La funcionalidad de Bensión
Si se quisieran revertir las expectativas que siguen actuando negativamente en la economía, es evidente que los uruguayos debemos recibir alguna señal de que las cosas comienzan a hacerse mejor y que la política económica puede tener cambios positivos. De lo contrario, todo será en vano.
Por ello las expresiones del ministro Alberto Bensión, de que no tiene pensado renunciar, se convierten por sí solas en negativas. Es insólito que quienes tienen en sus manos la economía del país no adviertan que la presencia de este funcionario, tan inestable como contradictorio, es uno de los elementos que conspira para que los uruguayos miremos el porvenir con alguna esperanza.
Pero no seamos ingenuos en pensar que esa inestabilidad que Bensión manifiesta, sumada a sus vaivenes contradictorios, le hacen dudar en alguna oportunidad sobre la política que está aplicando como apéndice ejecutivo del FMI en el Uruguay. La inestabilidad que vive la región, obviamente, tiene dos elementos fundamentales que la sustentan. El primero de ellos está vinculado a los planes del capital financiero que pretende extraer de los países de la región todas las riquezas que sean posibles. Ya lo hicieron en la Argentina, país que se debate sin rumbo en una crisis inédita luego de cumplir hasta el detalle las recetas del FMI.
Ahora Uruguay, atrasado en los planes del capital financiero por la oposición del pueblo, a través del actual gobierno, trata de ser llevado a una situación similar. Las grandes multinacionales se quieren tragar las frutillas de la torta, o sea las empresas públicas.
El saqueo está encaminado. Los millones de dólares que vienen del norte tienen como único y determinado objetivo pagar los servicios de una deuda externa que ha crecido en forma sostenida hasta bordear los 15 mil millones. Además habrá dinero para seguir apuntalando a un sistema financiero que trata, a toda costa, de mantener la misma solvencia de hace algunos meses, cuando todavía era funcional a la Argentina, «negocio» que llegó al punto final.
El segundo elemento que tiene incidencia sobre la crisis de la región es la acción del gobierno «aventurero» de George W. Bush, que sigue abriendo frentes en el mundo. El Mercosur, piensan sus ideólogos, es un acuerdo regional que se opone a la libre expansión del capital financiero y, por lo tanto, hay que desestabilizar a los países que intenten caminos democráticos propios. Allí están las acciones para resquebrajar la economía de Brasil y, de alguna manera, también afectar a Chile que muestra un desarrollo capitalista propio.
¿Hay razones también políticas? Por supuesto que las hay. En octubre se realizan las elecciones brasileñas y para la estrechez mental de Bush y su equipo, no es posible el triunfo de un hombre que no comulgue enteramente con la estrategia que impulsa el capital financiero. Chile, quizás una de las experiencias capitalistas más avanzadas del continente, es un país donde los mecanismos democráticos funcionan a la perfección.
¿Y Uruguay? Vivimos en un país en crisis en el que, para que acumule la derecha, debe imperar el caos. Ya el doctor Julio María Sanguinetti ha hecho conocer lo que piensan esos ideólogos que intentan poner trabas a cualquier profundización democrática. Habló de «populismo» y meneó los fantasmas del militarismo golpista, buscando que comience a imperar el terror.
Ese es un camino de confluencia que tratarán de profundizar. Bensión es sólo un peón que trata de demoler con cada una de sus medidas lo que todavía queda de nuestro país. *
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