¡Hay que pararles la mano!
ALBERTO CAYMARIS
El gobierno está desorbitado.
El Presidente se reúne con el señor Sanguinetti, que cogobierna cómodamente, que dirige con la actitud de un emperador romano. Con el señor Lacalle, a cuyo ministro de Economía lo trasladaron del Ministerio a la Cárcel Central, y como siempre sucede en estos gobiernos, un banco anduvo en juego; y porque le sirve con sus votos a cambio de alguna modificación de un proyecto de ley, o con la creación de un Ministerio inservible ocupado por el derrotado contrincante del ex diputado Machiñena; y por supuesto a, léase delegados del Fondo Monetario, los pro cónsules del imperio que hoy por hoy mediante su famosa carta, ordenan cómo deben llevarse a cabo los procesos económicos a contrapelo de la mismísima ciencia económica y, lo que es peor, de la gente que sufre.
En algún momento, con más información, hemos de escribir sobre lo que este fondo inhumano ha hecho y está haciendo en nuestra hermana República Argentina, la patria de «la manga de ladrones».
¿Pero qué ha ocurrido para que estemos escribiendo todas estas cosas tan sabidas, repetidas, y no digeridas por los que tienen la obligación de hacerlo?
Ha ocurrido una crisis económica, ha ocurrido una crisis del empleo, una financiera y bancaria, migratoria o hemorrágica de la escasa población uruguaya, de la vivienda, de la salud, de la enseñanza y de la docencia, de la política y de los políticos todo mezclado como decía Guillén. Nada reconfortante, nada vital, nada esperanzado. Sólo existe un monstruo que hay que alimentar: el déficit fiscal, que en las anteriores elecciones se nos dijo que era de tantos millones de dólares, y después resultó que eran unos cuantos millones más. Una pavada.
Se dijo que ni por mandato de Dios se crearían nuevos impuestos y ahora son tantos que nos están ahogando, son un mar de impuestos, tantos que en estos momentos se estima que se pueden reducir a cuatro o cinco. Es decir, se mintió, y con ello, lo que ahora es el gobierno, subió bastante en las encuestas. Luego expresó que no devaluaría. Los uruguayos le creímos, y con ello ganó más puntos en las encuestas. Mintió, porque hubo una banda flotante siempre con el dólar acelerado, en un sistema tipo tablita del ministro de Economía de la dictadura.
La banda no funcionó para el Fondo Monetario, ni para la plaza financiera con un currículum de quiebras que arranca con el Banco Transatlántico, el Mercantil (de los hermanos Peirano), el viejo Banco Comercial que ahora tiene dos antecedentes y dos muletas que le ha regalado el Estado uruguayo. La Caja Obrera, el de Crédito, el Pan de Azúcar (que le costó el cargo y la libertad a un ministro de Economía), el de Galicia que opera u operaba off shore y últimamente, y en la cuerda floja, el de Montevideo y el de Crédito con las dos rosas y los dos postres para celebrar la unión.
Se impuso entonces la devaluación lisa y llana, favoreciendo a los exportadores y a los ahorristas que guardaban los dólares en los Bancos o entre los colchones, a los tenedores de bonos, a los depositantes en el exterior, etc. Una ganancia neta sin mover un dedo.
Entre tanto las medidas financieras seguirán: ya anunció el ministro que se suspendería la devolución de impuestos a las exportaciones, aunque tuvo que dejar sin efecto la medida antes de transcurridas veinticuatro horas. Sí, los exportadores no son los de ingresos fijos, ellos pesan, los jubilados, trabajadores, y el agro y las empresas chicas, no.
¿Quién sabe lo que nos traerá la Rendición de Cuentas? Batlle es capaz de meterse él mismo en la bolsa aunque se las arregle para salir por un costado. Renunciar a lo que tiene, la Presidencia, jamás.
¿Cuál es la conclusión para la gente que vive de ingresos fijos, por ejemplo? En el ajuste fiscal, donde radica el impuestazo, el gobierno calculaba los resultados en 170 millones de dólares anuales; en otros impuestos sesenta. Doscientos treinta millones de dólares que serían los necesarios para achicar el déficit fiscal. Mintió otra vez, porque se dispuso enseguida la suspensión de la devolución de los impuestos a las exportaciones; aunque tuvo que retractarse en menos de veinticuatro horas porque los exportadores no son los ingresos fijos, llamémosle así al sector de la sociedad que sólo cuentan con esa parte de la economía.
Con la inflación que creció luego de estos ajustes fiscales y de la última devaluación, su pasaje al nivel de la pobreza será seguro empezando por los de más bajo nivel.
¿Cuál para el 15% de desocupados?
¿Y para los que están por debajo de nivel de pobreza?
¿Y qué pasará con el país si se sancionan nuevos impuestos sin reactivación económica? ¿Cómo se pagará a la gente y al mismo Fondo Monetario que al gobierno le importa más que nada? ¿Qué ocurrirá institucionalmente si no hay respuestas adecuadas, cuando ayer ya se estaba trancando el referendo de Antel porque el Ministerio de Economía dice no contar con los tres o cuatro millones de dólares que necesita la Corte Electoral?
Si al gobierno le molestan las marchas, los escraches, los caceroleos, si no da curso al referendo, si no dialoga con la oposición de izquierda, si económicamente no sabe adónde va, aunque rumbee adonde va financieramente, es porque está peligrosamente desubicado.
Podemos estar equivocados y la coalición en lo cierto, aunque las crisis parecen ser muy serias. Si no fuera así, hay que pararle la mano, con una política educada, con una política confrontacional, con una actitud de todo el pueblo para ir adonde haya que ir en materia de sacrificios. Pero hay que pararles la mano para que dejen de golpear a este pueblo que no se merece tanto daño. *
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