Relacionamiento y tolerancia
Mucho se ha escrito y editorializado sobre el nuevo relacionamiento que ha surgido, luego del acto electoral, entre el presidente de la República, doctor Jorge Batlle, y la izquierda uruguaya.
El cúmulo de información y anécdotas (el destorcedor y el chamán) que levanta la gran prensa, es profusa y abundante, lo que ha creado un clima propicio para llegar a acuerdos sobre determinados temas de real importancia para el país.
Lo desconcertante e impactante de este nuevo relacionamiento surge por el contraste natural que se produce al comparar la escasa comunicación que se lograba tener con el ex presidente de la República, doctor Julio María Sanguinetti, quien una y otra vez desestimó y menospreció las propuestas serias y responsables presentadas en distintas oportunidades por el Frente Amplio.
No narraré nuevamente, en este artículo, la postura del ex presidente de intentar denigrar sistemáticamente a la que es hoy la primera fuerza política en el país y en el exterior.
El diálogo que ha habilitado el doctor Jorge Batlle ha permitido que nuestra fuerza política pudiera presentar, sin ningún tipo de limitaciones y restricciones, las ideas sobre soluciones concretas a las situaciones de emergencia que viven distintos sectores. Además, hemos presentado nuestro proyecto sobre el Código del Proceso Penal. Lo que es más importante es que se ha abierto una brecha, que es necesario valorar en todo su contenido, sobre el tema de los derechos humanos, en particular relacionado con los detenidos desaparecidos, incluidos los niños. El tratamiento instrumentado sobre la nieta del poeta Juan Gelman demuestra la importancia del intercambio de opiniones, pero sobre todo el saber guardar reserva cuando están en juego principios tan importantes para nosotros como lo son justicia y la verdad.
Es por ello que uniéndome a la inmesa mayoría de frenteamplistas y de conciudadanos saludo respetuosamente y con satisfacción el diálogo que se lleva a cabo entre el Presidente de la República y el compañero doctor Tabaré Vázquez, como representante del Encuentro Progresista-Frente Amplio.
No obstante este reconocimiento, es necesario no confundir o equivocarse con referencia a nuestro parecer sobre las propuestas anunciadas por el equipo económico de gobierno, contenidas en los anuncios sobre disminución de la inversión, gastos de funcionamiento y rebaja de salarios y pasividades, como asimismo lo expuesto en los noventa y cinco artículos de la llamada Ley de Urgencia.
Sobre estos temas somos férreos opositores por entender que una vez más la crisis y la recesión recaen sobre las espaldas de los ciudadanos que tienen mayores problemas para sobrevivir o para llegar a las metas imprescindibles en la producción.
Todos sabemos que el verdadero legado dejado por el doctor Julio María Sanguinetti y su equipo económico es muy difícil de superar, sin embargo remarco que los caminos adoptados para superarlo no son los mejores. Como hemos dicho, el déficit fiscal de 1999 alcanzó a 815 millones de dólares, equivalentes al 4% del Producto Bruto Interno. Es decir, triplicó el déficit de 1998 que había alcanzado a 195 millones de dólares. En 1996 fue de 287 millones de dólares y en 1997 de 293 millones de dólares.
He podido apreciar que el dolor y la desesperación de algunos ciudadanos que están sufriendo muy duramente las causas de la política económica neoliberal hace que no se vea con claridad nuestra aceptación al diálogo. Pero se debe comprender que la primera fuerza del país debe apostar a encontrar soluciones tan preciadas como, por ejemplo, la vinculadas a los derechos humanos.
No seremos nosotros los que cerremos la puerta al diálogo y la tolerancia sin que ello signifique dejar de confrontar como lo estamos haciendo en la actualidad, los dos modelos de país que se proponen.
El crecimiento y el triunfo de octubre de 1999 fue construido sobre la base de nuestro programa de gobierno y el Plan de Emergencia. Los compromisos asumidos en ambos documentos son para nosotros irrenunciables.
En consecuencia, a no equivocarse. Siempre estaremos dispuestos a dialogar en beneficio de la sociedad y nuestra tierra. Nadie nos hará claudicar de nuestro principio esencial, que justifica nuestra existencia, que es el logro de la justicia social.
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