Caímos en el abismo
Por el camino de la pobreza creciente el país se encamina al default. Hace mucho tiempo que LA REPUBLICA hizo esa afirmación, la que hoy se está convirtiendo en lamentable realidad. El feriado bancario decretado por el gobierno es una evidente consecuencia de una política económica tan errática como incongruente la que, lamentablemente, fue apoyada por muchos «técnicos» que hablaron de las «necesarias reformas», luego se desdijeron y ahora hacen un ominoso silencio o, en un ejemplo de hipocresía, se suman a quienes levantaron su voz en contra del modelo que se quería implantar al país.
Si algo faltaba para demostrar que el modelo de Batlle y Bensión estaba perimido, es la situación creada en el sistema financiero, que fue apoyado a costa del hambre de los uruguayos, haciendo transitar al país por un camino que hizo crecer brutalmente el endeudamiento que hoy bordea los 15 mil millones de dólares, a lo que se le deberá sumar -si es que finalmente se logra- la nueva asistencia que se solicita a los organismos multinacionales de crédito. Se llegaría en la operación a una cifra casi paralela al monto de nuestro Producto Bruto Interno.
Desde el mes de enero, cuando a raíz de las convulsiones argentinas, comenzaron los retiros de fondos de nuestro sistema financiero, la política económica del banquero Bensión, fue la de darle apoyo irrestricto a las entidades financieras incluso, como en el caso del Banco Comercial, cuando sus problemas derivaban de una acción delictiva como la concretada por los hermanos Carlos y José Röhm. Ante la crisis de est banco, vaciado de mala manera, el gobierno hizo un acuerdo con los otros socios, tres bancos de primer nivel, aceptando que los costos del robo fuera pagado por el Estado uruguayo.
Fueron primero 33 millones de dólares para que nuestro Estado compartiera la propiedad y luego otra serie de aportes, todavía no contabilizados, entre ellos los que fueron el resultado de órdenes verbales dadas por el propio ministro de Economía, operación que todavía no ha sido puesto oficialmente en conocimiento del respectivo organismo de contralor, el Tribunal de Cuentas.
En el ínterin se produjo los hechos del Banco de Galicia, en donde el Banco Central aceptó que el «corralito» argentino se aplicara en nuestro país. Finalmente ocurrieron los hechos del Banco Montevideo-Caja Obrera, otro real defalco que perjudicó al Estado uruguayo en cientos de millones de dólares.
El gobierno en todos los casos, con la complicidad implícita de sus socios en la coalición de gobierno, prefirieron utilizar las cuantiosas reservas en poder del Banco Central para apuntalar a estas instituciones, defendiendo a los banqueros estafadores de las consecuencias de sus propios actos. Incluso, en acciones de dudosa legalidad, se postraron ante el Fondo Monetario Internacional para recibir -política genuflexa mediante- una cuantiosa contribución para el nivel uruguayo, pero que tampoco alcanzó.
El gobierno siguió adelante con su política de favoritismo, brutalmente clasista y destructiva del país. Hoy, pese a que se advirtió reiteradamente del dislate, el país en su conjunto está pagando las consecuencias.
El país, bajo el gobierno del Jorge Batlle, cayó en el abismo insondable que se había anunciado.
Las víctimas que quedaran serán el mudo reflejo de toda una concepción política que apuntaló un modelo inviable. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad