Mi adhesión al Nuevo Espacio
JOSE LUIS GUNTIN
Hace cuatro años, en febrero de 1998, cuando dejé la dirección de Canal 5 pensé que no me iba a dedicar más a la actividad política. Cargaba un pesado fardo de dificultades, frustraciones y decepciones que se habían ido amontonando en aquellos tres años al frente del canal estatal. Fueron momentos difíciles para mí en lo personal; la política me había dejado un gusto amargo y una cadena de problemas concretos. ¡Qué lejos estaban aquellos años gloriosos que desde Opinar empujábamos a la dictadura para que se fuera! Cómo se extraña la ausencia en el escenario político de una figura como la del doctor Tarigo.
En quince años las cosas cambiaron tanto. Muchas ilusiones que tuvimos quedaron pisoteadas en el camino por la triste realidad. Y no sólo los anhelos quedaron olvidados, también una cantidad de compañeros de aquellos años que prometían ser el futuro del Partido Colorado. Cuántas veces en estos cuatro años me he preguntado: dónde están Ope Pasquet, Manolo Flores Silva, Miguel Manzi, Alejandro Bluth, aquellas promesas de un futuro renovado de un partido político que mucho necesitaba de la renovación. Los últimos gobiernos colorados han prescindido de estas personas y de muchos otros destacados compañeros para integrar sus cuadros principales y entre ellos me incluyo. Siento que en mi partido, el Partido Colorado, se me han cerrado todas las puertas para encauzar mi reingreso a la actividad política; por lo menos, en el estado actual de fuerzas políticas predominantes.
Esta situación produjo en mi interior una puja de fuerzas en sentido contrario: una que llevaba al alejamiento de la actividad política y otra, diaria y persistente, que hacía fuerza para retornar a esas lides. Siempre pesó mucho el hecho de haberme acercado precozmente, a los catorce años, a la militancia política. Uno lo lleva en la sangre, no hay caso, y aunque se sienta retirado de la política, cuando lee un diario, mira un informativo en la televisión o cuando camina por la realidad, no puede hacerlo como un espectador pasivo, sino que aunque no quiera se involucra. Piensa qué se debería hacer para mejorar la realidad. Es una especie de vocación intrínseca hacia lo público que no se pierde aun cuando uno se crea retirado de la política.
Sé muy bien la gravedad del momento por el que pasa nuestro país. Son tiempos difíciles los actuales y serán tiempos más difíciles los que nos esperan; de eso no hay duda. Pero ello no puede llevarnos al abatimiento o a tirar la toalla; a resignarnos a la desgracia inevitable. El futuro, aun con todas las dificultades presentes, sigue estando en nuestras manos. En lo que nosotros hagamos o no hagamos.
La clase política pasa por su peor momento de popularidad, aunque no a los extremos argentinos. Ello hace que la actividad política últimamente se vea bastante desprestigiada. Pero el desprestigio no debe caer en la actividad en sí sino en sus actores, aquellos jerarcas que con sus actos lo ameritan. Los malos políticos no hacen mala a la política; por el contrario hacen más urgente e imprescindible la renovación de sus cuadros.
Este tipo de consideraciones han incidido para decidir mi retorno a la actividad política. Lo hago con absoluta conciencia de lo delicado de la situación nacional; pero lo hago con mis ilusiones renovadas. Creo que se puede hacer política con propósitos superiores y cumplir una función importante para la sociedad.
Me hubiera gustado retornar a la actividad política dentro de mi Partido Colorado, en el que nací y al que tantos años y esfuerzos dediqué. Las circunstancias actuales me lo impiden. Allí los aires no son de renovación sino de eternización de las mismas fuerzas y figuras; y no podría encontrar mi lugar.
He decidido adherirme al Nuevo Espacio, partido liderado por el senador Rafael Michelini; y aunque no haya sido una decisión intempestiva, lo pensé y lo repensé en largas noches de cavilaciones, debo reconocer que existió un impulso de carácter ético que me ha llevado hacia allí. Siento que el Nuevo Espacio es la colectividad política donde se conserva el más alto grado de pureza en los móviles de la actividad política; y esa cristalinidad en los procedimientos era mi necesidad mayor para retornar a la actividad política.
Siempre he sentido un gran respeto por Rafael Michelini. Me parece una persona constitutivamente honesta, cuya nobleza en las ideas y en los procedimientos emana de su mirada clara. No lo animan pasiones bajas ni ambiciones desmedidas por conseguir cargos y prebendas. Y esto me gusta mucho. Aquí puede estar el germen de una nueva forma de hacer política (de la que nunca debíamos habernos apartado) y que puede revertir la mala imagen actual de la política y los políticos.
Siento que son muchas las cosas que puedo aportar al Nuevo Espacio y estoy deseoso de hacerlo. Se trata de un partido joven que mucho camino tiene por delante. Creo que está llamado a realizar grandes contribuciones. El Nuevo Espacio tiene que ser el gestor de una alianza política que constituya una «nueva mayoría» que convoque a más de la mitad de los uruguayos a apoyarla en las urnas y que de allí salga un gobierno que sepa traducir este nuevo impulso en acciones concretas que nos vayan sacando de este pantano de pobreza y desesperanza.
No podemos dejar que muera la esperanza. La crisis nos ha golpeado tan duro que mina nuestro ánimo, nos hace bajar los brazos y ver negro el futuro. Ninguna luz resplandece al final del túnel; nada podemos hacer. Pero esto no es cierto. El futuro nunca es irremediablemente malo. No podemos estar condenados al fracaso. Siempre es posible hacer algo, producir un cambio que altere la realidad.
Esa posibilidad, ese cambio, esa luz que nos ilumine al final del túnel es lo que voy a buscar en el Nuevo Espacio. Junto a mis nuevos compañeros. Con muchas ilusiones.
Los mantendré informados. *
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