Cuando los consultores liberales auguran dictadura militar

Días pasados, en diversos periódicos de Latinoamérica se difundieron unas declaraciones del señor Rudiger Dornbusch, un experto en cuestiones financieras y de inversión ligado al célebre Instituto Tecnológico de Massachussets.

Al decir del experto, que según Martín Granovsky de Página 12 es «uno de los gurúes más escuchados por el mundo financiero internacional», las instituciones argentinas seguirán cayendo, sin que pueda hablarse de ayuda externa, hasta el retorno de algún dictador militar.

La rudeza de los comentarios se extendieron también en el análisis de la situación por la que atraviesa Brasil: Entre los mercados emergentes, sostuvo, Brasil se destaca como el próximo candidato a sufrir la crisis. Eso puede producirse por un Lula victorioso, saludado por un presupuesto desequilibrado y una mala relación con la deuda (o con el PBI o las exportaciones) en combinación con un mercado hiperpesimista.

Los comentarios del señor Dornbusch no pueden ser más descabellados. Pero, justamente por eso, merecen cierta atención: a menudo es a través de la voz de los locos o los muy imbéciles que las sociedades empiezan a vislumbrar su realidad.

En su tosca y simplista profecía, Dornbusch se sitúa en la antesala de unas terribles realidades: en nuestro subcontinente, el despotismo más despiadado ha sido el paso siguiente a unas crisis de la democracia como la que nuestros países atraviesan en el momento actual.

Lo nuevo, el carácter intelectualmente provocativo que tienen las opiniones del analista norteamericano, es que establecen una relación estrecha entre la encrucijada económico-social y las instituciones políticas.

De ahí que se dé con insoportable frecuencia el tipo de análisis, pretendidamente de izquierda, que pretende separar, en compartimentos absolutamente estancos, lo que ocurre en la economía y la sociedad (más enriquecimientos, más pobreza) y el desarrollo imperturbable de las instituciones de la democracia representativa.

A la crisis de la democracia, el pensamiento reaccionario de Dornbusch le pronostica una vuelta al período de dictaduras militares.

Como provocación intelectual tiene cierto sentido.

El desarrollo del proyecto neoliberal siempre ha ido mejor con los regímenes autoritarios. Así fue en 1974, con la recién instalada dictadura cívico militar uruguaya y la aplicación de los primeros planes inspirados en la ideología neoliberal impulsados por Alejandro Végh Villegas en 1974.

La eventual apelación a los militares, obviamente, no la inventó Dornbusch, ni mucho menos.

Antes que cualquier opinión en ese sentido se hiciera conocer públicamente, alguna prensa argentina denunciaba actitudes de la Marina y el Ejército de ese país que apuntaban a ocupar un lugar en la represión de la protesta social. Es una lógica profunda del sistema que ha funcionado con absoluta permanencia a lo largo de un largo siglo de vida independiente en las repúblicas latinoamericanas.

La secuencia: gobierno popular (digamos Lula), saboteo y crisis económica, desabastecimiento y caos social, desorden generalizado, anhelo de mano firme y golpe militar «contra el caos provocado por la izquierda» aparece, una vez más, como una alternativa posible. Lamentable, dolorosa pero posible.

El asunto cae, debería caer, como un análisis equivalente a una brasa ardiendo en las fuerzas progresistas uruguayas.

Dicho de otra manera: los ataques, las amenazas, saboteos y condicionamientos que se ejercen sobre el futuro de Argentina y sobre el posible triunfo electoral de Luiz Inácio Lula Da Silva ¿no estarán anticipando las pistas de lo que serían ciertas actitudes de los centros de poder ante la victoria electoral de un candidato progresista en las elecciones presidenciales de Uruguay?

Ante eso, razonablemente, podemos no tener todas las respuestas.

Lo que sí no parece razonable es que no se estén examinando todas la preguntas. *

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