Un préstamo demasiado caro
Cuando Uruguay –cediendo a las presiones de Estados Unidos– aceptó finalmente la deshonrosa misión de promover una observación a la vigencia de los derechos humanos en la República de Cuba, desde las páginas de LA REPUBLICA, así como desde otros ámbitos del quehacer nacional, se levantaron voces señalando la obsecuencia del gobierno.
La inmediata respuesta de las autoridades fue de una airada indignación. Se rechazó con toda energía la acusación de genuflexos y se procedió a resaltar la situación de falta de libertades en la isla, al tiempo que se hacía hincapié en la independencia de nuestra política exterior.
La discusión, obviamente, no debía centrarse en dirimir si en Cuba funcionan normalmente las instituciones democráticas, si hay libertad de prensa o si los disidentes son perseguidos. Se trata de una realidad muy diferente a la nuestra y, por tanto, la comparación entre ambas puede conducir a discusiones bizantinas.
Lo que estaba en juego y fue cuestionado desde la izquierda –y también desde sectores progresistas del Partido Nacional– era la vergonzosa sumisión del gobierno a la voluntad del imperio. Uruguay cumplía el triste papel de mandadero de Washington y renunciaba indecorosamente a su tradición de respeto a la autodeterminación de los pueblos y a la no injerencia en los asuntos domésticos de otras naciones.
La idea de que Uruguay había vendido su traición a tales principios al vil precio de lograr la firma del famoso acuerdo bilateral de comercio que el doctor Batlle trata de mostrar como la panacea, fue tajantemente desmentida por la Cancillería y por los operadores políticos del establishment.
Sin embargo, por estos días ha aparecido un alto funcionario del ABN Amro, el economista Arturo Porzecansky, cuyas declaraciones públicas deben de haber escandalizado al gobierno pues, con una franqueza brutal, confirmaron lo denunciado por la oposición. El economista afirmó que el préstamo acordado recientemente entre los organismos crediticios internacionales y nuestro país es la forma como la Casa Blanca retribuye a Uruguay el favor de haber presentado la moción contra Cuba.
Informó que la gestión de Washington ante el FMI, BC y BID incidiendo para el otorgamiento del crédito solicitado fue decisiva para que los organismos accedieran al pedido uruguayo.
No ha sido posible oír ni un solo comentario de parte de las autoridades de gobierno a propósito de estas revelaciones confirmatorias de la vergüenza. ¿Se atreverán a desmentir a tan distinguido jerarca bancario? ¿Romperán relaciones con el ABN Amro?
De modo que en el precio total que hemos de pagar por los fondos recibido o a recibir –que se calculan en tres mil millones de dólares– hay que contabilizar, además del mazazo impositivo, de la recesión y de la miseria que sufrirá la población para el salvataje del sistema financiero, el oprobioso renuncio a principios tradicionales en materia de política exterior.
Tanto desde el punto de vista económico como moral, esta última dádiva del FMI será recordada como un negocio ruinoso. *
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