A 63 anos de Gernika

En un día como hoy, 26.4.37, hace sesenta y tres anos, una pequena ciudad vasca, Gernika, despertaba una manana recibiendo a mujeres, viejos y ninos, los hombres estaban ausentes reclutados en el frente de batalla, que desde sus caseríos en la montana bajaban a la feria que allí se realizaba semanalmente a pertrecharse.

Nadie podía imaginarse, que a esa hora, la más concurrida por esa razón, en un poblado chico de no más de seis o siete mil habitantes estables, sin ningún interés militar, ni peligro estratégico, sería masacrado por cientos de toneladas de bombas incendiarias por la legión Cóndor alemana por orden de Madrid.

Los alemanes mal podían saber la importancia solamente histórica afectiva que ese centro poblado podía tener para los vascos. Y si lo hubiesen sabido es razonable pensar que no valía la pena gastar esfuerzo, despliegue militar aéreo, tanta artillería y bombardeo, en algo tan inerme, inofensivo e intrascendente desde el punto de vista bélico, como era Gernika. Espana en cambio, sí sabía la importancia.

Cuentan las tradiciones históricas vasconas, que en torno a un viejo roble que allí se venera, los jefes tribales vascos cuando Euskadi era libre, soberano e independiente, se reunían en su torno a legislarse sus leyes y costumbres. El roble, en sí mismo, es un emblema de libertad soberana de una nación o patria que en forma democrática como siempre fue costumbre milenaria en Euskadi, regía su convivencia social y política.

Miles de cadáveres de inocentes sembraron lo que quedó de una derruida y devastada ciudad. Paradójicamente, lo único que quedó en pie, por pura casualidad, fue el roble.

Las bombas criminales ordenadas por el imperio, no pudieron destruirlo. Tal vez, el alma libre de una nación que por la razón de las bestias, la fuerza, es avasallada pero jamás doblegada ni sometida, se representó, con su característica noble terquedad, en ese anejo roble, y se negó a morir. El hecho luctuoso fue inmortalizado por el genial Picasso en su famoso cuadro con el que quiso homenajear a Gernika. Hasta el día de hoy, Espana le niega el legítimo derecho al pueblo vasco de ver expuesto el cuadro en Euskadi. Sus razones más que invalidadas las tiene.

Ningún órgano de prensa, los de gran tiraje como se autodefinen, que respaldan los grandes intereses económicos y políticos y que dependen de ellos para financiar sus «razones», han publicado ni una sola foto del cementerio de Gernika.

Los miles de crucifijos que sobre cada sepultura cuidan los pobres pero muy dignos y gloriosos huesos humanos allí presentes, son los únicos testigos mudos reales del infamante genocidio. Se prefiere callar y hacer pasar desapercibido semejante crimen por los descendientes de los que lo ordenaron, y que hoy tratan al pueblo vasco de «tremendista» y «asesino» integrantes de «bandas» terroristas. ?Acaso Gernika no fue un crimen terrorista? ?Acaso Gernika no fue víctima como lo fue en su momento el pueblo azteca exterminado o el inca, americanos, para llevarse el oro allí existente para Madrid, no ya de «bandas» sino de toda una filosofía terrorista imperial monárquica «globalizada»? Hoy día, que tan sensibilizados estamos y con legítimas razones contra las torturas, persecuciones, crímenes, desaparecidos y demás monstruosidades de lesa humanidad, Gernika es un símbolo no sólo vasco sino universal.

Allí se asesinó, no a guerrilleros, soldados o meros militantes. Mucho peor. En Gernika y su feria, sólo había mujeres, ancianos y ninos. La cobardía, la rapacidad, la indignidad y su alevosidad no tienen parangón en la historia del mundo.

El pueblo vasco, en sus valles y montanas pirenaicas ha vivido miles de anos, sus orígenes se pierden en la nebulosa de los tiempos, respetuosos de las libertades no sólo propias sino también de las ajenas. Por supuesto que en las diversas guerras en las que históricamente los tuvieron como protagonistas, excesos se pudieron cometer como en todas las guerras que en el mundo ha habido y las hay, pero sus luchas no fueron depredatorias ni rapaceras para «quedarse» con las riquezas ajenas y expoliar pueblos en beneficio propio, típico de países nostálgicamente imperialistas, sino para defender o reconquistar su soberanía, libertad y ser nacional.

Consecuentes con sus tradiciones y cultura, su idioma y costumbre autóctonos, en esos valles y picos rocosos que comparten con las águilas, también signo de independencia en sus majestuosos vuelos, siguen atesorando esos valores de igualdad, soberanía y pueblo industrioso y pacífico. Pero eso sí, no confundir pacifismo con sometimiento y entreguismo. El pueblo vasco con dignidad hace cuatrocientos anos que lucha y si hay que pasar otros cuatrocientos anos más, lo pasarán luchando por lo mismo: su libertad. Gernika y su roble es su símbolo. !Gora Euskadi Askatuta!

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje