El ministro no sabe

HUGO DE LOS CAMPOS – Abogado

 

Uruguay vive horas difíciles. Ha recibido ya media sanción el nuevo ajuste fiscal. El ministro de Economía ha alertado que el país se encuentra en una situación dramática.

El hombre común, que razona y vive las necesidades diarias, tiene derecho a hacerse esta pregunta: ¿no ha sido la recesión que el Uruguay vive crecientemente hace tres años, en buena parte la causante de ese déficit fiscal? Y estas medidas que vuelven a aumentar los impuestos más el aumento ya vigente de tarifas superando toda estimación de costo de vida y con notorio propósito fiscal ¿no van a provocar más recesión?

Si hasta hoy la situación era de una creciente inactividad, falta de trabajo, de posibilidades de empleo, ¿qué otra cosa puede pasar sino que esto se acreciente frente a las nuevas medidas impositivas? Y si se acrecienta, si hay menos actividad y menos trabajo, evidentemente se recaudará menos y una espiral paradójica deberá conducir a que el déficit fiscal aumente.

No es necesario ser economista para comprender algunas cosas que resultan de la aplicación del sentido común. Algunos autores, en forma por demás docente, explican la cadena de estas consecuencias valiéndose del dibujo de una bañera, cuyo nivel de agua representa el nivel de actividad del país. (1) Por sobre ella hay tres grifos que pueden aumentar ese nivel, uno corresponde a los gastos que pueda hacer el gobierno, otro corresponde a los gastos privados que puedan hacer los inversores, y otro corresponde a los gastos que se puedan hacer a través del consumo interno.

Por debajo, la bañera tiene dos desagües, uno es el de los impuestos, que si se aumentan provocan la filtración del agua y la baja de la actividad económica, y otro los ahorros, en el sentido también de que se quita de ese contenido metafóricamente representando el nivel de inversión, las sumas que simplemente se guardan o se colocan a interés.

En nuestro país entramos en el cuarto año de recesión, el nivel del contenido de esta bañera imaginaria está muy bajo, el gobierno reduce sus gastos, las inversiones obviamente tienen cada vez menos incidencia, y los gastos de consumo sólo pueden lograrse si los sueldos y las pasividades recuperan valor, y no como ahora que los pierden. A la vez, de seguir así las cosas, más que el ahorro voluntario al que recién nos referimos, mucha gente va aun a quitar el dinero que tiene guardado en los bancos, poniéndolo a resguardo más seguro, lo que significa también disminuir la actividad. (1) Argentina, que pidió más asistencia que todos los países del mundo al FMI en las dos últimas décadas, y enfrenta hoy un estado de verdadera calamidad. Y desde esa situación hoy su gobierno reconoce que sin perjuicio de medidas de controles presupuestales, lo fundamental, lo esencial, es apuntar a la creación de trabajo. Es así que, hace pocos días, Remes Lenicov, en un pequeño viaje de 48 horas a EEUU para entablar relaciones con el FMI, insistió una y otra vez en que la prioridad era para su país el crear empleo. El director gerente del FMI, Horst Koehler, abiertamente afirmó que coincidía con el ministro de Economía de la Argentina en que ésta tiene necesidad de elaborar un programa exhaustivo que promueva el crecimiento sustentable.

Aquí el ministro Bensión dijo ante la Comisión Parlamentaria que consideraba las medidas de ajuste fiscal, lo siguiente: «Yo conozco dos formas de lograr la reactivación: aumentando el gasto o disminuyendo los impuestos, ambas opuestas al abatimiento del déficit». Que es lo mismo que decir: «Yo no conozco formas para reactivar el país, porque no puedo ni aumentar el gasto ni bajar los impuestos».

Entonces parece claro que el señor ministro tiene que irse, porque si confiesa que él no puede reactivar al Uruguay, y nadie hay que no esté de acuerdo en que esa es la única salida posible de nuestro país, deberá ser sustituido por otro que sí manifieste saberlo.

Sucede que esto tampoco serviría de mucho, porque la idea del gobierno, más allá de los recambios de personas, parte de un modelo cerrado, férreo, que no permite ni una pequeña hendidura por la que pase el detalle de la vida.

Paul Krumann, uno de los más lúcidos economistas contemporáneos, cuyas columnas en EEUU y en Europa son prácticamente diarias en las mejores publicaciones, ha reflexionado mucho sobre los beneficios y las limitaciones de los modelos económicos. Y en estas reflexiones, ha dicho que, una vez que se tiene el modelo es casi imposible mirar el mundo a través de otra cosa que no sea el mismo, por lo que el resultado es que el propio acto de modelizar, a la vez que crea conocimiento lo destruye. Su sentencia es clara: en el ciclo de la aplicación del modelo la pérdida del conocimiento es inevitable. Es más, para el autor citado, un modelo debe invitar «a salir a la calle y empezar a medir para ver si en la práctica parece probable», puesto que según afirma la propia modelización obliga a mirar hacia unas direcciones determinadas, y «no nos deja ver lo que tenemos justo delante de nuestras narices». (2)

Un economista clásico como John Maynard Keynes, en su famosa obra «Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero» publicada en 1936, afirmaba que uno de los grandes males de los modelos era una aplicación excesiva de la «economía matemática», que según él, que era quizás el mejor matemático del mundo en su momento, no servía de mucho, porque en general «pierde de vista las complejidades e interdependencias del mundo real desde un laberinto de presunciones y símbolos inútiles».

Desde el punto de vista del ministro de Economía y del Presidente de la República, formados férreamente en las más puras doctrinas neoliberales, no podemos esperar muchos cambios. Quizás estemos condenados a llegar a extremos mucho más graves, para darnos cuenta de lo elemental, y es que sólo produciendo, trabajando, generando empleo, puede avizorarse un camino de salida y una esperanza para los uruguayos. *

 

(1) Concepto básico de economía. John Charles Pool y Ross M. LaRoe. P. 10 y 11. (2) Paul Krumann. «Desarrollo, Geografía y Teoría Económica».

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