Foro Social: una respuesta al pensamiento único

Entre los múltiples argumentos a que apela la derecha para desprestigiar el modelo de país que impulsan las fuerzas progresistas y para combatir su ascenso en las preferencias del electorado, se destaca el de la necesidad de adecuarse a los nuevos tiempos. Se dice que las ideas, iniciativas y proyectos de la izquierda son obsoletos y están superados; que el mundo camina por otros rumbos y que si no nos modernizamos, quedaremos al margen del crecimiento, que es decir del progreso.

Como suele ocurrir con las doctrinas pergeñadas para proteger los privilegios de las clases dominantes, ciertos principios son presentados como axiomas y la realidad, como un hecho consumado inmodificable sobre el cual los seres humanos no tienen incidencia.

Esta es la dialéctica empleada por el pensamiento único del neoliberalismo, que apunta a desestimular e inhibir toda reacción de rebeldía contra el modelo y a generar en la conciencia de las sociedades un sentimiento de resignación.

La derecha insiste machaconamente con su discurso recurrente antiestatista y desregulador, especialmente dirigido a promover las bondades de la privatización y a denostar el funcionamiento de las empresas públicas. Es así que un día sí y otro también, desde las páginas editoriales de los órganos de prensa identificados con los mandamientos de estas nuevas Tablas de la Ley, se reitera el discurso de que la reactivación sólo puede venir por el lado de la apertura total y de la reducción del Estado, como si éste fuera el gran y único culpable de la debacle económica. Y si este discurso se repite a diario es porque sus ideólogos saben que en una sociedad mediatizada la repetición es sinónimo de demostración.

La política –como en general toda actividad humana– se ha visto subordinada a la nueva diosa omnipotente en que se ha convertido la economía, y especialmente las finanzas. Este hecho responde a esa visión «realista» o «pragmática» según la cual se ha llegado a afirmar que el estado natural de la sociedad no es la democracia sino el mercado. Tal vez por ello es que los líderes políticos en este mundo globalizado han dejado de ser jefes de Estado y de Gobierno para convertirse en gerentes de marketing o jefes de ventas de sus países/empresas. Y si la política ha sido relegada a un segundo plano, los problemas sociales o medioambientales sólo merecen la atención de unos pocos y la asignación de recursos cada vez más magros.

Pero frente a estos embates ideológicos del pensamiento único, aparecen felizmente respuestas. Desde las protestas más o menos espontáneas hasta aquellas organizadas por los movimientos antiglobalización, el ser humano va encontrando la manera de cuestionar el dogma neoliberal. Por otra parte, la experiencia trágica de varios países desmiente rotundamente los postulados del modelo: la apertura indiscriminada y la política de privatizaciones, lejos de crear bienestar, han generado cada vez más injusticias, han profundizado la brecha entre ricos y pobres, han promovido la concentración de la riqueza y han tenido por efecto la exclusión de sectores sociales cada vez más vastos.

Los foros sociales –como el que se lleva a cabo periódicamente en Porto Alegre y el que se desarrolló en Montevideo durante el último fin de semana– desempeñan un papel de enorme trascendencia en la batalla ideológica contra el neoliberalismo. En ellos tiene lugar un debate profundo y fermental donde se analiza la realidad y se elaboran propuestas alternativas a los mandamientos del poder económico mundial.

Se trata de un desafío al pensamiento único: frente a la resignación que éste impulsa, los foros alumbran la esperanza de que otro mundo es posible. *

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