en un aparato de esas características parece más que razonable. Es también evidente que la Aduana y los demás organismos involucrados, integrantes de la flamante comisión, deben redoblar esfuerzos para evitar esta sangría constante que sufre el país por la comisión de esas prácticas delictivas.

Pero repetimos: estas prácticas no son nuevas. Lo que sorprende a esta altura, valga la redundancia, es la sorpresa del Presidente de la República que recién ahora, cuando sigue esperando en la estación Carnelli que pase el tren, se entere de que en este país se realizan millonarias maniobras de las que son responsables delincuentes de cuello blanco que se manejan, como peces en el agua, dentro de los mecanismos aduaneros e impositivos para obtener fabulosas e ilegítimas ganancias.

Lo que sería espectacular, más allá de conocerse el procesamiento de algunos aduaneros, es saber quiénes son los responsables de las maniobras. Por ejemplo, el nombre del empresario responsable de la falsa exportación que le costó al país dos millones de dólares y el de quien, cambiando la grifa de ropa china, la reexportaba como de industria nacional. *

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