Hacia el estado del alma
Ayer se informó del viraje saludable e inesperado, por cierto que comienza a vislumbrarse en la postura hasta entonces rígida y casi unánime de las Fuerzas Armadas en lo que respecta a la revisión del tenebroso período del gobierno cívico-militar.
Desde que se produjo la apertura democrática, hace 15 años, el discurso castrense se había caracterizado por soslayar cuidadosamente toda referencia a la infamia, e incluso por justificar lisa y llanamente las atrocidades cometidas o exaltar la «patriótica» misión cumplida por las Fuerzas Armadas.
Por otra parte, el discurso político oficialista machacón y pusilánime se encargaba de hacer que asumiéramos como una verdad axiomática que todo había sido laudado por la Ley de Caducidad y que lo más indicado era cubrir todo el horror con un manto de piadoso olvido.
La sugerencia del teniente general Raúl Mermot de terminar con la celebración del 14 de abril ha significado como lo señalábamos en los «Diez puntos» publicados ayer un paso de real trascendencia en el camino del necesario entendimiento para sellar la paz.
En el mismo sentido ha de verse la favorable acogida que está teniendo la propuesta del presidente entre otros círculos castrenses. La visita del doctor Batlle al Club Naval también tuvo resultados positivos en la medida que generó el respaldo de esa institución, y es de esperar que otro tanto ocurra en ocasión de las próximas visitas programadas al Centro Militar y al Club de la Fuerza Aérea.
Estamos pues ante el hecho inédito de un presidente que apartándose claramente de lo que fue la posición tanto de Sanguinetti como de Lacalle por primera vez aborda el problema desde una óptica francamente distinta. Y lo realmente destacable es que ese cambio sustancial en el abordaje del problema por parte del Ejecutivo ha tenido la virtud de promover un cambio sustancial también en la percepción que del problema tenían los miembros de las Fuerzas Armadas.
Dicho esto, es hora de ver hechos y propuestas concretas que vayan más allá de esa postura casi mística a que apela el doctor Batlle cuando reclama un impreciso «estado del alma».
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