La justicia chilena

Los caminos para avanzar en busca de la verdad

Los crímenes que se creía olvidados han vuelto a turbar la calma.

De la «Caravana de la Muerte» no se habló durante años. Ni en Chile ni fuera de Chile.

El régimen casi no tenía necesidad de mentir: bastaba con el silencio.

La Caravana de la Muerte no existía, no existió durante mucho tiempo.

Ni los diarios ni la televisión hablaban de ella.

Y, como se ha dicho, lo que no aparece en la televisión no existe.

Pero, ¿qué ha ocurrido?

¿Por qué ahora se habla de la Caravana de la Muerte?

Responder a esta pregunta ilustra sobre la memoria y el olvido.

Enseña sobre el valor fundador de la verdad.

Nadie hablaba ni en 1973 ni en 1983 ni en 1993.

Y ahora hablan los diarios. Habla, ¡al fin!, la televisión. No sólo la de Chile sino la de Inglaterra, la de España, la de Argentina y, quién les dice, un día de éstos hasta en la televisión uruguaya se llegue a hablar del asesinato de setenta y dos prisioneros políticos chilenos en las semanas que siguieron al golpe contra el gobierno constitucional de Salvador Allende.

En Chile no sólo habla la televisión.

Ahora hablan los generales, los generales de Pinochet que tuvieron que ver con la masacre, los responsables de los asesinatos de la Caravana de la Muerte.

Habla el general Manuel Contreras Sepúlveda.

Preso por su participación en el asesinato de Orlando Letelier; el ex jefe de la DINA no sólo habla sino que exhibe documentos.

Quiere demostrar que Pinochet sabía todo, controlaba todo, ordenaba todo. O sea, el gran responsable es él.

Algo similar ocurre ahora con el general Carlos Forestier Haensgen ex vice comandante del Ejército y ex ministro de Defensa.

Forestier está siendo procesado por el juez Juan Guzmán Tapia quien en estos días ordenó su encarcelamiento por los asesinatos de 1973.

Por su responsabilidad en los crímenes de la Caravana de la Muerte, aquellos de los que nadie hablaba. Aquellos que no existían.

Habla y habla Forestier. Dice que en medio de los fusilamientos en Iquique, en octubre de 1973, recibió la visita del general Augusto Pinochet.

Para el juez Guzmán también habla el general Joaquín Lagos que cuenta que durante los fusilamientos, a los que él se oponía, dice, trató de comunicarse con Pinochet que estaba en la zona y que éste, que era el responsable de la vida de todos los presos políticos, «no lo recibió».

Los generales presos ya no fusilan, hablan.

Hablan de las responsabilidades de otros generales que no están presos. Muestran documentos sobre las responsabilidades de los otros generales que no están presos.

Y así, lo que no se conocía, Juan Guzmán lo va conociendo. Y el pueblo chileno lo va sabiendo.

Y así, ahora existe lo que «no existía».

Ahora aparecen los testimonios, los documentos, los responsables, la verdad.

Los generales y los funcionarios de la dictadura de Pinochet hablan no sólo para el juez Guzmán.

También lo hacen para los dos fiscales norteamericanos enviados por el Ministerio de Justicia de los EEUU, John Beaseley y John Van Lomnkhuyzin que llegaron a Santiago hace alrededor de tres semanas e investigan acerca de los cómplices de Contreras y Espinosa en el asesinato en Washington de Orlando Letelier.

Autorizados por la Suprema Corte de Chile los fiscales vienen interrogando, a partir de un exhorto elaborado por la justicia norteamericana, a alrededor de treinta ex funcionarios del régimen pinochetista.

En estos días, el embajador norteamericano en Chile, John Oleary, declaró que «el gobierno de su país se propone castigar a todos los criminales quienquiera que sea».

Las cosas están cambiando en Chile. Y también en los Estados Unidos.

Y, después de más de 26 años, la verdad se abre camino.

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