Globalizaciones

Es notorio que se nos quiere imponer un nuevo orden a nivel mundial. El de las globalizaciones. A tales efectos adviene una lista amplia de razones dadas por «hechos consumados» basadas en la libertad de comercio, realidades y efectos de las comunicaciones que superan límites territoriales, beneficios de mercados ante el rompimiento de fronteras reales, arancelarias, etc.

En el papel todo está fenómeno y hasta difícil de refutar dialécticamente ante argumentaciones tecnocráticas prolijamente pensadas y paulatinamente infiltradas en las macro economías mundiales dirigidas por las grandes potencias políticas y económicas con sus multinacionales, grandes bancas extranjeras, sus bolsas de valores que responden cipayamente, etc.

La verdadera razón es otra. La globalización en lo hechos reales implica la desnacionalización de los países y hasta de las regiones. El sentir nacional de los países conlleva la defensa de sus pueblos con sus producciones y sus riquezas. ?Por qué los árabes son los malos de la película (asesinos, crueles, atrasados, fabricantes de «bichitos bacteriológicos» para exterminar la raza humana, léase Sadam Hussein, etc.) y los «macanudos», humanos, generosos, defensores de la justicia y el amor angelical son los imperios occidentales? La razón es muy simple. El petróleo. La mayor parte de oro negro del mundo es árabe y hacen con él lo que más les conviene y es lógico. Es de ellos. Es su riqueza. Cuando se quiere bajar el crudo, ?por qué EEUU no larga al mercado internacional «su» petróleo que ni siquiera consume y lo tiene en cantidades monstruosas en los estados de Texas, Arizona, etc.? Nadie lo dice y se prefiere seguir explotando el de los árabes a quienes históricamente se les ha invadido y ocupado militarmente, se les fomentó y financió guerras internas y brutales entre ellos mismos y se les crea para justificar el latrocinio toda suerte de versiones y leyendas atroces.

De allí que el nacionalismo árable sea un pésimo ejemplo para las inocentes políticas globalizadas. Es malo que el «criminal» Gadafi se hubiese estabilizado, que los Ayatolá con sus fundamentalismos «vandálicos» se mantengan independientes y que Sadam no obstante su fabriquita de «bacterias» pueda subsistir. La globalización no ha podido «manotear» el petróleo.

En nuestra América Latina pasa lo mismo, con la diferencia de que no se ha podido tener igual suerte por estar directamente bajo la órbita inmediata del imperio yanqui. Acá vemos paulatinamente, que bajo los mismos inventos globalizantes, incluido el Mercosur, etc., nos vamos desnacionalizando cada vez más. A medida que pasa el tiempo vamos entregando nuestras riquezas y soberanía. Nuestras industrias, fábricas, comercios, incluyendo las tradicionales producciones rurales, se funden y se cierran a diario. Las sustituyen el supermercadismo, las inversiones extranjeras, banca internacional mediante, las multinacionales, etc., que con el «cuento» de que traen fuentes de trabajo, pagan sueldos miserables a nuestra juventud que termina por necesidad atendiendo «cajas registradoras» o sirviendo de «cadetes» en los supermercados. Se nos impone libre mercado, que se le llama, duraznos en almíbar de Grecia, enlatados espanoles, mostazas alemanas, fiambres brasilenos, etc., todo tipo de comestibles de procedencia insospechada que consumimos para dar de ganar al extranjero mientras nuestros enlatados, harinas, productos lácteos, conservas, etc., que siempre fueron excelentes y que se sabía cómo se hacen con los controles sanitarios respectivos de nuestro Estado, se funden. O sea, cuando las globalizaciones y el libre mercado nos impone «comprar» esas «latitas» que rezan «made in XX» y dejamos las uruguayas porque eso es lo aconsejable por la prédica globalizante, estamos condenando al hambre a otra familia oriental que ve cerrar su fuente de trabajo a diario.

Por supuesto hay otras patrias americanas, con gobiernos con sentimientos y sentido nacional más profundo que el de nuestros políticos que al igual que Fausto han vendido hasta el alma, que luchan y tratan de superar estas realidades.

Es el caso de Chávez en Venezuela que con dignidad y coraje se sacude estas influencias y es también una amenaza para estas globalizaciones económicas imperiales. La misma realidad colombiana, no obstante ser revestida por el manto de la «coca» que al imperio le interesa darle con el interés de intervenir y amenazar con invasiones descarnadas, es digna de estudio. Una guerrilla que lleva más de cuarenta anos y domina más de un tercio del territorio nacional, no es un fenómeno simplista de terrorismo asociado con los carteles como se nos quiere vender por los imperios globalizantes. Cuando la propia Iglesia entra en diálogo y recibe dignamente al comandante Reyes en Roma, delegado directo de Marulanda (alias Tiro Fijo) se rompen los esquemas. Es otro ejemplo de lucha nacional.

En Ecuador la situación es dramática. Se ha ido obligando por los diversos gobiernos cuasi fotográficos por su duración, todos ellos bajo directivas imperiales, la dolarización de su moneda y por ende de su economía. Se le está negando hasta el principo fundamental del ser nacional como es tener su propia moneda, el sucre. El pueblo, con un profundo sentido patriótico, resiste y es impredecible el futuro económico e institucional. O sea, las reacciones existen y están latentes en aquellos pueblos con dirigencia patriótica y consciente. La reacción contra la explotación extranjera globalizante hay que concientizarla dándole la razón a esos pueblos hermanos que luchan por su independencia y soberanía real de los imperios y sus multinacionales que nos explotan.

Las patrias americanas deben ser «nuestras o de naides» decía Aparicio. Y pienso que el «Cabo Viejo» tenía razón.

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