¿Con mano de hierro ante las protestas?
En los últimos días, en dos oportunidades, voceros del gobierno y del Foro Batllista han hecho referencia a la movilización popular, las protestas y «caceroleos» y hasta han aventurado audaces apreciaciones acerca de los resultados de las últimas elecciones internas del Frente Amplio.
Como fuerza integrante del gobierno, algunos en tanto miembros «permanentes» de todos los gobiernos habidos en los últimos decenios, incluidos los militares, los dirigentes del Foro Batllista expresan, con todo derecho, un punto de vista en el que es indudable un fuerte sentido de gobierno. El Foro exhibe así el rostro eterno, impasible, rutinario del statu quo.
Su voz es la voz del orden, del orden a cualquier precio, del orden de los demás, del orden con metas móviles que se impone como límite infranqueable a los opositores, a los desplazados. A los que protestan, cacerolean, juntan firmas, o votan, como ocurre en este caso.
El primero de los episodios a que hacemos referencia se desencadenó en forma espontánea cuando el presidente Batlle, el vice Hierro López y el ex presidente Julio Sanguinetti asistían a la colocación de una placa de homenaje al extinto ex senador batllista Luis Hierro Gambardella.
El acto se desarrollaba en las instalaciones del Liceo número 55, en la calle Asilo cerca de Propios, no muy lejos de la sede principal del Casmu.
Las expresiones verbales del malestar popular (silbidos, insultos y coros) se produjeron hacia el final del acto y evidentemente no se trató de ninguna referencia al ex dirigente batllista homenajeado, como se pretendió luego, sino a los dirigentes políticos actuales, responsables de la situación de deterioro social acelerado que vive el país.
Los dirigentes del Foro, en este caso el propio Hierro López, magnificaron y deformaron el sentido de la protesta, considerándola como una señal de falta de respeto a su padre, al tiempo que daban señalas evidentes de estar contrariados por las expresiones populares.
Sentencias similares se han emitido a propósito de otros episodios recientes como las caceroleadas en el Prado, o en la visita presidencial a Conaprole.
En la misma sintonía de conservadurismo y velado autoritarismo aparecen ahora otras expresiones del Foro, ya definitiva y confortablemente instalado en las poltronas vacantes del pachequismo.
En una reunión del sector celebrada en la ciudad de Mercedes, de la que da cuenta LA REPUBLICA en su edición del viernes, varios dirigentes mostraron su preocupación por lo que llamaron indistintamente el «triunfo del marxismo» o la «victoria de los Tupamaros» en las elecciones internas del Frente Amplio.
Haciendo uso y abuso de las palabras y del vago perfume desestabilizador que se puede lograr con su irradiación mediática, se acusó al Frente Amplio de apoyar las acciones del PIT-CNT que –según ellos– promueve «piquetes y caceroleos».
De más está decir que no se ha logrado documentar contra el Frente Amplio ni contra el PIT-CNT ninguna responsabilidad en actos violentos o de desestabilización social.
El tono de cacería de brujas, el tufillo macartista de los voceros del Foro Batllista constituye la recidiva del viejo conservatismo autoritario colorado, de antiguas raíces y con vigoroso florecimiento durante la dictadura.
La actitud intransigente que los anima es incapaz de ver la significación democrática profunda que ha sido la elección de autoridades por parte del Frente Amplio el pasado domingo 26 de mayo.
Y tampoco hay ni comprensión ni tolerancia para las formas pacíficas y civilizadas de la protesta social, en momentos en que decenas de miles de trabajadores tienen que lidiar mano a mano con estrechez y la miseria que golpea las puertas de sus casas.
Contrariamente a lo que sostienen los dirigentes del Foro Batllista, las movilizaciones populares y las protestan no son una amenaza contra la estabilidad institucional sino justamente lo contrario, un factor de fortalecimiento de las instituciones de la democracia y de la libertad. *
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