Las turbulencias que se están viviendo en el mercado de cambios muestran, palmariamente, la Ãndole misma de entidades financieras a las cuales solamente les interesa el lucro inmediato, sin medir que con su metodologÃa egoÃsta están determinando males que, quizás, no puedan ser restañados por mucho tiempo. ¿Ese es un negocio lÃcito que se debe permitir?
Luego de la liberación del mercado de cambios, el dÃa 20 de junio, terminando abruptamente con el modelo de “estabilidad” o “ancla” cambiaria establecido en el gobierno del presidente Luis A. Lacalle, el paÃs se enfrentó alarmado a un nuevo despertar de la especulación más descarnada. ¿Por qué pese a ello –se preguntarán los lectores– la divisa norteamericana no tuvo un salto gigantesco? La respuesta es simple: el Banco Central diariamente sacaba del mercado todos los pesos que los bancos recibÃan por su operativa, pagando intereses por las operaciones “call” de hasta el 150 por ciento.
Era un “gran negocio” para las entidades financieras que sin hacer absolutamente nada de su función especÃfica (prestar dinero para hacer funcionar la economÃa), lograban flujos de dinero gigantescos aunque ello determinara, por la razón del artillero, que el crédito se hiciera totalmente inaccesible para toda la actividad económica. Un funcionamiento perverso, el que se mantuvo ante los ojos mismos de la autoridad monetaria.
La desmesura era de tal nivel que el Banco Central, en una acción “sorprendente” dados sus antecedentes, resolvió el pasado martes reducir la tasa de referencia, indicador sobre el que se suman los intereses del “call”, en un 50%. Dicha tasa de referencia bajó del 50 al 25%. De inmediato ello se sintió en el mercado cambiario, en donde el dólar saltó el miércoles a $ 21.90, un 7,5 % más que el cierre del dÃa anterior.
Ayer la presión alcista llevó el dólar a $32, en un sube y baja que terminó al fin de la tarde con la divisa a algo más de $26. ¿Por qué este proceso especulativo feroz y desestabilizante? Obviamente las razones llevan nuevamente al mismo lugar, el Banco Central, que parece no haber previsto que si se reducÃa la tasa de referencia, las entidades financieras utilizarÃan sus activos en pesos para comprar dólares.
Por supuesto que existen varios mecanismos para evitar estos procesos especulativos malsanos que nos empobrecen a todos. Uno de ellos es utilizar el sistema de encaje, que puede ser aplicado por resolución de la autoridad monetaria, para evitar que aumente el número de pesos en circulación. Pero esto no se hizo. ¿Fue un error o una medida deliberada para acentuar la devaluación?
Desde el punto de vista estrictamente económico, debemos concluir que estas turbulencias no favorecen a nadie en la economÃa real, además de aumentar la desconfianza de la gente en el futuro del paÃs. En definitiva, los únicos que no dejan de ganar son los bancos que mantienen su retorno de otra manera. Antes fagocitaban al Estado (a todos los uruguayos) con los brutales intereses del “call”, y ahora lo hacen con el resto de la economÃa que pese al retroceso del peso seguirá manteniendo bajos niveles de competitividad, especialmente porque la caÃda de la demanda está deteriorando aun más a las empresas que han visto destruida parte de su actividad, la vinculada a la comercialización interna. Una pata fundamental que es la que ha sostenido –pese a todo– la cada dÃa más maltrecha actividad económica.
Mientras escribimos estas lÃneas en la Cámara de Senadores se está interpelando al ministro de EconomÃa Alberto Bensión, ejecutor de esta polÃtica económica antinacional y que de seguir adelante terminará convirtiendo al paÃs en un páramo infecundo.
Por supuesto no podemos saber cuál será su resultado, pero obviamente de fracasar, se habrá perdido una buena oportunidad para terminar con una etapa nefasta y, de alguna manera, comenzar a analizar entre todos qué camino nuevo emprender para salir de este atolladero dramático. *
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