Argentina y Ecuador

LEOPOLDO AMONDARAIN

 

En América Latina, Ecuador y Argentina han sido en las últimas décadas los países más depredados por la oligarquía dirigente propia corrupta, las multinacionales, banca internacional y, por supuesto en la «trastienda», el monstruo imperial.

Se llegó al colmo, siguiendo consejos de tecnocracia apátrida entre los que se contaron los de Cavallo –que fue también consultado– de dolarizar la economía ecuatoriana matando su propia moneda, el Sucre.

O sea, la negación misma del ser nacional, una de cuyas manifestaciones más relevantes es la moneda propia. Los gobiernos se sucedieron incluso en períodos cuasi fotográficos, compitiendo a cuál entregaba o se llevaba las riquezas patrias a fauces imperiales con mayor rapidez.

Claro, siempre en crisis tan agudas los pueblos tienen reservas populares que surgen en el sentir de las clases más explotadas que en el caso ecuatoriano fue y es el sector indio, que representa el 35 por ciento de la población.

Desde el Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador) con su brazo político, el Movimiento Pachakutik que ya tenía de antaño representación parlamentaria, comenzó a pergeñarse una natural y patriótica reacción contra tanta explotación y sumergimiento económico y social sufrido. Alvaro Novoa, representante banquero y de ingenios bananeros (Ecuador es el principal exportador de plátanos del mundo) era la expresión real –y el aparente favorito en las recientes elecciones– de esos bloques económicos oligárquicos pro imperiales. Sorpresivamente surge un candidato: el coronel retirado Lucio Gutiérrez, antiguo edecán del ex presidente Bucaram, que, estando al frente de las tropas custodias de los edificios gubernamentales cuando en su oportunidad el pueblo indio se levantó, se negó a reprimirlo.

Por supuesto que tal actitud le costó no sólo la baja sino cuatro meses de prisión por defender los derechos de sus hermanos. Y este candidato, que fue el que menos acceso a propaganda televisiva tuvo, triunfa en los comicios apoyado por la fuerza indígena que se volcó en su apoyo.

Surge entonces, y esto es lo interesante y prometedor en el marco continental, otro gobierno y movimiento típicamente nacionalista, que puede en el futuro –de concretar su solidez– ir formando un bloque con Chávez, Lula, Cuba y algún otro movimiento revolucionario continental que impida o por lo menos entorpezca futuras anunciadas intervenciones imperiales en Colombia, y puedan defender los intereses nacionales latino-indo-americanos de los bloque económicos y políticos mundiales.

Ecuador es además un importante exportador de petróleo, y junto a la Venezuela de Chávez y con el respaldo de la OLP que éste integra, supongo pueda por ahí encontrar los apoyos para un despegue económico recuperando su moneda nacional y economía propia, comprometidas actualmente con el imperio.

Habrá que ver el desarrollo que le cabe a esta novel figura presidencial que es Lucio Gutiérrez.

Carece de mayorías y deberá hacer acuerdos legislativos para poder gobernar.

Cuenta con el apoyo indígena de la Confederación (Conaie) y del movimiento Pachakutik, que no es poca cosa, y representa un fenómeno adormecido en América que comenzó a despertar con el movimiento zapatista del subcomandante Marcos en México y que se está corriendo auspiciosamente por «montes y valles» de nuestra sufrida y explotada América. En buena hora. Los valores patrios y morales aún existen. Habrá que aunar esfuerzos y saber esperar. *

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