Adiós, doctor Maggi

LEOPOLDO AMONDARAIN

 

El articulista del rosado coalicionista diario El País, doctor Carlos Maggi resulta para nosotros de difícil localización política: colorado originario supo ser frenteamplista duro antes del golpe, después trasladóse de la izquierda a la derecha más recalcitrante del Partido Colorado y hoy, al hacerle «mandados» a sus ocasionales patrones de ese rotativo, parecería «calepinearse» adquiriendo tonos o manchas blanqui-coloradas.

En una especie de editorial se despide con un «adiós» al senador Larrañaga. La razón de la pintoresca despedida es según parece, por la oposición y negativa del senador a votar el ajuste fiscal reciente. Legítimo derecho a pensar y resolver, según su conciencia, del legislador. Decimos «pintoresca», pues cuando alguien se despide bien o mal, lo hace de otro de quien es amigo o mero conocido. Que yo sepa, más allá de algún saludo circunstancial o simple «cabezazo» protocolar, nadie lo reconoce ni como amigo y mucho menos como blanco: partido al que felizmente don Carlos Maggi jamás perteneció. No sabemos entonces el porqué de la despedida. Comento: Sorpresivamente pondera al Frente por hacer oposición «mansa» y hasta presume que si hubiesen faltado votos se los habrían prestado algunos por un «ratito» para que el fiscalazo hambreador pudiese aprobarse. Por allí elogia a Seregni al que trata de referente de la coalición de izquierda. La verdad, creíamos que el referente principal era Tabaré, pero admito que Maggi nos sacó del error, según su opinión. También pondera al PIT-CNT (¡sorpresa!) por su moderación en el sistema programado de paros futuros. Parecería que el bueno de don Carlos siente nostalgias o remordimientos tal vez, por su pasado izquierdoso y la conciencia puede ser que lo atormente. Desarrolla además, en el kilométrico artículo, alabanzas y ditirambos múltiples para la coalición de gobierno. Salvo sus integrantes y la oligarquía más derechista y conservadora, es el único que lo hace.

Arremete entonces sí, contra Alianza Nacional y el senador Larrañaga. No sólo por oponerse a votar el «ajustazo», sino por desconfiar de la actual mayoría partidaria (el futuro dirá quién será la mayoría…) y de los organismos internacionales, particularmente del… ¡FMI! Comento: ¡Vaya pecado el desconfiar de esos personajes y organismos! Si Larrañaga confiase ciegamente como quiere Maggi, en la mayoría calepina del Honorable y en el FMI, sería un perfecto imbécil. Antecedentes abundan para no aflojar «el tranco de un pollo» a tan «inocentes» representaciones.

Por otra parte ve mal y hasta anatemiza el hecho que Larrañaga vea como solución reunir a todos los líderes políticos en un diálogo nacional para programar soluciones a la plaza financiera. Comento: Es preferible, según su criterio progresista, recibir tres mil millones del FMI y asociados, no para incrementar el aparato productivo, desarrollar el área agropecuaria en estado ruinoso, o crear fuentes de trabajo incentivando la industria y paliando así el hambre de la gente, sino para salvar sólo y únicamente la banca crujiente y el sistema financiero. Sistema financiero que, aunque obviamente fundamental, no tiene por qué fagocitarse absolutamente el préstamo. El que espere que pueda repartirse equitativamente, ese sí cree en los reyes magos. La ayuda siempre es para los de más arriba y el hambre para los de abajo. Maggi lo debiera saber, tiene experiencia. Tiene razón Larrañaga. Según el gobierno el pobre que carezca de trabajo, que se embrome por ser pobre. Se salva sólo el banquero y sus negocios financieros.

Es obvio que el articulista, desde que redacta en el mencionado rotativo, ha cambiado de opinión y preferencias. Se olvida además de comentar que en febrero Bensión aseguró que en aquel cercano 70% de fiscalazo alcanzaría y sería el último ajuste. Tres meses después, se descuelga con otro sogazo fiscal muchísimo peor. Comento: ¿Quién asegura, con estos antecedentes, que dentro de tres meses no habrá otro ajuste igual o peor? Don Carlos: me parece que hace mucho que no recorre el Cerro, La Paloma, el Municipal, el 40 Semanas y ni qué mencionar Isla Patrulla, Arroyo Grande o Bella Unión por decir algunos barrios y pueblos que están demasiado lejos de los apoltronados, aristocráticos y perfumados doseles del diario El País. Nos gustaría pedirle que ose embarrarse los zapatos en esos humildes pero muy dignos lugares de hogares sin trabajo y les explicase las soluciones de Bensión y nuestro iracundo presidente Batlle al que tanto defienden sus ocasionales patrones. Capaz que le creen y hasta lo pueden despedir «cariñosamente». Alianza Nacional y Larrañaga no sólo van a esos lugares, sino que han propuesto soluciones. Por supuesto que no son las suyas y las del gobierno, donde la capitalización de los préstamos leoninos del FMI, que tendrán que pagar no la banca sino el pueblo trabajador con su hambre y sufrimiento, engordarán al galerudo financista banquero. ¿Dónde quedan los productores chicos y medianos, los industriales, obreros y peonada? Comento: Es obvio que el doctor Maggi, doctor de la City al fin, no interpreta ni mamó, porque jamás fue nacionalista, la frase de Aparicio a su hermano Basilicio: «Dignidad arriba y regocijo abajo».

Hoy, ni una cosa ni la otra. La dignidad, el gobierno coalicionado la vendió por moneditas arriba, y abajo ya nadie se ríe. Sólo hay indignación.

Respecto a lo dicho por el senador Garay sobre el Partido Nacional, es realista. De seguir esta monolítica coalición que tanto les gusta a los calepinos que defiende el doctor Maggi, se corre el riesgo que el viejo Partido Blanco «apague la luz» en los próximos comicios. A Maggi, que nunca fue ni quiso a los blancos es obvio que le debe importar un rábano. Entiendo sí, al senador Garat como a tantos otros buenos blancos que hemos llorado y dejado lo mejor de nuestras vidas por la divisa de Oribe y Aparicio. No será del brazo de otro Batlle como los neocalepinos van a conseguir salvarlo. Larrañaga es la única y última figura que le queda a la Colectividad para rescatar al auténtico pueblo nacionalista. Los doctores pelucones que siguen en «ruedas» calepinas de buen whisky en las suntuosas oficinas del diario autocalificado de «mayor tiraje», lejos del pueblo y sus sufrimientos, no lo van a conseguir. Es allí, adonde usted pertenece. ¡Nada tiene que hacer en el Partido Blanco! ¡Adiós doctor Maggi! *

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