¿Quién confía en el Cr. Bensión?

JOSE LUIS GUNTIN – Ex director del Sodre

 

La permanencia del contador Alberto Bensión al frente de la cartera de Economía se ha complicado seriamente. Aun cuando el gobierno considere que es el hombre más capacitado para el cargo y sea este el momento más inoportuno para un cambio en la jefatura del equipo económico, los cimientos de su estabilidad se han minado seriamente.

La economía actual cada vez dependen más de los mercados y allí son los inversores los que marcan sus vaivenes simplemente vendiendo y comprando papeles. El ingrediente psicológico se ha convertido en fundamental en la marcha de la economía mundial. El inversor vende el bono emitido por un gobierno cuando no confía en el futuro inmediato de la economía de ese país y compra cuando confía. La confianza se ha tornado en un elemento fundamental; cuando ella desciende, los problemas aparecen ipso facto.

Un ejemplo claro de ello es la vertiginosa huida de depósitos de nuestro sistema bancario, la cual lamentablemente no cesa. Aquí también se trata de una carencia de confianza, quien no confía en quien le guarda la plata, la retira. Los inversores no se guían por profundos estudios técnicos, no tienen tiempo para ello. Sus reacciones tienen que ser rápidas. El rumor importa más que la información oficial y el efecto de imitación tiene un poder brutal; cuando unos y otros venden o retiran, los otros seguramente los acompañarán. La psicología explica mejor una euforia o una corrida que cualquier texto de economía.

Así es el mundo actual, nos guste o no nos guste. Hay que saber más de psicología que de economía y sobre todo hay que inspirar confianza. Aquí está la clave del éxito de una gestión económica. Si las autoridades que dirigen la economía de un país no gozan de la confianza de sus actores, nada podrán hacer. Aunque tomen las mejores decisiones, éstas no darán los resultados esperados por una simple razón: la gente ya no confía en esos jerarcas.

Esto le sucede al contador Bensión en el momento actual. La realidad económica ha sido como una ola que le ha pasado por arriba, superándolo completamente. Sus pronósticos han quedado todos falseados por la realidad y sus compromisos también; forzándolo a incumplirlos. El capital de confianza del que podría gozar, se le ha agotado totalmente.

¿Puede un ministro de Economía en estas condiciones ser quien impulse un proceso de crecimiento económico que nos saque del pantano recesivo en el que caímos hace tres años y medio? Parece imposible.

Las propias reglas de la economía contemporánea dictaminan que es imprescindible un cambio. Un cambio que revive aunque sea un aliento mínimo de esperanza. Esto es como la luz de una vela que se apaga, cuando se extinga vendrá la oscuridad y habremos perdido lo último que se puede perder. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje