Escraches, antiescraches, rechazos y adhesiones
JORGE CROCE
Primero, tratar de saber de qué estamos hablando.
El neologismo «escrache» pareciera provenir de un origen onomatopéyico: (scrach es el ruido que hace una cosa cuando se rompe, principalmente si es de vidrio). En nuestra jerga, el «escrache» es algo como la reprobación colectiva, puesta de manifiesto a través de una reunión de personas, frente al domicilio, afincamiento o sede de alguna persona o institución a la que se reclama, por atribuírsele una conducta reprobable que más allá del daño individual causado, pasa a transformarse en un daño trascendente, visualizado como colectivo, a la sociedad toda.
Surgieron con total claridad para señalizar a aquellos individuos que han incurrido en delitos de lesa humanidad, como graves violadores de elementales derechos humanos.
La situación de enorme gravedad económica, política y social, ha llevado a la extensión de tal medida contra aquellos a quienes se atribuye responsabilidad en medidas (como por ejemplo, votos, decisiones) de las que un conglomerado de gente entiende que han infligido un daño muy importante a los intereses de la comunidad.
Es el caso del «escrache» montado frente al domicilio del diputado Hachenbruch Legnani por actitudes que se entendieron lesivas para los intereses de la población (votación del reciente ajuste fiscal).
Ello motivó, como respuesta o réplica de sus correligionarios, una movilización de «contraescrache», dando lugar a una original confrontación (original porque no se había dado hasta el momento ese tipo de respuesta) que tuvo, al mejor estilo de lo que ocurre con las barras bravas del fútbol, la infaltable y amarilla separación de una valla metálica puesta por la policía, y su presencia separatista en el medio del «borbollón» originado. A estar a la información periodística, la cosa no pasó más que de gritos y susurros, así como algún cántico insultante que se dirigieron ambas partes en pugna. De ello derivaron, según informaciones periodísticas (1), una serie de declaraciones muy jugosas, que es a lo que medularmente queremos referirnos.
Por la parte «demandada» las opiniones, como era de esperar, fueron de condena del «escrache».
– «Apuntan a despertar sentimientos desgraciados como el odio, y a provocar descreimiento» (el «escrachado» Hackembruch Legnani, aunque la respuesta también podría ser aplicable a las consecuencias de su voto).
– «Ese no es el camino a recorrer» (Abdala, quien incluye entre estos actos, a «los caceroleos y los piquetes», cometiendo el exabrupto de incluir también, dentro de esos «terribles actos de violencia», a «una exhortación de la CI a la movilización popular y a la convocatoria anticipada de elecciones nacionales». (sic)
– «El aumento del nivel de intolerancia y patoterismo, termina desvirtuando nuestro concepto la democracia representativa» (diputado Perdomo, PN);
Pero resulta a todas luces más interesante, ver en el muestreo, las opiniones dentro de la izquierda (¿). Así podemos ver
1 – un genérico rechazo a los «escraches» y
2 – acusación de medidas de coacción contra los derechos de los legisladores:
– «total rechazo al escrache» (Mahía, AU), condenándolo, en el caso de HL, y además, por una coacción que ataca «el derecho de votar lo que a él le parezca» (?)
Otras actitudes de compañeros del FA nos dejan mayores incertidumbres aun que ésta, por lo menos, clara opinión del compañero Mahía.
En el caso de los compañeros que se retiraron de sala, Agazzi, Bonomi, Domínguez, Topolanski (MPP) y Sendic (26M), las declaraciones de Bonomi aclaran los motivos de sus retiros:
– «No compartimos el criterio de los escraches», y luego aclara, por si las moscas: «Si bien no comparto en nada el contenido del ajuste fiscal, no se debe hacer un escrache por eso, porque no se debe coartar la libertad de expresión de los diputados».
Luego, como broche de oro, llega el verdadero motivo del retiro de sala.
«Eran las ocho de la noche y nos fuimos… Había paro de ómnibus y nosotros nos manejamos en ómnibus, no en auto».
Sumándose la opinión del compañero Raúl Sendic (h) en el sentido de que «nunca participé en un escrache y aunque no los comparto, los respeto», pero que «no le corresponde al parlamento, juzgarlos».
Y, para completar la muestra, se agrega la opinión del compañero Gallo (AU) (3) que nos dice, respondiendo a la pregunta de si alguna vez fue a cacerolear:
«No, rechazamos eso. Esa decisión, que tomó un grupo anónimo, no es la más adecuada, sobre todo cuando se planteaba un escrache a un diputado que votó en forma democrática, en la Cámara de Diputados, un proyecto de ley. Nosotros también rechazamos el escrache porque es de ida y vuelta, porque nuestro voto puede ser rechazado por un sector de la población y no queremos que nos pase lo mismo…»
La cosa está más clara.
Los adlátares del gobierno condenan los «escraches», les atribuyen generación de odios, y de descreimiento del sistema democrático, los asimilan a otras medidas como caceroleos y piquetes, tan condenable como… la incitación a la movilización popular. Pero algunos de nuestros compañeros de ruta de la izquierda no le van en zaga cuando entienden que el «escrache» es condenable porque atenta contra la libre expresión del legislador, pero se quedan sin decir una sola palabra sobre el derecho de manifestación de un pueblo condenado a la miseria por la violencia de decisiones de sus representantes.
Además de un error de visualización, dado que el «escrache» efectuado fue «pos» a la expresión de voluntad del legislador y como consecuencia de ella, y no «ante», en cuyo último caso podría entenderse como coacción. Y casi que peor que esta falta de enfoque desde la izquierda (?), es el caso de los compañeros que, para que no se pensara que existía un acto de rechazo a lo que se intentaba votar, cuando se fueron del recinto de votación aclararon que lo hacían… para no perder el ómnibus (situación muy humana pero de pobre explicitación desde el punto de vista político).
Del derecho del pueblo de rebelarse contra los actos de gobierno que le están acarreando, sin solución de continuidad, perjuicios, hambre y miseria y conduciendo a nuestro país al abismo, ni una palabra.
Mal que le pese a Caudio Paolillo (2), es una verdad rebelada y revelada que, tal como nos lo transmite una vez más el compañero Juan Castillo, la potencial violencia de abajo es generada como una condigna e inevitable respuesta, por la continuada y sistemática violencia del modelo neoliberal, que aplica a rajatablas este gobierno insensible y deshumanizado.
Reivindicamos el derecho del pueblo de resistirse a la opresión, al estilo artiguista, de medidas del gobierno que lo conducen a la situación de «atrapado sin salida».
Dentro de ese marco, las movilizaciones, y en particular el escrache, como una válida forma más de ellas, que intente poner freno a las impunidades ejercidas desde los focos de poder.
Y para terminar, una amarga reflexión, a la interna.
Finalizaron las elecciones internas del Frente, con triunfo «por muerte» de agrupaciones que han virado, todas ellas, «al centro» con el único objetivo de captar votos, dejando queridos principios por el camino, y ya se auguran negros nubarrones, con una serie de preconizados cambios que nos muestran, por los frutos, que no han cambiado nada.
O quizás haya habido realmente cambios. Para peor… *
(1) Búsqueda, «Diputados declaró su rechazo a los escraches, 13/6/2002, pág. 3.
(2) Búsqueda, «El fascismo uruguayo», 13/6/20, pág. 11
(3) LA REPUBLICA, 16/6/02 pág. 8 «El FA pasó a ser uno de los partido
s…»)
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