"Canario" Félix Díaz
CARLOS BOUZAS
Prefiero recordarte con el puño levantado hacia los helicópteros del ejército que patrullaban la zona de La Teja y la refinería de Ancap, aquella tardecita gris de fines de junio de 1973, en el patio del club de bochas Tellier. Desarrollábamos la huelga general contra la dictadura recién instalada. Tú habías establecido tu campamento de organización, a caballo entre el club de bochas y la fábrica Codarvi. Estabas obsesionado por el cumplimiento del complemento de la huelga: La ocupación de los lugares de trabajo, el abastecimiento a los ocupantes, la atención de las desocupaciones a manos de las fuerzas armadas y la reocupación una vez que los soldados se retiraban. Y así hasta cumplir los quince días de una acción que no tiene parangón en la historia de nuestro movimiento sindical.
Esa acción la estuviste planificando y discutiendo durante años desde tu lugar de responsabilidad en la secretaría de organización de la Central Sindical única. A ella nos jugábamos todos los boletos, en la defensa de la democracia que venía siendo amenazada, recortada y manoseada desde la implantación de las medidas prontas de seguridad, contra los sindicatos, en junio de 1968. Se había aprobado en 1964 por la CNT, cuando todavía era un espacio de coordinación de los sindicatos. Estimulaste su discusión en un activo de comités de base en el Estadio Platense y en un Plenario de Comisiones Directivas realizado en AEBU en 1970. E insististe siempre, en tus intervenciones, sobre la necesidad de prever todas las contingencias posibles.
Prefiero recordarte también, hablando muy fuerte con esa voz que se quebraba a veces, ante un auditorio de holandeses. Como si gritando las razones de nuestra prédica en el exilio, pudieras vencer las barreras del idioma. Y curiosamente lo lograste, porque viendo la honestidad de tus gestos, la firmeza de tus brazos que remataban en manos grandes y generosas, la vibración de tus palabras que para ellos no eran más que sonidos rompieron en aplausos.
Eso fue cuando ya estaba funcionando el Organismo Coordinador de la CNT para las actividades en el Exterior. Ese organismo que fue tan útil para los que luchaban y organizaban dentro del país y que tú impulsaste pacientemente, carteándonos desde Cuba, durante los años 1978 y 1979.
Prefiero recordarte cuando nos recibieron en el Aeropuerto de Carrasco con una caravana de autos y camiones, en enero de 1985, al volver juntos, contigo y Daniel Baldasari, los tres a quienes nos negaron la entrada en octubre de 1984, en ocasión de producirse el retorno del PIT-CNT junto a la CNT desde Buenos Aires. Y tu abrazo con Pepe D’Elía que convalecía de una hepatitis; y tu mitin en la entrada Río Branco del Puerto, desde la chata de una camioneta, rodeado de tus compañeros portuarios.
El pasado 28 de setiembre, en horas de la mañana, te hicimos un homenaje en la Plaza Gerardo Cuesta, en el Cerrito de la Victoria. Pediste la bolada para hablar, aunque las fuerzas no te dieron para salir del auto en que te transportó Ochoa. Pero tu voz, débil aunque firme, fue clara. Nos dijiste lo que todos sabíamos; que tu salud estaba muy deteriorada, pero que lucharías hasta el final. Y lo hiciste, porque toda tu vida fuiste un luchador por los intereses de los trabajadores, con un claro concepto de la organización y la unidad, tal como corresponde a un notorio integrante de la que llamamos «La Generación de Cuesta».
Por eso te aplaudimos, todos, cuando el féretro con tu cuerpo ingresó en el nicho del Panteón de la ANP, en el Cementerio del Norte, el último viernes, a las nueve de la mañana. *
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