El gobierno tiene la palabra

Martes 12 de noviembre de 2002 | 4:51
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Con el Plenario realizado el sábado por el Frente Amplio parecería haberse completado el panorama que responde a la nueva realidad política.

El alejamiento de los blancos de la coalición de gobierno motivó que se alzaran algunas voces de alarma que advertían sobre el peligro de inestabilidad y el consiguiente perjuicio que ello ocasionaría a la imagen que el país debe ofrecer a los organismos de crédito internacionales. Independientemente de este alarmismo injustificado, el hecho de que la coparticipación haya llegado a su fin marcó una inflexión importante y se constituyó en uno de los hechos políticos más trascendentes de los últimos meses. A partir del domingo 3, el Partido Nacional dejó de ser el socio minoritario y furgón de cola de su rival tradicional para asumir un inesperado protagonismo; con el fin de los brazos de yeso, los votos de sus legisladores podrán inclinar la balanza en uno u otro sentido.

El Partido Nacional dio un paso al costado tomando distancia del gobierno; hizo su jugada en el ajedrez político y espera las movidas de las otras fuerzas.

Por toda respuesta, el coloradismo no ha hecho sino lamentar la decisión blanca y enviar mensajes al ex socio con un claro sentido de mantener los vínculos, fundamentalmente con vistas a volver a unirse para derrotar a la izquierda en las próximas elecciones.

Coincidentemente con la decisión del nacionalismo, las fuerzas progresistas ajustaron su estrategia, en el Plenario del sábado pasado quedó más o menos esbozada una línea de acción.

El mensaje emitido el sábado por el plenario, en el sentido de descartar cualquier estrategia de desestabilización y comprometerse a ayudar al gobierno, debe leerse –más que como el triunfo de posturas “moderadas”, “débiles” o “blandas”– como un llamado a la responsabilidad al Partido Colorado. Es una forma de reafirmar la posición dialoguista de la izquierda y de exigir al mismo tiempo al gobierno una cierta reciprocidad. Las palabras de Vázquez no dejan dudas: “Que seamos oposición al gobierno no significa que estemos en su acoso y desestabilización. (…) No queremos –ni siquiera por conveniencia electoral– que al gobierno le vaya mal, porque cuando a un gobierno le va mal, al país le va peor. Deseamos que el gobierno gobierne mejor para que al país también le vaya mejor. En tal sentido, si hay que ayudar, ayudamos, pero sobre bases firmes y claras”. La firme decisión de Tabaré Vázquez de no dar un cheque en blanco implica abrir el camino de la negociación que, aunque más engorroso y complejo, es necesariamente más transparente y más democrático.

En nuestro editorial del domingo 10 sosteníamos lo siguiente: “Si la colectividad blanca se mantiene en esta posición (de independencia), podremos esperar que el Parlamento recobre su primitiva y esencial función de ser el ámbito donde se discuten, se analizan y se ventilan los diversos enfoques y puntos de vista sobre las normas que luego se votarán. (…) A partir de ahora, habrá que construir nuevas y diferentes mayorías; y, como en toda transacción, serán menester hacer concesiones recíprocas: el gobierno deberá acostumbrarse a ceder y transar”.

Pues bien, ahora le toca mover al Partido Colorado. Y la única jugada positiva para el país (y también para el gobierno batllista) es reconocer yerros y disponerse a aceptar que son otros los rumbos que el país debe seguir. Ahora es la oportunidad de convocar a un gran diálogo nacional donde estén representadas todas las corrientes políticas y donde sean oídas las voces de todos los actores sociales. *

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