Ante un nuevo 1o de Mayo: repartamos entre todos la riqueza nacional

Aveces siento que hemos perdido la perspectiva histórica y estructural que debe caracterizar el análisis y la acción de movilización social. Entre otras cosas por:

* las necesidades cotidianas que nos definen urgencias que hay que resolver

* la malaria que hoy existe y entonces cualquier pequenita mejora vale y sin duda vale y mucho

* las tendencias pragmáticas y cortoplacistas que dominan hoy buena parte de las ciencias sociales y de buena parte de los tecnócratas y cultores del asesoramiento, el diagnóstico y las consultorías, etcétera.

Sin embargo, en nuestros análisis, en nuestras propuestas, en estas mismas columnas editoriales de LA REPUBLICA siempre hemos intentado levantar la mira y plantear los grandes temas estructurales que hacen a las necesidades no sólo inmediatas sino de fondo, profundas de las familias trabajadoras.

Y por ello es bueno que a veces nos paremos en el 2000 y miremos para atrás, que tengamos conciencia de lo que hemos perdido y no con el ánimo de retroceder sino, muy por el contrario, con el ánimo de avanzar hacia una sociedad más justa. Porque no cabe ninguna duda que la sociedad uruguaya de hoy presenta un grado de concentración y exclusión económica y social superior al que caracterizaba al Uruguay de los 50 y 60.

Y ello no ha sido porque haya menos riqueza para repartir, por el contrario el ingreso nacional es sustancialmente superior al de los 60; tampoco porque la población se haya multiplicado de tal manera que la escasez abunde, sino más bien todo lo contrario ya que la población ha crecido poco y la emigración ha sido muy importante.

El gobierno se ha jactado de que la economía crece y crece y entonces hay mucha más torta para repartir, sin embargo no se reparte.

Y entonces al levantar la mira recordemos tan sólo algunos elementos que caracterizan la situación:

* Si tomamos como base el salario real promedio de los uruguayos y las uruguayas en 1967, es decir previo a la iniciación de lo que hemos dado en llamar el modelo concentrado y excluyente, el salario real de 2000 es un 63%, es decir que el poder de compra de los trabajadores en el país en promedio (algunos más otros menos) se ha reducido en un 37%. La pérdida histórica y por ende la magnitud poco significativa en relación a dicha pérdida de lo recuperado desde 1985 es muy clara.

* En los anos 60 muchos gremios laudaban sus salarios de acuerdo al costo de una canasta propia realizada de común acuerdo entre trabajadores y empresarios de cada rama.

Por ejemplo si actualizáramos a precios de hoy el costo de la canasta promedio de una familia trabajadora de la industria química en los 60, su costo sería de 24 mil pesos; no es lo que gasta en consumo una familia trabajadora de hoy. Hemos resignado nivel de vida. !Y ojo! esto con independencia de que hemos accedido a nuevos y mejores bienes, pero hemos perdido mucho.

En el ano 1967, antes de iniciarse el modelo concentrador y excluyente, cuya primera manifestación recordemos fue la congelación de salarios de junio de 1968, el gobierno dedicaba a salud y educación pública un 33% de su presupuesto, mientras que en 1999 dedicó apenas el 21%.

* El salario mínimo nacional tiene un poder de compra de menos de la tercera parte del que tenía cuando se creó en 1968 y por ende ello significa una gran pérdida de valor de los beneficios sociales que dependen del salario mínimo como por ejemplo la asignación familiar.

Entonces no se trata sólo de salir de esta situación que desde 1996 en el sexto Congreso del PIT-CNT definió de emergencia nacional y para la cual se elaboraron hace ya más de 3 anos las 35 medidas del plan de emergencia del PIT-CNT que, lamentablemente para los intereses de las familias trabajadoras nunca se aplicaron. Se trata en cambio de, además de buscar salidas a la emergencia nacional social y laboral que vivimos, recuperar la dimensión de:

* empleo para todos

* empleo de calidad adecuada, con estabilidad y derecho sociales

* salario que permita vivir de las 8 horas

* negociación colectiva y fuero sindical que recupere la democracia perdida en las relaciones laborales

Y todo ello es posible. Se trata en primerísimo lugar de distribuir con justicia el esfuerzo de todos.

No aceptemos más las dilaciones, las chácharas de todos los anos tales como:

* primero que crezca la torta para después distribuirla, la torta ya creció

* hay que ser más competitivo y por ello hay que reducir el costo laboral, nueva forma de decir bajen los salarios.

* hay que flexibilizar el mercado de trabajo para crear más empleo.

Por ello, ante un nuevo 1o de Mayo, los trabajadores y las trabajadoras lanzamos un gran llamado a la sociedad a decir BASTA a la EXCLUSION y sin dilaciones: redistribuyamos la riqueza YA!!!

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