Encuentro entre el Presidente y familiares de desaparecidos

El fin de la arrogancia y del ninguneo

La decisión del Presidente de la República de recibir en su despacho a los representantes de los familiares de detenidos desaparecidos tiene una enorme significación simbólica y práctica.

Desde este último punto de vista, la conclusión exitosa –tanto en la forma como en el contenido– de la búsqueda de la joven nieta del poeta Juan Gelman demostró que la voluntad presidencial hace posible lo que desde otro mirador puede parecer inalcanzable.

La Presidencia tiene facultades constitucionales y legales y funcionarios civiles y militares adecuados como para avanzar en la investigación de sucesos delicados como las desapariciones forzadas.

En el país, además, la mayor parte de la gente se conoce y sobre todo los que desarrollan en una misma época una misma profesión.

Pero, además, en el caso de los familiares uruguayos de detenidos desaparecidos, el grupo cuenta con un largo y meticuloso trabajo de investigación sobre datos, indicios y testimonios.

Sobre la base de estos avances, realizados en las difíciles condiciones en que han trabajado los familiares, más la labor de los organismos oficiales del Estado que están bajo órbita jerárquica del primer magistrado, se puede alcanzar un desenlace adecuado, como ocurrió con la nieta de Juan Gelman.

La reunión del jueves 13 tiene, decíamos, también una enorme importancia simbólica, como bien se ocuparon en destacar los familiares que participaron en ella: la primera entrevista en más de quince años, el reconocimiento, desde la más alta tribuna del Estado, de la existencia del problema, significa la ruptura del silencio indiferente, la quiebra del estilo de arrogancia y «ninguneo» que caracterizaron a las administraciones anteriores.

Al reconocer que existe un problema sin resolver y que, según palabras del Dr. Jorge Batlle, «constituye un problema de interés nacional», se ha puesto fin a una etapa particularmente árida y dolorosa para más de un centenar y medio de familias uruguayas.

El Presidente recibió, oyó con atención y dialogó con los representantes del grupo y lo hizo desde una actitud que ya había evidenciado cuando recibió con sencillez y emotividad al escritor argentino Juan Gelman.

La obcecación autoritaria de mandatarios anteriores, que rechazaba a los familiares de desaparecidos como si fueran sus enemigos, permite contrastar una actitud y otra.

Y el trato afectuoso, llano y sin dobleces del actual Presidente, restaura valores que las instituciones, en manos de encumbrados dirigentes políticos con ambiciones planetarias, parecían haber perdido.

Hay otro elemento que conviene destacar: las actitudes del actual Presidente con relación a esta asignatura pendiente de la democracia uruguaya que son los detenidos desaparecidos cuenta con un gran respaldo político, con un enorme apoyo en la opinión pública.

Diversas declaraciones de la mayoría de los dirigentes políticos han manifestado su apoyo a la inflexión dada desde el Poder Ejecutivo.

Editoriales y artículos de opinión procedentes de variadas tiendas políticas vienen celebrando los pasos y los gestos del Presidente.

Probablemente haya que medir en decenios el tiempo transcurrido desde que otro presidente uruguayo tuvo un apoyo tan amplio como el que ha obtenido hoy el Dr. Jorge Batlle.

Vale la pena consignarlo: en estas propuestas y en estos pasos Batlle cuenta con el respaldo de la inmensa mayoría de la población uruguaya, casi con independencia de partidos o concepciones políticas.

Por supuesto, no faltan ni se callan los que opinan de otro modo.

Los cuscos, temerosos de las plumas que viene dejando por el camino el otrora «gran vencedor», emiten sus ladriditos por cumplimiento.

Otros, que viven encerrados con su pasado y parecen ignorar que el mundo siguió andando, vuelven a repetir sus broncas letanías y amenazas.

Están de espaldas a la realidad, de espaldas al país y al mundo.

Hablan, tienen derecho. Pero no convencen ni asustan.

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