Nuestro sistema educativo y sus falencias

Decía el maestro Juan Mantovani: «Todo proceso educativo implica necesariamente un ser y un deber ser; una realidad y una finalidad». ?Cuál es la realidad uruguaya al día de hoy? Si lo midiéramos por la edad a que los jóvenes empiezan a delinquir, por el poco respeto por la vida humana –se la quitan por un litro de vino del más barato–, por la caída de los valores que en otros tiempos no eran caros, tendríamos que decir que nuestro sistema educativo es un completo fracaso. De la dualidad que habla el maestro Mantovani, realidad y finalidad, nuestra realidad no podría ser peor, aunque nuestra finalidad apunte a ser mejor. Sucede que nuestra ensenanza técnica está manejada por especialistas en algo y ensenan su especialidad en forma aislada, desconociendo la formación integral del hombre.

?Qué es un especialista? Un profesor de matemáticas es un especialista en números. El de química o física también es especialista en su materia y cada uno actúa como si su asignatura fuera la más importante, dejando de lado todo lo demás que contribuye a la formación del hombre. En su libro, La Incógnita del Hombre, dice el doctor Alexis Carrel: «La Medicina ha separado al ser humano en pequenos fragmentos, y cada fragmento tiene su especialista». «Cuando un especialista, desde el comienzo de su carrera, se consagra a una minúscula parte del cuerpo, su conocimiento del resto es tan rudimentario que es incapaz de comprender bien ni siquiera la parte en que se ha especializado.» «Algo semejante sucede con los educadores, los sacerdotes, los economistas y los sociólogos…». «Cuanto más eminente es un especialista, más peligroso es».

El doctor Carrel hablaba del cuerpo, cambiemos la palabra «cuerpo humano» por «ensenanza técnica» y apliquemos los mismos conceptos. Sucede lo del obrero que elabora piezas aisladas de una máquina, sin saber qué papel juega esa pieza en el conjunto y funcionamiento de esa máquina, ni la importancia que tiene.

En la educación técnica, si medimos nuestra realidad por la aceptación que tienen en el mercado de trabajo sus egresados, no podemos sentirnos contentos: salen mal formados y, muchas veces, son rechazados.

Así como al escultor se le entrega un bloque de mármol para que plasme una estatua, una obra de arte, al docente, sea de primaria, secundaria o técnica, se le entrega un pichón de ser humano para hacer un hombre, un ser humano sociable, solidario, respetuoso y respetado. A la ensenanza técnica se le entrega un joven que ha hecho sus primeras letras para que ésta elabore un hombre, un técnico honorable capaz de ganar su pan, con ventajas para sí y para la economía y bienestar de la nación. Si hemos sido capaces de domesticar y adiestrar animales para que dejen de ser agresivos y no ataquen al ser humano, ?cómo no es posible educar al ser humano para que deje de agredir a la naturaleza y termine matando a sus semejantes? Sucede que los mismos que critican el «pan y circo» de la clase política, se olvidan del «pan y circo» escolar, que brindan muchos pichones de docentes recién salidos del cascarón y que con gran alharaca hablan de la falta de trabajo, de la falta de mano de obra capacitada, de la corrupción, de las dictaduras, etcétera, olvidándose que una mala formación técnica o académica está contribuyendo al desempleo, la falta de trabajo y, por ende, a la desvalorización del ser humano como tal. ?Quiénes son los culpables de la mala formación técnica que padece el país? El cuerpo docente y quienes contribuyeron a formarlo. Y no se está brindando una mejor educación; en realidad es peor.

El doctor Pedro Figari, en su Plan General de organización de la Ensenanza Industrial del 8 de marzo de 1917, decía: «Por otra parte, ensenar mal es quizás peor que no ensenar, porque las nociones falsamente encaminadas conducen al fracaso, que desalienta, y esto podría ser de efectos funestos en nuestro medio actual». !Y han pasado 83 anos!

En su plan de trabajo el doctor Figari decía: «Dar instrucción práctica más bien que teórica, adaptando procedimientos experimentales, de modo que el educando consiga por sí mismo el resultado que busca». «Cultivar el criterio del alumno más aún que su manualidad…».

A pesar de haber pasado 83 anos, todavía se prefiere proseguir con «ese barniz que produce espejismos de conocimientos», en lugar de educar para el trabajo y educar bien.

Vivimos un mundo robotizado, donde cada maestro repite lo que a él le ensenaron cuando estudiante. El doctor José Manuel Rodríguez Delgado, director del Departamento de Ciencias Fisiológicas de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, sostiene: «En nuestro mundo actual, tan robotizado mecánicamente, hay otra dependencia de la que quizás no nos demos cuenta: la robotización mental de nuestros cerebros».

«Tenemos que darnos cuenta de que una gran masa de nuestros estudiantes son robots mentales; que una gran parte de las masas obreras están también robotizadas por slogans políticos». «La tremenda fuerza de los medios de comunicación y de los medios educativos tiene un impacto tan poderoso que está formando o deformando nuestras propias neuronas, nuestros pensamientos y nuestra conducta».

Nuestro sistema educativo, en lugar de tanto ensenar a apretar teclas y botones, debería ensenar a pensar, a analizar racionalmente los problemas que se presentan.

Decía el doctor José Ingenieros en su libro El Hombre Mediocre, página 52: «El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero en cambio, custodia celosamente el armazón de automatismos, prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra las acechanzas de los inadaptables». En el libro «La Hora de los Dos», de Julio César Urien, se puede leer: «La grandeza de los pueblos está en el equilibrio de sus fuerzas materiales y espirituales, que se traduce en el estudio positivo y en el trabajo constructivo, en el uso de los recursos naturales del suelo, en la sabia distribución de las industrias de acuerdo con las fuentes de energía, en los individuos aptos para su tarea específica, en el adelanto de las instituciones sociales y políticas y, sobre todo, en el contenido ético y estético de su pensamiento».

«Desgraciadamente, para dirigir ese equilibrio no triunfan los hombres con poder de síntesis, sino otros aventureros, figuras secundarias que pululan y perduran casi siempre en el anónimo o que surgen como grandes demagogos».

(*) Ex inspector de Educación Técnica

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