Escolásticos
Antonio Pippo
En «El progreso del conocimiento», Francis Bacon dice que los escolásticos eran como arañas que urdían las telas en su propio cerebro, sin prestar atención a lo que sucedía en el mundo. Las telas eran admirables por la finura de la hebra y por la mano de obra, pero carecían de sustancia y no servían de provecho.
¿Acaso el ministro Cáceres es un escolástico?
La pregunta viene a propósito de las dificultades que, una vez aprobada, ha tenido la megaconcesión para arrancar como es debido. Hasta hace poco, era vista como una suerte de milagro a la uruguaya capaz de generar miles de puestos de trabajo y, por tanto, dar un buen empujón a la economía. Ahora, el propio ministro, su mentor más entusiasta e insistente, confiesa que las dificultades financieras hacen necesario aguzar la imaginación. No ha dicho que si falla el intento imaginativo nos quedaremos afeitados y sin visita, pero es lo mismo: lo que ha dejado casual o intencionalmente entre líneas es suficientemente claro.
Y digo yo: ¿Cáceres –o, mejor expresado, el gobierno– se ha desayunado recién acerca de las previsibles complicaciones financieras de un proyecto de semejantes características? ¿O todo lo argumentado hasta ahora no fue sino muestra, una vez más, de aquella propensión de Batlle y compañía al verbalismo como estrategia política?
Todo esto no es gratuito. Viene a cuento de ese notorio aunque desprolijo esbozo de una cumbre de líderes a la que convocaría el Presidente, preocupado por el agravamiento de la crisis económica. En la hipótesis de que esa cumbre se realice, ¿el gobierno va a presentarse con proyectos tan arrogantes y endebles? Y más aún: ¿los datos que pedirán y deben recibir los convocados serán tan noveleros como los difundidos al principio sobre la megaconcesión?
Max Planck postulaba que lo abstracto y la experiencia inmediata no son más que aspectos de la misma realidad.
Está bien, pero nuestro problema es que el gobierno parece gozosamente inmerso en el mundo de la abstracción. Y desde Bacon se sabe: con el escolasticismo nos vamos a la mierda. *
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