El inefable
Después de recorrer el Departamento de Canelones respaldando la reelección del señor Hackenbruch, alertando a los canarios de la conjura del EP-FA de transformarlo en una sucursal de Montevideo, nuestro ex presidente recaló por la ciudad de Maldonado, para hacer lo propio con su amigo, el señor Benito Stern.
En esta oportunidad advirtió que «un gobierno frentista sería un retroceso para el departamento», dado que si ello ocurriera Maldonado se aislaría del exterior y del país.
Descubrió el doctor Sanguinetti que en Maldonado se empiezan a notar diferencias sociales importantes. «No podemos tener un Maldonado de guetos donde por un lado están los ricos, del otro lado están los pobres y del otro lado están los marginados». Alertó que si eso continúa, se levantarán alambradas, los pobres querrán cruzarlas y los ricos se irán.
Este panorama desolador, de los miserables asustando a los satisfechos, que, al parecer únicamente se da en el Departamento de Maldonado y del que su gobierno recientemente finiquitado no tiene nada que ver, solamente se puede superar con la vuelta de su amigo y correligionario Benito Stern que «ya fue intendente y fue un gran intendente. Ya fue ministro y demostró que puede ser ministro de todo el país».
Hasta aquí lo que justifica el título de estas reflexiones, porque nunca me ha gustado denostar a nadie. Pero lo de nuestro ex ya pasa de castaño oscuro.
1) ¿Pretende el doctor Sanguinetti que la miseria –que también ha llegado a Maldonado de la mano de la improvisación total en materia de turismo– no tiene nada que ver con quienes han gobernado y cogobernado el Uruguay?
2) ¿No le cabe ninguna responsabilidad en el fracaso total del turismo, al ciudadano que durante cinco años ocupó la titularidad del ministerio del ramo?
3) ¿Hubo alguna previsión durante todo 1999 para disminuir, atemperar, corregir, la amenaza de la devaluación brasileña que se dio en enero de ese año?
4) ¿Se puede considerar un buen intendente al ciudadano que enterró un montón de dinero en Pan de Azúcar para construir un polígono industrial que nunca funcionó?
5) ¿Se puede considerar un buen intendente al que dilapidó millones en la construcción de un mercado agrícola en la carretera que une Maldonado con San Carlos y que hoy es un depósito de maquinarias y chatarra?
Desde la escuela nos han enseñado que la imagen de los hombres públicos, conocidos en la actividad que sea, hace mucho a la consideración y respeto de la gente hacia esa actividad. Los gobernantes gozan de un beneficio más en la consideración popular; se les tolera mentir o esconder la verdad en algunas circunstancias amparados en la razón de Estado. Pero siempre es bueno que en sus definiciones y aseveraciones muestren un conocimiento de los asuntos que tratan y un respeto hacia los ciudadanos a quienes se dirigen.
Esto es lo que no ha hecho el doctor Sanguinetti. Sus afirmaciones tajantes referidas a que él es el único que tiene toda la razón, el que reparte bienes y virtudes alertando sobre la posible aparición de demonios, están –a mi juicio– demodés.
¿Se da cuenta usted, que se manda estos disparates cuando todavía hay ecos de sus manifestaciones tarzanescas de no haber perdido nunca una huelga, y, sobre todo, cuando están frescas en nuestros oídos sus rubicundas afirmaciones referidas a que en Uruguay no había nacido ningún niño desaparecido?
A poco que leamos la prensa internacional, donde estuvimos en las primeras planas como consecuencia de la aparición de la nieta del poeta Gelman, veremos que de todos los uruguayos, el único que ha quedado como palo de gallinero fue nuestro ex presidente. A mí eso no me alegra. Por el contrario, siento vergüenza ajena. Pero él no ayuda nada ¿eh.
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