Extremistas

CARLOS BOUZAS

 

La semana pasada, el mismo día que el Parlamento aprobó el segundo ajuste fiscal en lo que va del año y volvió a meternos la mano en el bolsillo, el ministro de Economía realizó una conferencia de prensa, en la que manifestó su satisfacción porque mediante ese expediente se había logrado el blindaje financiero para Uruguay. Entre pitos y flautas, unos tres mil millones dólares, que no es poca cosa.

En esa comparecencia pública el ministro nos explicó qué piensa hacer con tanto dinero: «Tres destinos fundamentales: asegurar la solvencia de las cuentas públicas, reforzar la solvencia del sistema bancario y compensar la debilidad transitoria de las reservas internacionales del Banco Central». Agregó que «los mayores esfuerzos de este gobierno durante el período que nos queda por delante van a estar orientados a bajar el déficit fiscal en forma significativa…» O sea que minga de destinar siquiera un poquito a la reactivación de la economía o ayudas sociales. Eso no figura entre las prioridades gubernamentales.

Y  fíjese por dónde  en las mismas fechas, un drama similar acuciaba a Uganda, república africana agobiada por el sida, que afecta al diez por ciento de su población de veinte millones de habitantes, y que es considerada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como uno de los países modélicos por sus esfuerzos de crecer de forma sostenida y hacer frente a la crisis del sida.

Resulta que en una reunión multisectorial celebrada en Kampala (la capital), el ministro de Sanidad, respaldado por las ONGs, reclamó por la necesidad urgente de proporcionar medicamentos antirretrovirales a los afectados por el mal. Informó del costo de los mismos. Los portavoces de las ONGs anunciaron que estaban en condiciones de cubrir con aportaciones estadounidenses y privadas el coste de las medicinas y de la asistencia sanitaria a los enfermos.

Pero, el ministro de Economía rechazó la oferta porque «tal entrada de divisas en el país (…) reforzaría la moneda ugandesa y dañaría gravemente las exportaciones de café, básicas para alimentar a gran parte de la población». Agregó que «Si ese dinero no llegara en forma de dólares y fuera previamente convertido, en su totalidad, en medicinas, no tendría un impacto apreciable en el tipo de cambio (…) pero hay que contar con los sueldos de los médicos y otras partidas de repercusión doméstica (sugiriendo, en ese caso, la solución de) recortar otras partidas presupuestarias, como Educación y Agricultura, reduciéndolas sensiblemente». Los representantes del FMI y del Banco Mundial, presentes en el debate, apoyaron al ministro de Economía.

Yo no sé cómo terminó el intríngulis ugandés. Aunque sí me pude enterar que el secretario del Tesoro de los EEUU  que está efectuando una recorrida por Africa acompañado por el cantante Bono del grupo irlandés U2 , al enterarse del dilema por boca del presidente de Uganda, se permitió manifestar que la negativa a recibir la ayuda ofrecida sería «una estupidez, por no utilizar una palabra más dura».

Qué quiere que le diga. Los ejemplos me traen a la memoria el cuento del pobre campesino que se jactaba de haber enseñado a vivir sin comer al asno. Pero, lamentablemente, cuando ya lo había logrado  justo un mes después  el pobre animal murió. *

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