Conversando con Lombardo, segunda parte
VICTOR ROSSI – Alianza Progresista.Lista 738
«El nuevo principio fundamental es que nosotros, para poder evitar en lo posible errores, debemos necesariamente aprender de nuestros errores. Encubrir errores es, por tanto, el mayor pecado intelectual».
Karl Pooper*
El contador Ricardo Lombardo ha aceptado con respeto y altura de miras mis comentarios sobre su propuesta de establecer un diálogo que permita «generar consensos entre la gente de todos los partidos que pensamos lo mismo, que tenemos la misma actitud frente a los problemas» del país.
A la vez, en su nota del pasado 14 de julio insiste en la necesidad de «establecer diálogos y no monólogos entreverados», porque eso no llevaría a buen puerto la intención de crear esos consensos. Actitud con la que estoy absolutamente de acuerdo, al grado que estoy dispuesto a escuchar su propio monólogo con mucha atención y respeto, sin interrumpirlo con el mío.
Pero el contador Lombardo comprenderá que si es diálogo lo que estamos intentando, éste se debe construir en base a una definida transparencia, que permita a las partes comprender en profundidad hasta dónde va cada quien.
Es muy positivo que Lombardo haya dicho en la entrevista que le realizara LA REPUBLICA que tiene la intención de crear una corriente independiente dentro del Partido Colorado, a la vez que propone esta idea del consenso, que pasaría por un corte transversal de las fuerzas políticas, para pensar el país del futuro. Esta es, sin duda, una actitud transparente.
Cuando planteo mi crítica a la propuesta del corte transversal, cuando sostengo que me siento muy cómodo en la fuerza política que integro, cuando argumento que hay coincidencias claras entre lo que argumenta Lombardo y las propuestas de todo el Encuentro Progresista-Frente Amplio, estoy actuando con la misma transparencia. Nuestras diferencias están planteadas sobre el alcance de ese corte transversal que propone, al grado que si eso no se aclara podría entorpecer esa interesante y necesaria iniciativa de comenzar a conversar.
Si cuando se habla de corte transversal se está proponiendo que se parta de la base, como condición de diálogo, de que hay dirigentes de todos los partidos que están atrapados dentro de sus lógicas partidarias y a la vez enfrentados a sus dirigencias, no tendría otra opción que responderle al contador Lombardo que hasta aquí llegué, en la medida que mi realidad política es muy distinta a la suya, en tanto no me siento dominado por dos o tres caudillos.
Yo no asumiría el atrevimiento de decirle al contador Lombardo que la condición de diálogo es que se aparte del Partido Colorado, porque todos los intentos de renovación de esa colectividad política han terminado en fracaso, desde el 60 a la fecha, o bien los impulsores se transformaron en furgón de cola de las estructuras de poder tradicionales, o bien debieron saltar fuera del lema participando en muchos casos, en la construcción del Frente Amplio y del Encuentro Progresista.
Pero si la idea del corte transversal apunta a buscar interlocutores que tengan determinada sensibilidad, amplitud de miras, para iniciar un proceso de búsqueda de encuentros, puedo ser uno de los participantes de ese diálogo. Y no lo hago con la mera intención instrumental, que también sería válida, de tener algún voto más en el Parlamento para la eventualidad de que el EP-FA sea gobierno y lo necesite. Lo hago pensando que el país necesita acuerdos mínimos y sensibilidades comunes, para la creación de identidades nuevas en lo que respecta a la práctica política, hasta elaborar y poner en marcha un proyecto de reconstrucción del Uruguay, que vive una de las peores horas de su historia, por responsabilidades concretas de sus últimos gobiernos, en el marco de una crisis regional e internacional que cada día apunta a agravarse más.
El país tiene la necesidad imperiosa de que un amplio movimiento político y social acceda al gobierno para realizar transformaciones que perduren. Para seguir siendo transparente, debo decirle que es mi convencimiento, que ese movimiento seguramente contendrá, junto a otros, a todo el EP-FA.
Pero ese instrumento al que apunta nuestra fuerza política, no va contra ninguna iniciativa de diálogo, de conversación, de análisis, de búsqueda de entendimiento, con dirigentes, sectores o ciudadanos de otras colectividades políticas o expresiones sociales. Estamos dispuestos a recorrer ese camino porque no nos creemos dueños de ninguna verdad, porque sabemos que vamos a aprender de los otros monólogos, porque entendemos que la democracia se construye entre todos, respetando las diferencias, los debates y las contradicciones que son intrínsecas a un régimen de libertad. Procurando rescatar las coincidencias, como lo practicamos a diario en nuestro sector, la Alianza Progresista 738.
El contador Lombardo comprenderá que esta actitud que estoy formulando no es de los últimos días. Desde el EP-FA reiteradamente hemos propuesto crear espacios de diálogo para salir de la crisis, y desde el gobierno –ese gobierno al que usted critica y que es de su partido– se nos cierran las puertas, se nos da la espalda y se nos niega la posibilidad de aportar, para ver si por lo menos en un pequeño porcentaje tenemos razón.
Los uruguayos, contador Lombardo, necesitan salir de esta locura a la que nos ha llevado una política económica que siembra angustia e incertidumbre, que es antipopular así como contraria a los actores productivos nacionales, y por eso es hora de conversar y de luchar. Usted en los últimos tiempos se ha manifestado en ese sentido. Ha lanzado ideas positivas sobre cómo reactivar la economía y cómo recuperar la esperanza en el país; también ha luchado, como cuando puso su firma al pie de la convocatoria del plebiscito en defensa de Antel.
Cuando usted lo crea conveniente nos podemos encontrar para trabajar con una agenda abierta, tratando de descubrir en ambos monólogos aquellas coincidencias que seguramente existen. El tiempo y la voluntad dirán, en definitiva, hasta dónde se puede llegar. Y si no se llega, igual el esfuerzo habrá valido la pena, aunque más no sea para aprender de nuestros errores. *
* (Principio 6, tomado de «Tolerancia y responsabilidad intelectual»; 12 principios para una nueva ética profesional del intelectual, 1981)
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