¡No sean burros!

LEOPOLDO AMONDARAIN

 

Nací y moriré blanco y nacionalista. Fiel a esos principios y además por sanidad mental, hace años que no compro el diario El País. Para ser concretos, desde que fueron pachequistas en contra de Wilson. Claro, nunca falta un amigo humorista, de esos que se divierten con Buscaglia, que para darle «filo» al vasco me traen algún ejemplar de «esos» de antología. Lo peor, es que aunque me doy cuenta, igual «engrano» y me «caliento». A la «caverna» calepina (existió la colorada que era El Día) le entró un repentino sarampión de animosidad visceral hacia el senador Larrañaga. Sin querer por cierto ser testaferro del gaucho de la Heroica (es obvio que no lo necesita) esta buena gente no se da cuenta en su troglodismo fanático derechista del daño injustificado que le hace al Partido Nacional. La colectividad, por culpa de algún dirigente «encumbrado» y en buena medida con la correlativa ayuda de ese rotativo, se fue radicalizando en la línea más conservadora y reaccionaria que pedir se pudo. Como corolario de lo cual fue perdiendo la izquierda nacionalista que siempre tuvo. Ejemplos desde la época de Herrera; Fernández Crespo, Erro, Cusano, Haedo, Penco, Bonavita, Quijano, etc. Izquierda que cultivó y prolijeó Wilson y en buena medida el Movimiento de Rocha. Alrededor de 300.000 votos, que al quedarse sin espacios se «volaron» al Frente. Baste leer al «Pepe» Mujica en tesis y principios de viejas y nostálgicas datas del mejor herrerismo ideológico, para darse cuenta.

Los blancos «ulcerosos» de leer a El País y ver al Honorable en sus entrañables amoríos calepinos con el batllismo colorado, se fueron a retozar en las tiendas del Pepe. No es necesario hacer un curso de psicología política en La Sorbona para concluir en esa verdad. No obstante, quedamos grupos en el Partido Blanco, que hacemos «fuerza» para agrandar ese espacio de zurda nacionalista que es vital para la futura existencia de la colectividad. Perogrullo, que también fue un buen caudillo, se percató de lo mismo. Larrañaga, y acá comienza mi simpatía hacia esa corriente, se da cuenta que al partido no se le puede «tercerizar». Los blancos que hicieron la patria no pueden quedar en el triste papel de «fiel» de balanza entre colectividades mayores. Oribe no creó un partido para oficiar de ámbito arbitral de futuras mayorías contrarias. Lo creó para defender principios nacionales de fundamentación patriótica enfrentando a corrientes entreguistas pro imperiales, coloradas, que para sustentar el poder regalaban hasta las soberanías patrias. La aspiración natural es ser nosotros la mayoría y no andar de calepinos para que Batlle y Bensión puedan gobernar haciendo sus ajustes y devaluaciones hambreadoras ordenadas por el FMI imperial. Se dice que por votar la interpelación a Bensión nos acercaríamos al Frente, pero por no votarla y mantener al banquero ministro de Hacienda no los horroriza que nos mimeticemos con los «salvajes» colorados que han decretado el hambre presente y futura de la patria con el ajustazo y consecuencias. El gaucho de la Heroica interpretó aquella vieja tradición histórica de nuestros mayores y ensilló el tordillo a guerra en la cuchilla. En el acierto o en el error es el único que defiende en el Partido Blanco al obrero, al peón, al productor rural, al industrial y al comerciante medio y chico, o sea al pobrerío. No se «enganchó» y espero que no lo haga, con el «galerudo» banquero que se fagocita los tres mil millones de dólares gringos del FMI, cuyos intereses a pagar por el pueblo empobrecido no se han publicitado por razones obvias «estratégicas», y mantiene las banderas por las cuales seguimos siendo blancos. Hace unos días respondimos a un doctor de esa redacción que se permitía la osadía dado que ni siquiera es blanco, de «despedir» a Larrañaga de la colectividad. Poco antes había sido amenazado insólitamente con ser sancionado con la expulsión partidaria por miembros del Honorable, que obedecen a Batlle, por no votar el ajustazo. Publicitado con fruición por ese rotativo.

Y ahora, en la sección de El Duende de ese progresista periódico, su cronista, apodado «el Pingo» (desconozco «si alguna vez fue relojeau pa’ El Nacional» al decir del Mago, el gaucho Larrañaga obvio que lo es…) aunque admite que Alianza Nacional se sigue agrandando, sostiene que el senador está contra los intereses del pueblo por no identificarse con Bensión y sus medidas. Tesis todas de ese diario de «avanzada» y de «sugerencias» que deben de provenir de sumos pontífices del Honorable. Si el partido no recupera esa ala de izquierda nacionalista es impensable ganar elecciones. Por otra parte, el bombardear Alianza Nacional, radicaliza las tendencias naturales que existen. Todos los partidos tienen sus alas conservadoras y progresistas. Lo propuesto y expuesto por Alianza Nacional lo ubica en un progresismo independiente del Partido Colorado y corriendo como corresponde por andariveles propios nacionalistas. Es el único sector que puede rescatar el wilsonismo disperso. El doctor Lacalle y el diario El País, que siempre fueron enemigos internos de Wilson, no pueden convencer a ninguno que conozca un mínimo de esa historia reciente sin perjuicio de las naturales diferencias ideológicas que tenían y siguen teniendo con «Nuestro compromiso con usted». No veo por cierto, ni a ese rotativo ni al «Cuqui» de acuerdo con una reforma agraria, ni con la nacionalización de la banca o el comercio exterior como lo prometía y lo plasmó por escrito Wilson. Larrañaga en cambio, puede hacerlo. Porque lo mamó en su origen, y porque de alguna manera, actualizando las épocas y circunstancias lo sigue sosteniendo. Si el Partido no entra por esa variante, que reivindique viejas banderas nacionalistas heredadas desde los albores del oribismo y de caudillos que sintieron la patria como Saravia, quedando anquilosados en bufetes doctorales y periodísticos enmarcados en butacones, doseles, alfombras persas con aristocráticas fragancias a Paco Rabanne o Paloma Picasso, de espaldas al pueblo que «anda y arde en la calle» que defiende Alianza Nacional, podremos subsistir una o dos elecciones, no más, como terceristas. No cabe dudas, que el «Pepe» va a seguir «engordando». Lo del título. *

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