Stiglitz: sin miedo a pensar
«Los errores del FMI son tendenciosos. El FMI sistemáticamente se preocupa más por la inflación que por el desempleo porque su lógica va en esa dirección.(…) El Fondo se inclina demasiado hacia la contracción y esto provoca caída de la economía, pérdida de empleos, deterioro o interrupción de la educación y un incremento peligroso de la desnutrición.» J. Stiglitz, para Clarín de Buenos Aires.
Los estremecimientos que sacuden al mundo financiero globalizado y los crueles coletazos que golpean a los países más débiles han provocado la irrupción de algunas opiniones contestarias en el corazón mismo del sistema capitalista.
Es el caso, aunque no el único, de Joseph Stiglitz, economista norteamericano galardonado con el Premio Nobel de Economía en el año 2001, ex asesor de William Clinton y ex vicepresidente del Banco Mundial.
Desde su atalaya privilegiado, Stiglitz se ha dedicado en los últimos años a difundir sus ideas sobre las causas de las crisis que sacuden a los países de economías más débiles y de insinuar algunos criterios para enfrentarlas.
El economista no defiende un pensamiento socialista ni nada que se le asemeje. Más bien es un defensor, inteligente y sensible, de los postulados del capitalismo clásico. Defiende la importancia del mercado como regulador de flojos económicos. A la vez, la situación actual por la que atraviesan varios países cuyas economías han estado reguladas de acuerdo a las indicaciones del Fondo Monetario lo han llevado a desarrollar un pensamiento crítico hacia ese organismo y a la elaboración una serie propuestas innovadoras.
El de Stiglitz es un pensamiento sensato, preocupado por el vertiginoso desarrolla de la injusticia y que a la vez se propone romper cualquier rutina o pereza intelectual para abordar las cuestiones del desarrollo.
En su edición del domingo, Clarín de Buenos Aires publica un extenso reportaje donde el Premio Nobel realiza una serie de consideraciones sobre la situación actual y más específicamente sobre la Argentina. Cree que la mayor parte de los recursos que aporte el FMI a ese país va a ir a para al propio FMI, al BID o al Banco Mundial. No ayudará a la Argentina en absoluto. Porque el dinero externo oficial no es el que va a ayudar a las empresas para empezar a producir más. Y eso es lo que hace falta (a la Argentina) ahora: los sectores productivos tienen que poder producir bienes y exportarlos.
La cuestión, agrega el economista, no es solamente tener el dinero sino ponerlo en el lugar indicado. El dinero tiene que ir a las empresas para financiar su producción. El dinero del FMI no va a las empresas.
Analizando la situación brasileña, Stiglitz advierte acerca de otros aspectos de las crisis que sacuden a los países de América Latina: la inestabilidad que generan los flujos de dinero a corto plazo.
Preguntado acerca de si cree que los Estados Unidos se proponen desestabilizar al Mercosur para imponer el Ãrea de Libre Comercio de las Américas, el Premio Nobel respondió irónicamente que no creía que los funcionarios norteamericanos entiendan suficientemente bien lo que pasa como para que se les ocurra una idea inteligente de ese tipo. Reconoce que en los EEUU hay una preocupación por el liderazgo de Brasil en el Mercosur y por la competencia de ese bloque con el ALCA.
Otra observación interesante apunta al FMI en tanto asesor económico. Stiglitz cree que en tanto asesor el FMI debería plantear cuáles son las alternativas, cuáles son los impactos en diferentes grupos, cuáles son los riesgos y las incertidumbres y dejar que el país tome las decisiones. Al contrario de eso, el FMI pretender dictar una política particular, pretende que haya una sola una política, pretende estar más seguro sobre los efectos de esa política de lo que en realidad está. Esa es una función inapropiada para un asesor.
Las opiniones de Stiglitz son un verdadero desafío a las tendencias predominantes en el pensamiento económico latinoamericano. Examinar las con atención, de acuerdo a las realidades de cada país de la región es un ejercicio imprescindible. *
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