El sentido común, la ética, la política y el Derecho

JORGE CROCE

 

Una serie de hechos que vienen ocurriendo tienen todos un denominador común. A saber:

– el sentido común, nos dirige claramente en una dirección.

– la patología política (o algunos politiqueros), inventa cosas que «na’ que ver» con el sentido común, para zafarse de responsabilidades evidentes,

– La ética, banda elástica, presenta dos caras muy diferentes, según se siga o no al sentido común

– El Derecho juzga, a veces bien, y a veces «vicha» por debajo de la venda.

Comencemos por el ya trillado caso de Benito Stern.

Se han constatado irregularidades en su desempeño en el Ministerio de Turismo, que justificarían la actuación de la Justicia penal y quizás el procesamiento.

La patología política de los politiqueros no tiene ambages en inventar una teoría aberrante, un insulto al sentido común y al mínimo esbozo de ética.

«Haciendo una (mala y forzada) extrapolación de la irresponsabilidad de los legisladores, el ministro no puede ser enjuiciado ni aún por delitos probados que tuvieron lugar durante el ejercicio de su cargo».

El sentido común sale lesionado porque, de ser esto cierto, el cargo de ministro viene con un premio extra, consistente en una «patente de corso» que permite hacer cualquier cosa, sin tener castigo.

La defensa del ministro, suponemos que con su consentimiento, no aduce que es inocente sino que no lo pueden juzgar. La ética se pone a llorar.

En este caso, la Justicia tarda pero llega: finalmente la Suprema Corte de Justicia decidió por unanimidad la imputabilidad del ministro. Veremos qué pasa con el juicio penal.

Segundo caso: aparece una cinta grabada en la que una voz «como la suya», hace que se le atribuya a Julio Luis Sanguinetti el pedido de una «coima» para interceder en el mentado asunto del «Cangrejo Rojo».

La Justicia quiere hacer un peritaje para determinar si la voz de esa cinta magnetofónica es realmente la de Julio Luis Sanguinetti.

El sentido común indica que, si realmente no es «la voz» de la cinta magnetofónica, no hay ningún problema en acceder al peritaje, porque no hay nadie que lo pueda acusar.

Luego, el sentido común indica que debiera someterse a la prueba.

Pero Julio Luis no se somete. El sentido común se siente violado y la ética vuelve a llorar desconsoladamente.

El (la) juez actuante se ata las manos, voluntariamente, ante la negativa de Julio Luis, para grabar una cinta que permita comparar su voz real con la de la otra cinta cuestionada.

El sentido común indica que su negativa no sería un obstáculo, porque hay otras grabaciones innegables de su voz, para efectuar la comparación, aún sin su participación. Por ejemplo, en alguna de sus intervenciones en el Parlamento, que son grabadas.

Pero la Justicia se ata las manos e insiste con la negativa de Julio Luis, y no resuelve utilizar estas pruebas.

La falta de comparecencia de Julio Luis resulta una traba insalvable para que se pueda hacer justicia. El sentido común y la ética lesionados, lloran, otra vez, sin consuelo.

Caso tercero.

Lissidini, director de Aduanas, embarcado en una acción al parecer enérgica contra el contrabando grueso, declara que

– conoce a los 10 mayores contrabandistas del país.

– estuvo reunido en sus mansiones y habló con ellos, y le dijeron cosas… tales como que ellos colaboran con todos los partidos políticos, lógicamente buscando comprar sus impunidades.

O sea que cualquiera que gane, es lo mismo, ya está acordado de antemano, para vivir y dejar vivir… a los contrabandistas…

Pero no hace la denuncia, a pesar de conocer a los delincuentes, «porque no tiene pruebas» a pesar de haber estado reunido con ellos.

Y la cosa queda ahí. Porque los susodichos siguen siendo «intocables», como en la serial. Y Elliot Ness se murió… de viejo o de vergüenza.

Pero, al final, lo que quedó es una andanada de mierda sobre… todos los políticos. Puede ser conveniente, para algunos que seguramente están tan contaminados, que la gente piense que todos son iguales. Hay algunos que estando muy podridos, como metodología implacable, tratan de bajar al otro, ante la imposibilidad de subir ellos, lo que es claramente imposible… Y la Justicia, que tendría (¿o no?) que actuar de oficio, bien gracias. Aquí lloran abrazados, la Justicia, la ética y el sentido común.

Y el último «caso» antes de que se haga tarde…

Se monta una campaña, con el sello del gobierno, con el siguiente plan:

1 – El gobierno ajusta el cinturón, ya no en la panza, sino en la garganta del pueblo, porque la inundación reaccionaria sigue subiendo de nivel, al parecer sin límites.

2 – El pueblo se sacude en espasmos de cuasi-agonía.

3 – Los espasmos son mal vistos y considerados violentos y peligrosos porque pueden poner en evidencia las reales causas.

4 – Hay que convencer a la opinión pública de que los espasmos no son producto del ajuste de cinturón, sino de unos loquitos que están agitando y engrupiendo a la gente para convencerla de que el cinturón con que aprieta el gobierno los está ahogando.

5 – Hay que encontrar algunos chivos expiatorios para echarles la culpa de esa locura que está catequizando a la gente mansa y volviéndola violenta.

6 – Pero alguien se tiene que encargar de actuar como equipo de amplificación del plan montado por el gobierno.

7 – El gobierno busca mercenarios en los diarios y radios, que se presten a amplificar la canallada, que rápidamente aparecen y se ponen a actuar, como bien mandados que son.

8 – Si se puede conseguir algún cretino útil dentro de la izquierda que les haga el juego, mejor.

9 – Se instrumenta desde el gobierno la campaña para identificar a los «chivos expiatorios» y marcarlos a fuego como culpables de la violencia para poder, luego, reprimirlos.

10 – Si no hay actos violentos (que los puede haber, porque los espasmos y la muerte son en sí violentos), igual los fabricamos con infiltrados.

11 – Se empieza la represión, preferiblemente sobre los chivos expiatorios, que para eso se crearon.

12 – Una viejita bombardeada por la propaganda, lanza el exabrupto: «Algo habrán hecho…»

13 – Pero los chivos expiatorios, no se quedan callados y abortan el plan antes de que estalle.

14 – La gente está en conocimiento de la artera maniobra y no la dejará impune.

La semana próxima se escribirán otros episodios de la telenovela, «Cómo mantenerse en el poder sin ética ni sentido común, con ayuda de la impudicia política y la (in) justicia y no morir en el intento» con la intervención (prot.) agónica de El Chupacabras y los Chupamedias. *

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