El gobierno debería dar gracias a Dios
JORGE RODRIGUEZ MELENDEZ – Dirigente del PDC/ AP 738
Todas las mañanas el Presidente de la República y los miembros de los Partido Colorado y Nacional, integrantes de la coalición de gobierno, deberían al iniciar el día dar gracias a Dios por la existencia en Uruguay del Encuentro Progresista-Frente Amplio, de la Concertación para el Crecimiento y del PIT-CNT.
El presidente Batlle tiene razón: el Uruguay es distinto a la Argentina. La gran diferencia es que los argentinos no tienen esperanza, no tienen ningún partido político con posibilidades de triunfar que les ofrezca alguna alternativa: ya probaron con justicialistas, radicales y radicales aliados al Frepaso. Todos fracasaron. Los gremios de trabajadores están profundamente divididos, tienen varias centrales, y además, en su mayoría, arrastran un gran desprestigio. En definitiva, no generan verdadera esperanza. Las gremiales empresariales no logran superar sus intereses corporativos y no tienen una propuesta que genere una esperanza nacional. Por todo esto es que a fines del año pasado los argentinos salieron a la calle sin dirección, sin estrategia y sin proyecto alguno, por eso asaltaron los supermercados, por eso se concentraron en Plaza de Mayo hasta derribar al Presidente de la República. Es que no tenían esperanza en nada.
El Uruguay de la crisis profunda, del desempleo duro de más del 15%, del desempleo informal de más del 40%, de la devaluación con miles y miles de compatriotas endeudados en dólares, el de la pobreza creciente, el que tiene cerca del 50% de sus niños viviendo en hogares bajo el nivel de la pobreza, el que ve cómo se multiplican sus cantegriles y asentamientos, el que aumenta constantemente sus impuestos y sus tarifas, no revienta, no explota porque todavía tiene esperanza y esa esperanza se llama, en lo político Encuentro Progresista-Frente Amplio y en lo social Concertación para el Crecimiento y PIT-CNT.
El Uruguay es distinto. El Uruguay tiene al EP-FA, que controla el 40% del Parlamento y gobierna la Intendencia de Montevideo, que ha presentado cientos de proyectos de leyes progresistas en ambas cámaras, que lleva 13 años de gobierno ejemplar y de profunda sensibilidad social en la capital del país, que recorre incansablemente para dialogar con la gente todos los rincones de la República, que tiene una buena relación con todo el sector productivo nacional.
Y esa fuerza política es profundamente democrática: canaliza su oposición a través de interpelaciones y citaciones a comisiones a los ministros de gobierno, a través de concentraciones multitudinarias, a través de la comunicación constante con la población para trasmitirles sus ideas y propuestas, etc., etc.
El Uruguay tiene, también a la Concertación para el Crecimiento, nucleamiento de más de treinta entidades empresariales de diversa naturaleza que canaliza la desesperación de quienes invierten en Uruguay y ven que la economía liberal que han impulsado blancos y colorados no sólo no los estimula de manera alguna sino que los entregó a una competencia despiadada y desigual con los productos importados que en su mayoría vienen subsidiados por sus países de origen. La Concertación realiza movilizaciones multitudinarias, hace planteos alternativos al gobierno y busca crear un espacio de diálogo nacional.
El Uruguay tiene, también, al PIT-CNT que canaliza la desesperación de miles y miles de asalariados que ven que peligran sus fuentes de trabajo y que sus históricos derechos sociales ya no los respetan ni sus patrones ni el gobierno. También realiza concentraciones, también hace propuestas, hace uso de su derecho de huelga y también intenta dialogar.
¿Se imaginan al Uruguay sin estos protagonistas? Pobre el país que ya no tenga esperanza. Uruguay todavía la tiene. El fortalecimiento progresivo de la fuerza política EP-FA y de las organizaciones gremiales de masas, tanto empresariales como de trabajadores, es el camino de la oposición uruguaya. No son ni los piquetes ni los escraches el camino a seguir. Que los hagan los argentinos que no tienen alternativa.
No es la caída de la institucionalidad constitucional y democrática, ni tampoco su deterioro, el camino nacional. El objetivo es la transformación social y económica del país y esa se iniciará el 1º de marzo de 2005 cuando el doctor Jorge Batlle le entregue la banda presidencial al doctor Tabaré Vázquez. Así sea. *
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