Un gobierno que espera señales de Washington
Las señales, como la de una luz en la niebla espesa, son difusas. Las dos conferencias de prensa realizadas por el ministro de Economía Alejandro Atchugarry, fueron simplemente fuegos de artificio destinados a ganar tiempo esperando que en Washington se adoptaran decisiones que son las que signarán nuestra vida en lo inmediato.
Es un tema en que los uruguayos deberíamos a comenzar a reflexionar, pues en pocas etapas de nuestra historia se ha verificado un nivel tal de injerencia extranjera, por más que ella provenga de un organismo multinacional de crédito, como es el Fondo Monetario Internacional (FMI). Claro, no se trata de una novedad absoluta. La política económica que llevaron adelante los distintos gobiernos posdictadura, tuvieron también su encarnadura en recetas inventadas por los capitostes del neoliberalismo y, corriendo el tiempo, también se basaron el remanido Consenso de Washington, cónclave que signó el destino de muchos pueblos como consecuencia de la actitud sumisa de gobiernos que entendieron que la globalización era aplicar recetas en rasero generalizado.
Sin embargo, luego de la etapa en que Alberto Bensión manejó la economía, es bueno determinar los dos juegos que realizó este hombre, implementando medidas neoliberales extremas, propias de un modelo perimido y que cayera estrepitosamente en la Argentina, destinando todos las reservas disponibles del país –incluso algunos provenientes del FMI, vía endeudamiento– a apuntalar al sistema financiero, como si ese camino fuera el idóneo para que el país comenzara a revertir sus cuatro años de crisis.
Los lodos en que estamos sumergidos los uruguayos se deben, obviamente, a esos caminos tan equivocados como innobles que se han recorrido. Los que transita un Presidente que se alegra cuando es saludado, como «amigo» por un presidente extranjero, y que también en una acción funcional a la política de EEUU, no sólo trató de minar al Mercosur, sino que agrede insólitamente (y después lagrimea) al pueblo argentino, repitiendo los mismos conceptos del funcionario Otto Reich o rompe con Cuba, en otra afrenta para nuestra soberanía, para contentar al gobierno norteamericano.
Ahora, el nuevo ministro, está protagonizando acciones que lo dejan bastante desairado. A pocas horas de haber asumido, debe estar esperando el resultado de una negociación en Washington, sin adoptar una sola medida ni realizar un solo anuncio, pese a que en el país se haya decretado un feriado bancario y los uruguayos nos debatamos en el marco de una desesperante zozobra.
Sin embargo, han aparecido algunos elementos. En primer lugar que no seguirá adelante la desmesurada política de asistencia a la banca impulsada por Bensión, una acción de favoritismo escandaloso destinado a un sector de la economía que en muy pocas ocasiones actuó en beneficio de los uruguayos. Esa asistencia millonaria fue concretada para resarcir a los banqueros por la caída de sus negocios off shore.
Cientos y cientos de millones de dólares que, por la procedencia de los depositantes que retiraron capitales amparados en las instituciones financieras, oculto por el singular «secreto bancario» que impera para tratar de trasmitir una sensación de seguridad que ahora, sabemos, nunca existió.
Asistencia que sirvió también para que esos capitales que escaparon de nuestro sistema financiero, se trasladaran a plazas más seguras, seguramente muchos a bancos suizos, tal como lo afirmara el secretario del Tesoro de EEUU, Paul O´Neil. *
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