Fujimori: el poder que busca perpetuarse
El próximo domingo tendrán lugar las elecciones presidenciales en el Perú.
El proceso previo a este evento ha sido escenario de graves denuncias por parte de la oposición y de serias objeciones provenientes observadores internacionales, tal como ha venido informando LA REPUBLICA.
En la oportunidad el presidente ingeniero Alberto Fujimori, que ha ido concentrando cada vez más poder político, militar y económico, intenta su tercera reelección, lo que determinaría un ejercicio por 15 años de la magistratura presidencial.
Este prolongado lapso ha llevado al analista mexicano Jorge Castañeda (EL País de Madrid, 6 de abril) ha hablar de «reyes electos», incluyendo en esta modalidad la conducta de varios jefes de Estado latinoamericanos de este siglo.
El caso Fujimori, a nuestro juicio, expresa una versión exagerada, caricatural, del comportamiento de varios jefes de Estado de este período histórico de América Latina.
En primer lugar, fuerte concentración de poder institucional en manos del Ejecutivo en perjuicio del Parlamento. Este rasgo no es privativo del Perú bajo Fujimori ni mucho menos.
En segundo lugar concentración y personalización del poder en manos del señor Presidente. Idem
En tercer lugar, sujeción política estricta de las Fuerzas Armadas al proyecto presidencial continuista.
En cuarto lugar, control absoluto de los canales de la televisión abierta (que es la que ve la inmensa mayoría de la población) y, desde ahí, desarrollar una agresiva presencia del continuismo y una acción constante de descalificación contra los eventuales rivales del «gran jefe» que busca la reelección.
Y, finalmente, utilización de todo el aparato del Estado y de sus obras para exhibir las virtudes constructivas del «señor Presidente» que aspira a la reelección.
Con este paquete aplicado en forma sistemática y detenerse en medias tintas, Fujimori parece difícil de desplazar en esta singular instancia que denomina «democrática».
Para Castañeda, «después de años de inestabilidad, caos, desorden, golpes, pronunciamientos, insurrecciones, ejecuciones, asesinatos, retroceso económico y fragmentación social, los pueblos de América Latina aceptaron un remedio doloroso pero eficaz ante un dilema para el cual, obviamente, no poseían otra solución: cómo contender por y transferir el poder de manera regular, pacífica y de preferencia democrática.»
No sin cierto fatalismo Castañeda cree que no ha sido posible construir las instituciones (…) o la cultura política indispensables para atacar este mal secular de tantos en tantas latitudes, ya que la desigualdad latinoamericana daba al trate con intentos liberales, republicanos, democráticos y ordenados, y las elites regionales concentraban un grado tal de poder económico que el poder político resulta inseparable del primero».
En este marco, la fase final de la agitación preelectoral en el Perú ha mostrado algunas innovaciones.
El proceso de destrucción de las candidaturas opositoras llevó, curiosamente, a que una de ellas, que se ubicaba bastante atrás, no fuera alcanzada inicialmente por el «rayo exterminador» de fujimorismo: Alejandro Toledo, que permaneció casi sin respaldo durante los primeros meses de campaña saltó hace apenas unas semanas a una posición preferencial en varias de las encuestas de intención de voto.
Cuando los dardos oficiales se han vuelto contra él, ya una parte de la popularidad y la adhesión popular estaba lograda a favor de este ingeniero de origen mestizo y que asume la representación de las poblaciones del Interior del Perú.
Las denuncias de la oposición en cuanto al fraude previo a las elecciones y las advertencias de varios organismo y observadores internacionales arrojan una luz de profunda desconfianza acerca de los resultados de la consulta electoral del próximo domingo.
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