Auge de la política recesiva

Finalizado el modelo de atraso (ancla) cambiario, deliberadamente puesto en marcha por el gobierno de Julio María Sanguinetti y sostenido, incluso, luego de la devaluación brasileña, ahora el país está a merced de una política que debe recurrir al permanente «aplastamiento» del ingreso como mecanismo para que el dólar no se escape a niveles siderales.

No cabe duda que la modificación de la política cambiaria se entronca, como un elemento más, a los mecanismos recesivos puestos en marcha por el gobierno de Jorge Batlle y que se reiteran en la Rendición de Cuentas, la que se encuentra en manos del Parlamento, que achicará nuevamente la capacidad de compra del Estado en alrededor de 35 por ciento, cifra que expresada en dinero dejará de circular en nuestra economía, reiterando los efectos anteriores: menos recaudación, mayor déficit fiscal y mayor pobreza. Claro, el mecanismo reiterado por el gobierno, el del empobrecimiento general, sirve sólo en un corto plazo. La Tesorería no debe desembolsar la misma cantidad de dinero ni para gastos corrientes ni para inversiones, lo que determina en ese período una mayor cantidad de divisas para asegurar el pago de la deuda contraída por el Estado con los organismos internacionales de crédito ya que, gracias a esa misma política, Uruguay ha dejado de ser atractivo para el capital privado, remarcando la tendencia que ya se lo ubicaba entre los países con la menor inversión privada del continente.

Ahora la Rendición de Cuentas, al igual que los reiterados ajustes realizados por el gobierno, imponiendo leoninos IRP a los asalariados, está concebida desde el primero al último artículo, como otro elemento altamente recesivo, sin aportar ninguna medida encaminada a reactivar a la economía que sigue cayendo, sin que se advierta ninguna acción del gobierno para poner en marcha un mecanismo que impulse las exportaciones y mejore la capacidad de compra del mercado interno.

Es más que simbólico el discurso del ministro Alberto Bensión en el almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing, donde a pocas horas de la desaparición de la política de ancla cambiaria, anunció que los exportadores dejarían de recibir reintegros por sus actividades. Grave en lo atinente a la concepción de país que tiene el ministro, pero además demostrativo de que se busca, como explícito y principal objetivo, impedir que el Uruguay crezca. Pero, además, es la expresión de una visión liquidacionista, destinada a acercar al país a la quiebra. Para Bensión existe un solo modelo llamado «neoliberal», portador de injusticias y que tiene sólo un consentido: el capital financiero, el sector más inhumano y terrorista del gran capital.

Por supuesto que el ministro sabe que es un modelo agotado, que no puede dar soluciones a un país como Uruguay, porque además no se las ha dado a ningún otro país. La aplicación de todos y cada uno de los detalles del modelo –el ejemplo de Argentina es aleccionante– sólo termina en un cataclismo económico, con la violenta caída en la pobreza de sectores cada vez mayores de la población, el quebrantamiento del sistema financiero y el despojo de los depósitos de ahorristas e inversores.

Hace pocas horas, un comentarista en el noticiero de CNN, profesor de la Universidad de California, afirmaba que la sustitución de monopolios estatales por privados ya no tiene vigencia en el mundo porque ha demostrado ser un sistema totalmente ineficiente.

Sin embargo el gobierno uruguayo, al igual que lo realizado en los sucesivos mandatos por Carlos Menem, no tiene pruritos éticos: pretende enajenar todo lo vendible, tratando de aplicar una «reforma» tal como se entendía en la década del ’70, privatizando a mansalva.

Si no ha hecho más, es por la oposición de la gente que, de una manera u otra, es decisiva para torcer el brazo a la derecha liquidacionista que sigue enquistada en el gobierno. *

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