La interpelación

LEOPOLDO AMONDARAIN

 

Al banquero Bensión y a su política económica le pegaron en el palo. Pero también es obvio que sus días de ministro de Hacienda están contados. El relativo magro triunfo del gobierno para mantenerlo en el cargo, fue tan a lo Pirro que ya se barajan nuevos nombres (¿Talvi?) en su lugar. No vamos a detallar, ya se han hecho los múltiples argumentos esgrimidos por las distintas exposiciones. Sería reiterativo. Sí planteamos los hechos en sus consecuencias y desarrollo futuro. En sí, como blanco, la interpelación me dejó una satisfacción y al mismo tiempo un gusto amargo en el paladar. Trato, como creo que es mi estilo, de ser explícito y sincero en cuanto a mis opiniones. La satisfacción, porque sin quitar méritos a todos los sectores que votaron la reprobación del ministro con su política económica –y trato de despojarme de toda simpatía partidaria– fue fundamental, cosa que no se ha señalado o se ha hecho con mezquindad, la posición y radical exposición del senador Larrañaga. Reitero, sin minimizar los demás discursos (todos aportaron lo suyo), fue a partir de Larrañaga que Bensión se tambaleó. Y acá, un capítulo para mi partido siendo objetivo. Es justo reconocer que si Bensión aún se mantiene es porque hay una mayoría legislativa «blancuzca» que lo sostiene. Permítaseme la alegoría. Se me representó un grupo de «palomitas» o «palomones» que aunque incluso «algunos» discrepantes en la pulpería, arrullaban con su silencio amorosamente en la comisaría al banquero Bensión. Y no sólo con sus silencios, sino también con sus «alas» o manos arrolladitas en el momento de votar en contra del gobierno colorado y su ministro. Fieles a la coalición «calepina». Sin embargo, sigo con la citada alegoría, despegó un «águila blanca» bien separada de esa bandada de palomones «grisáceos». Volví, y lo digo con sano regocijo partidario, a sentir a un blanco. Desde Wilson a la fecha, me imaginaba que los había. Pero en lo íntimo, no sentí a ninguno. En la interpelación, quedó de manifiesto que esa «reserva» que en 170 años, en momentos críticos cuando el partido agonizaba, se produce el fenómeno en el que surge «alguien» que rescata el mejor cerno nacionalista. Fue Leandro Gómez a la muerte de Oribe. Después Timoteo a poco de la caída de la Heroica. Surge Aparicio contra Batlle y sus calepinos.

A su muerte, comienza Herrera y, con su desaparición física, amanece Wilson. A posteriori de su deceso, el campo quedó vacío en manos de doctores paniaguados, acomodados y laderos del batllismo y su partido colorado. Hoy, con dificultades, sin poderes económicos multinacionales de fundaciones imperiales, discrepando con políticas fondomonetaristas y en clara posición nacional contra los imperios políticos económicos demostrados en la interpelación entre otros, surge el gaucho de la Heroica.

Pero el partido no termina acá. ¿Quiénes son Ernesto Talvi y Carlos Steneri? Supuestos supletivos de Bensión y Davrieux. Están «calentando» en la línea de «toque». No los conozco personalmente, pero sin duda, no son alumnos de la Santa Madre María Teresa de Calcuta. En buen romance, más jóvenes y vibrantes que los ya gastados veteranos a suplir, son la garantía que vino a exigir el «bueno» de don Otto Reich. Delegado «capataz» para la estancia latino indoamericana del sajón yanki. Nunca tampoco falta un Juan Mendieta que sostiene que la interpelación se «demoró» un par de horitas, para que el capataz don Otto fuese recibido por los legisladores que amagaban «rebeldías». ¡Pardiez! ¡No piensen mal! O sea, de confirmarse estas versiones, tendremos mucho más de lo mismo. Recesión, iliquidez, miseria, improductividad, desesperanzas, etc. ¡Pero eso sí! ¡La banca y el sistema financiero estarán a salvo! Decía Wilson, en una famosa interpelación similar al entonces ministro de Hacienda Charlone –(a) Fu Man Chu, así lo apodaban por el reavalúo cambiario de la crisis del treinta y tres– que los únicos que sostenían la fundamentabilidad del sistema financiero eran los banqueros. Es importante, no cabe dudas. Pero no se muere el país por mantener su «virginidad». Se muere sí, si no se produce o reactiva el agro o la industria, por citar alguna de las opciones. O sea, como dice Larrañaga, buena cosa sería que del «prestamito» de 3 mil millones de dólares gringos del FMI, que sólo Dios sabe cómo se podrán abonar, no ya el capital, sino los simples intereses, (mi nietito recién nacido, si no se va para Euskadi de grande el pobrecito, lo va a seguir pagando) se deberían desviar lo necesario para esa reactivación económica. Sin producción no hay solución. Y no dejar que banqueros, ejemplo los Peirano o los hermanos Röhm los pongan encima de una «chatita» con rulemanes y se los lleven para sus sistemas bancarios financieros. Al decir de Herrera. Ese es el gusto amargo que me deja la situación. Con el cambio de ministro de Hacienda no cambia nada. Es con un cambio de criterios y de políticas económicas que protejan el interés nacional y no el de los imperialistas como se puede salvar el país. Las fuerzas de cambio de afuera y dentro del país deben sentarse alguna vez a coordinar esa revolución económica, nacionalista y patriótica que pueda transformar las naciones y el continente no en una estancia con capataces gringos, sino en una tierra feraz, libre y soberana como quisieron nuestros próceres desde Artigas, pasando por San Martín o Bolivar, por citar algunos. *

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