Hacia la fragmentación social

Históricamente Uruguay se habrá caracterizado por su fuerte tendencia a la movilidad social y por sus vínculos societales que permitían grados importantes de armonía. A diferencia quizás de una buena parte de las sociedades latinoamericanas cuya conformación y cuyo desarrollo iban en dirección opuesta.

Sin embargo el modelo concentrador y excluyente, del que ya hemos debatido en muchas oportunidades, y que comenzó a instalarse en 1968 con la congelación de precios y salarios y que ha continuado hasta hoy con una muy fuerte profundización desde 1990, ha modificado notoriamente el rumbo de la estructura social nacional.

Podemos hablar ahora de una sociedad fragmentada en términos cuantitativos y en términos cualitativos.

Lo primero se desprende de cifras que han sido muy conocidas en el último tiempo, pero que vale la pena recordarlas:

* Más de 740 mil personas en situación de pobreza, con aumento no cuantificados desde 1995 hasta hoy.

* Una concentración del ingreso que ha empeorado desde aquel 1967 y que, si bien tuvo una leye recuperación entre 1985 y 1994, volvió a empeorarse desde 1995 como lo demuestra un reciente trabajo de jóvenes economistas de la Universidad publicado.

* Más de 500 mil personas sin empleo o con un empleo precario.

* Más de 150 mil personas con déficit de vivienda según estadísticas internacionales.

Pero quizás importe más destacar lo cualitativo, lo que hace a las consecuencias en la calidad de vida de esos procesos de concentración y exclusión social.

Y allí por lo menos, y a cuenta de mayor desarrollo en una investigación que estamos realizando, quisiera destacar:

* Un proceso creciente de personas en la calle ya sea solicitando directamente dinero, lavando parabrisas u otros menesteres que le permitan un ingreso mínimo, dadas las imposibilidades ya no de encontrar trabajo, sino de buscar trabajo. Y esto tiene que ver con que no han sido excluidos por el modelo del empleo (y entonces hoy están ocupados manana desocupados), si no han sido excluidas del trabajo, ya no son ni siquiera una reserva de mano de obra para ingresar al mercado de empleo. Por ello deben recurrir para subsistir a actividades al margen del empleo formal.

* Ello sin tomar en cuenta los ciudadanos del grupo anterior que han recurrido a actividades al margen de la ley impulsadas por el deterioro creciente de sus posibilidades de trabajo. La correlación positiva entre desindustrialización y aumento de la delincuencia ha sido más que demostrado en todas partes del mundo, en especial en un muy buen trabajo académico sobre la realidad de los EEUU.

* Al mismo tiempo también es muy claro un grado de correlación dialéctica entre el proceso de concentración y exclusión con el aumento de la violencia doméstica, del deterioro de las relaciones familiares y el quiebre de lazos tradicionales. También sobre esto la literatura mundial es abundante y las cifras del Uruguay elocuentes.

* En cuarto lugar la fragmentación social se expresa en el desplazamiento de las familias más pobres fuera de los circuitos tradicionales de vida del resto de la sociedad. Y en primer lugar es notorio que la política de construcción de viviendas de los sectores más pobres apunta hacia allí. Es decir construir viviendas en las zonas periféricas y de una calidad estándar (calidad fuertemente discutible) e identificable que en nuestro país han sido los llamados núcleos básicos evolutivos. En buena parte se busca un proceso de concentración de los sectores pobres cuya vida transcurra fuera de los ámbitos tradicionales de las ciudades, proceso muy común en el resto de la región y muy desconocido para nosotros, aunque puede encaminarse hacia ello.

* Pero ese mismo proceso se da en la atención de salud, hoy fuertemente fragmentada en torno a un sector que empieza a crecer en la atención de los más ricos (Medicina Personalizada, Blue Cross Blue Shield y otros), un sector mutual que atiende a los trabajadores y los sectores medios y una exclusión hacia una medicina pública con enormes carencias y, salvo en algunos departamentos, con fuertes procesos de exclusión y sin prevención para los sectores más pobres.

* Pero también las normas y los canales de consumo se fragmentan.

Aparecen los centros comerciales desarrollados (los shopping y las grandes cadenas comerciales) adonde va dirigido el consumo de los sectores de mayores recursos (aunque se transforme en un paseo dominguero para otros) que se fragmenta y separa del resto del consumo que se realiza en ferias y comercios barriales, hasta llegar a sectores que, con procesos de exclusión creciente, reducen su consumo a las zonas en las que habitan o al autoconsumo.

* En este proceso de fragmentación social al que la política económica y social ha llevado de manera muy clara le falta un elemento clave en las experiencias de otros países, que es el de la educación. En Uruguay es todavía sin duda un fuerte obstáculo a ese proceso por el fuerte peso de la educación pública en el Uruguay. Por ello es posible que se avecine un proceso de mayor fortalecimiento de esta área, pero, como ya se viene dando pero en mayor medida, con un sesgo hacia las zonas carenciadas (con sobre sueldos u otras cuestiones) que «focalice» (en palabras del Banco Mundial) el gasto educativo, y promueva una cierta «fuga» hacia la educación privada de nivel económico medio a los sectores de recursos medios y fragmente también la educación pública como un reducto de los pobres. Por suerte hasta ahora esto no ha sucedido y es el «eslabón perdido» de la cadena de fragmentación social que nos han impuesto y a la que, por suerte los uruguayos y las uruguayas hemos resistido.

Quieren que el país político de los tercios (que ya no lo es tanto) se transforme en el país social de los tercios, ricos con segmentos de consumos y servicios sociales propios y excluyentes, con una clase media que circula entre unos y otros y con sectores pobres que además de numerosos quedan excluidos del acceso a los segmentos de mejor calidad de consumo y por ello y esto es lo más grave no sólo son pobres sino que les crean las condiciones de reproducción de la pobreza y por ende las posibilidades de salir de ella, de movilidad social se van haciendo casi nulas.

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