1o de Mayo: que digan dónde están los desaparecidos

«Nadie se ha opuesto hasta hoy a que la burguesía aumentara las horas de trabajo, mermara nuestros salarios y nos humillase inicuamente. Nadie puede, pues, tener razón para oponernos a nuestra voluntad de no querer trabajar más de ocho horas.

Y si contra nuestro derecho y nuestra justicia alguien nos violentase a sucumbir, !obreros, cumplamos con nuestro deber!

Para el 1o de mayo, pues, contamos con que no acudiréis al trabajo, y todos juntos enarbolaremos LA BANDERA DE LAS OCHO HORAS. Si queréis ser libres y dignos, exclamad con nosotros: !Viva la jornada de trabajo de ocho horas!

!Viva el 1o de Mayo de 1890!

LOS TRABAJADORES ASOCIADOS.

Espana 20 de abril de 1890″

 

Así finalizaba esta proclama difundida en Espana a sólo cuatro anos de los acontecimientos de Chicago. Como luce su firma ni siquiera había central. Y había que organizar una huelga para ese día. Como fuese.

Han pasado muchos anos. Hemos conquistado muchos derechos. Cosechado victorias y derrotas. Seguimos a lo largo y ancho del mundo aportando a nuestros ideales de emancipación social, de libertad y dignidad.

Para los pobres del mundo, la dignidad no se mide por un plato de lentejas. Es el único legado que podemos dejar a nuestras generaciones para que tomen nuestras banderas y continúen la lucha.

La lucha del movimiento obrero no se reduce a nuestras condiciones de trabajo y los salarios. Construimos también una ética distinta. Luchamos contra los valores del individualismo y el egoísmo del capitalismo. Entendemos la democracia como efectiva participación de todos a todo nivel.

Pero por sobre todas las cosas, las organizaciones obreras, sindicales y políticas, sociales y culturales han luchado por la libertad. Defendiendo a sus presos y torturados. Reivindicando la libertad para asociarse y luchar. Solidaridad ha sido la divisa de la clase obrera y del pueblo siempre. Lo es también para este 1o de mayo que nos enfrenta a una nueva situación para un reclamo que ya tiene 23 anos en nuestras gargantas.

Nos reencuentra con una de las primeras consignas que supimos gritar allá en el exilio, en Plaza de Mayo junto a aquellas «locas» que se atrevían a lo imposible. Que no tenían en cuenta la mesura y los argumentos leguleyos porque su grito salía, precisamente, del alma: !!que digan dónde están los desaparecidos!!

Hoy se renueva y es también nuevamente muy nuestro.

En primer lugar porque son nuestros companeros. Como León Duarte, secretario histórico del Sindicato de Funsa, Oscar Tassino de AUTE, Ataliva Castillo de UTAA, Miguel Liberoff del SMU, Gerardo Gatti del SAG y uno de los fundadores de la CNT. Militantes estudiantiles como Pablo Recagno, Miguel Morales, Julio D’Elía y tantos otros. Maestros como el recordado Julio Castro, Elena Quinteros, Gustavo Inzaurralde. Ellos son nuestra lucha y nuestro esfuerzo. Los que «cumplieron con nuestro deber».

En segundo lugar porque el crimen de la desaparición forzada es una práctica represiva que está destinada a eliminar a los opositores pero fundamentalmente a generar la angustia permanente entre sus familiares, amigos y companeros. Su carácter permanente la reproduce todos los días y todas las noches. La incertidumbre por la suerte corrida por ellos se transforma en un sentimiento que anula una de los pilares básicos de nuestra cultura.

«Mucho antes de reconocer su nombre, el hombre reconoció la muerte a través del rito. La evidencia más antigua de estas prácticas data de hace 50 mil anos y es atribuida a los hombres de Neanderthal. El hecho es considerado como una senal de humanización más importante que la aparición de las primeras herramientas y que el uso del fuego. Desde esos tiempos remotos, los hombres han mantenido el rito de sepultar los restos de los muertos. Sería exagerado afirmar que nuestra comunidad es más primitiva que la de los hombres de Neanderthal», (Equipo Argentino de Antropología Forense «Tumbas anónimas»)

Así concebida y practicada por la dictadura cívico-militar su principal objetivo fue diseminar el terror entre la población civil. Y que sus efectos se prolonguen indefinidamente como una huella terrorífica permanente de la represión.

Pero hay que subrayar un aspecto que por obvio no deja de ser importante.

La desaparición forzada de personas es un delito que no es sólo el secuestro de la o las personas. El componente básico de este delito es la colaboración activa de todo el aparato estatal en la negación de la detención y por lo tanto el desamparo jurídico total de las víctimas. Negar la tenencia del preso y de información alguna es la característica abyecta del mismo. Ese aspecto se prolonga hasta hoy.

Es una herida de los familiares, pero es una fractura en nuestra democracia. Sigue reproduciendo el terror y coloca nuestros derechos bajo vigilancia constante.

La doctrina jurídica internacional ha definido la desaparición forzada como delito de lesa humanidad. No prescribe, no está sujeto a ningún tipo de amnistía y es extraditable. A estos conceptos adhirió el Uruguay cuando en marzo de 1995 ratificó su adhesión a la Convención Interamericana contra la Desaparición Forzada de Personas. La firma del proyecto enviado al parlamento es del Dr. Julio María Sanguinetti.

Reclamamos verdad total, verdad histórica que significa restituir sus identidades, su historia social y política, restablecer el porqué de las cosas y devolver la verdadera dimensión de sus personas y sus ideales. Eso es también hacer justicia. Y no renunciamos a ella cuando los jueces ejercen y hacen digna su función. Se argumenta sobre la ratificación de la Ley de Caducidad en un plebiscito. Recurso democrático que fue saboteado por todos los medios. El plebiscito del Voto Verde fue una conquista popular. Nuestra. Perdimos. Sus defensores ni siquiera fueron coherentes. El artículo 4o dispone el deber y la obligación del Poder Ejecutivo de esclarecer el destino de las personas desaparecidas y de los menores secuestrados. Es ley. Debe cumplirse. De lo contrario habrá que revisar la ley, por cuanto no cumplió ninguno de los cometidos que se propuso.

La actitud del actual Presidente es otra. Bienvenida. Nuestro reclamo tiene voces y estremecimientos muy sentidos y dolidos. Tiene callos y heridas de muchos anos, algunas irreparables. ?Quién le devuelve la ninez a Mariana y el calor de compartirla a su abuela? ?Se puede reparar el dano a Sara mamá y a Simón el nino que ya hoy no es?

Queremos que digan dónde están. Sin tapujos y que lo sepa todo el mundo. Como dijimos: la verdad y todas sus consecuencias. Para nosotros y para los chiquitos que vienen. Porque esta verdad también contiene el esfuerzo, los ideales y por lo que ellos y nosotros luchamos: un mundo sin explotación, sin opresión, sin las miserias que lleva a los pueblos a rebelarse.

Nuestra lucha hará historia, porque ella le devolverá sus rostros y sus nombres. Quedará para las generaciones futuras su lucha y la nuestra como la de aquellos que en 1890 organizaban asociaciones obreras donde hubo miseria y explotación. Construyendo con dignidad para la libertad. Y para la verdad.

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