El desatino de "más de lo mismo"

El cuestionamiento que tuvo la política económica en el marco de la interpelación al ministro Alberto Bensión fue más que contundente. Tanto el senador Alberto Couriel como sus compañeros de bancada plantearon interrogantes que ni el ministro interpelado ni su escudero, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Ariel Davrieux, pudieron levantar.

Pero la interpelación fue mucho más que eso. Porque en ella, por primera vez desde el inicio de esta legislatura, se produjo un nuevo hecho: la hasta ayer homogénea coalición de gobierno comenzó a desflecarse, pues ya la política económica, además de indigerible, se ha vuelto ahora intragable.

A los desaciertos continuos, producto de la aplicación de un modelo perimido que, además de haber fracasado como esquema de acumulación capitalista, está logrando en las postrimerías de su existencia liquidar a los países, tal como está ocurriendo en la Argentina y, en un proceso parecido, al que se continúa ahondando de este lado del Río de la Plata.

Sin embargo, a pocas horas de lo ocurrido en el Parlamento, luego de que el equipo económico quedara maltrecho sin haber levantado casi ninguno de los elementos señalados en la larguísima jornada parlamentaria, han trascendido algunos nombres que podrían sustituir a los magullados miembros del actual equipo económico. Nombres que, obviamente, deben quitarle el sueño a más de uno.

Se habla del lobysta Carlos Sténeri para ocupar el lugar de César Rodríguez Batlle al frente del Banco Central. Evidentemente los desaciertos de la entidad rectora de la actividad bancaria le costarán al país más de dos mil millones de dólares. Entidad que no advirtió el desfalco que estaban encabezando los hermanos Röhm en el Banco Comercial y, tampoco, la voracidad de los propietarios del Banco de Montevideo que en una suma de maniobras despojaron de sus depósitos a cientos de ahorristas y dejaron al país inerme ante un crac financiero de proporciones inéditas.

La sustitución de su titular es una decisión, al parecer inminente y fundamental para el país y para su gente. Sin embargo, versiones periodísticas mencionan al antedicho lobysta como nuevo titular del Banco Central. Un hombre que siempre ha representado al país ante los organismos internacionales, que es el que repite y acepta todas y cada una de las políticas que provienen de ellos. ¿Sténeri es, con ese currículum, un buen candidato para ese cargo? ¿Cómo es posible que alguien piense que otro neoliberal a ultranza pueda encabezar con un mínimo de cordura republicana, la autoridad financiera?

También es preocupante que se mencione a Ernesto Talvi quien, mes a mes, ha tenido la habilidad de plantear sus ideas, todas ellas ajenas al interés de los uruguayos, las que son producto –dice– de las investigaciones que realiza un instituto que es financiado por algunas organizaciones vinculadas a un grupo económico que es responsable de maniobras que le están costando al país cientos de millones de dólares.

No vemos cómo el país puede salir adelante con estos personajes que, claro está, podrán ser potables para el doctor Jorge Batlle, pero nunca para los uruguayos, que hoy reclaman quebrar el espinazo de la recesión, reactivando una economía en retroceso desde hace más de cuatro años.

Será como obligar tomar muchos platos de sopa a quien no quiere ninguno. Una especie de provocación que ahondaría mucho más la crisis, pues todos sabemos que en el país no se necesita más de lo mismo. *

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