Errores con mayúscula

A Montevideo, en su zona urbana, no le sobran espacios verdes. La disponibilidad de espacio verde por habitante, si bien es relativamente alta en comparación con otras ciudades, implica un esfuerzo en el sentido de incrementar en la ciudad el área de espacio verde por habitante y no perder un solo metro cuadrado.

Las escuelas primarias son aún escasas en áreas verdes para los ninos; las hectáreas destinadas dentro de la ciudad a terrenos deportivos y de uso público requieren incrementarse, al igual que los parques y jardines.

Debemos desterrar el criterio de que únicamente el espacio construido genera rentas y que el espacio verde y los árboles no son generadores de renta. Cuando la exigencia municipal implica un menor factor de ocupación de suelo en beneficio de espacio libre, lo primero que se pregunta el propietario es quién conservará ese jardín y quién se hará cargo de los gastos. El criterio debe revertirse en el sentido de crear la conciencia de que ese jardín y ese espacio en la ciudad es altamente beneficioso para mejorar la calidad de vida de todos y cada uno de los habitantes. No pensar así es un error con mayúscula y los costos que esto demanda son mínimos en comparación con sus beneficios.

Un alto porcentaje de montevideanos, fundamentalmente en la década del 60, optó por una huida del centro urbano hacia la segunda residencia en las afueras de Montevideo, mayoritariamente en la Costa de Oro y en la medida que carreteras y vehículos mejoraron, aumentó también la distancia en procura de la segunda residencia.

Cada fin de semana miles de automovilistas arriesgan su vida saliendo en caravana los viernes a la tarde y retornando del mismo modo los domingos a la noche, particularmente entre noviembre y marzo.

Las zonas verdes y costeras comenzaron a generar la mística de la casita del balneario. Los especuladores en loteos de tierra, los promotores y agentes inmobiliarios rápidamente descubrieron que el espacio verde y el sol son una fuente de ganancias y entonces comenzaron a servirse del ambiente natural para vender primero las casas de fin de semana y luego viviendas permanentes en esos lugares que la propaganda define como paradisíacos.

Aquella primera distancia óptima del centro, en el entorno de los 25 km, con la oferta de la vivienda permanente, pasa a más de 50 km de la capital y hoy podemos leer los primeros carteles de barrios jardín a casi 100 km del centro de Montevideo. No hay duda que la segunda residencia como búsqueda de espacio verde y soleado, del necesario silencio para escuchar el canto de los pájaros, es un lujo. Por lo tanto, esta conciliación de vivienda permanente en el medio natural intenta democratizar la vivienda en el falso concepto de disponer de una vivienda que resuelva ocio y necesidad. Error con mayúscula que debemos comprender antes de generar un nuevo hacinamiento. Una segunda residencia para el ocio requiere un generoso espacio propio y enjardinado. Si la opción es de una vivienda permanente en similiares condiciones comenzará a cubrirse una parte muy significativa del territorio, que con toda seguridad debería tener otros roles y para contemplar la huida de la ciudad no habrá otra solución que racionar el espacio a cubrir por esas viviendas con verde y sol. Esto no logrará otra cosa que generar una baja tasa de habitantes por hectárea, con todos los costos y problemas que esto tiene como consecuencia.

El espacio verde pasó a ser el cebo publicitario de los promotores inmobiliarios al proponer un nuevo tipo de residencia colectiva, el club house o barrio jardín, la más horizontal de las residencias colectivas con destino a ser la vivienda principal, y se trata de convencer a los promitentes compradores de que disfrutarán en esos lugares del confort urbano con las ventajas del campo. La propaganda insinúa que esto es un nuevo estilo de vida. Error con mayúscula: a la larga consistirá en un estilo de vida muy problematizado. La primera consecuencia es que estas viviendas parquizadas conducen a que los espacios verdes próximos a la ciudad sean acaparados por aquellos sectores de población cuyo poder adquisitivo les permita el traslado a estos nuevos barrios. La segunda consecuencia es que este nuevo estilo de vida alienta cada vez más el transporte individual, generando en los centros urbanos los embotellamientos a la hora de entrar y salir. La tercera consecuencia es que el tiempo dedicado al transporte aumenta y, por consiguiente, la fatiga que produce el transporte, que es más riesgosa y agotadora que la producida por el trabajo.

Nuestras plantaciones de pinos en la zona costera están siendo devoradas por las urbanizaciones y por la caminería que requieren, al igual que las dunas de arena. La pérdida en calidad de vida que esto implica es un error con mayúscula. Los promotores que viabilizan terrenos naturales para estos emprendimientos parten de un precio muy bajo de estas tierras. El Estado y los municipios no obtienen por ello ningún beneficio sino todo lo contrario, ya que en algún momento deberán dar servicios a estos emprendimientos y estos son costos que el Estado y los municipios en algún momento tendrán que asumir. Error con mayúscula.

Los prospectivistas urbanos, como Michel Ragon, han advertido a viva voz sobre estos hechos, tipificándolos como errores monumentales, pero en estas latitudes parece que no queremos oír.

El Plan de Ordenamiento para Montevideo pretende ser una herramienta eficaz para impedir estos errores. Se ha propuesto que los vecinos de Montevideo puedan vivir con calidad de vida en la medida que esos planes vecinos de la ciudad y no alejados de la misma se vayan concretando.

Ejemplo: las zonas promocionales en las avenidas José Batlle y Ordónez y Larranaga, Aguada y Goes. Estos planes promocionales también exigen la generación de espacio público, de verde y sol en la ciudad con servicios.

A este modelo de planes vecinos a la ciudad para los vecinos de Montevideo, se contrapone el modelo de urbanización dispersa, sin que este modelo haya tenido discusión o planificación.

En estas condiciones el diámetro de la zona urbana estará en los 100 km a breve plazo. ?Podrá el Ministerio del Interior dar seguridad en estas condiciones? ?Será posible disponer de un sistema de saneamiento adecuado y preservar nuestros recursos hídricos subterráneos y de superficie? ?Cuál será el sistema de recolección y disposición de los desechos domiciliarios? Si no hay respuestas, el error en proseguir con la política de urbanización dispersa es un error con mayúscula.

En Montevideo seguiremos empenados con la aplicación del Plan de Ordenamiento para que los planes vecinos a la ciudad para los vecinos de Montevideo, tengan las mejores condiciones naturales de sol y verde, generando en la ciudad el espacio público necesario.

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