Lejos y afuera de la macroeconomía
CARLOS BOUZAS
Hemos llevado diez días de locos, diría mi tía Amalia. A ella siempre le gustó que la vida fuese placentera, sin sobresaltos, de manera tal que cada uno pudiese prestar atención a sus asuntos, y resolverlos sin influencias externas. Para ella, sus asuntos fueron el cuidado de su madre primero y conocer la evolución de los múltiples sobrinos que le dieron sus numerosos hermanos.
Pero fíjese si no. El riesgo país que está por las nubes; la eliminación de la banda de flotación; el peligro de default; la intervención del Banco de Montevideo, junto con la reintervención de La Caja Obrera, ambos de propiedad de una familia reincidente en el asunto de hacer temblar al sistema financiero; el blindaje, que luego de hacer más regates que un buen número diez, parece que llegó finalmente; que si ya no se puede creer más en el Ministro, si debemos dejarlo que él mismo llegue a la conclusión de que debe irse, o apoyarlo aunque tomó una medida acertada en un momento equivocado. Eso, agregado al sosegate de revés que nos dieron con la nueva tanda impositiva.
¿Verdad que agobia?
Pero, mientras todos se apuntan a opinar sobre esos problemas macroeconómicos, el gobierno le dice a usted que no habrá ningún tipo de paliativo si está endeudado en moneda extranjera y que el mercado hará que los precios de la canasta familiar no se disparen.
Comencemos por lo último. Muchos listillos se apresuraron a remarcar con incrementos que oscilan desde un cinco a un treinta por ciento. Bastante gente ha protestado. El Ministro ha contestado que «el gobierno está facultado a fijar precios por vía administrativa, si fuera el caso (…) Si tengo necesidad de hacerlo voy a hacerlo» Más aún, amenazó con que «los decretos de defensa de la producción nacional recientemente emitidos(…) pueden dejar de aplicarse en caso de que comprobemos subas injustificadas de precios.» Sin embargo, los precios continúan remarcándose, y, que yo sepa, hasta ahora no se ha hecho nada.
En lo que refiere a las cuotas de las deudas en dólares, no comparto con el ministro que hayan sido producto de acuerdos pactados libremente. No hay igualdad entre la financiera, el banco y hasta el propio Banco Hipotecario, con el ciudadano de a pie que clama por una vivienda, un auto, una plancha o un televisor (que se los meten por los ojos permanentemente). Siempre ocurre que el ciudadano termina aceptando las condiciones de financiación que incluyen intereses de usura y deuda nominada en moneda extranjera.
En este caso, a la desgracia se suma una más. Y es la circunstancia de que los cambios también están haciendo su agosto por la vía de ofrecer dólares a un precio que está alrededor de dos pesos con cincuenta por encima del precio en que se pactan las operaciones entre bancos. Yo me permito sugerir al señor ministro una solución paliativa muy sencilla: Las cuotas en dólares se podrán cancelar con el equivalente en moneda nacional tomando el tipo de cambio de cierre entre Bancos de la víspera, que diariamente da a conocer el Banco Central. Por esa simple vía, una cuota de cien dólares saldrá doscientos cincuenta pesos más barato y no se perjudica a nadie, porque el que cobra goza del beneficio de comprar al tipo de cambio interbancario, en lugar del de pizarra.
Y además, ya es hora de hablar de ajuste salarial, dado que las premisas que dieron lugar a los salarios actuales, han caído demolidas.
De eso espero hablarle la semana que viene. *
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