"La decadencia del arte de mentir"
Hace en estos días 120 años que el bueno de Mark Twain publicó, con este título, su «Ensayo para la discusión», en un concurso para un premio de treinta dólares, que finalmente no obtuvo.
La desopilante acumulación de burlas y sarcasmos que contiene no impide que hoy el escrito del célebre autor de las Aventuras de Tom Sawyer resulte casi ingenuo: la decadencia del arte de mentir ha seguido su incontenible caída tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.
En estos días, varios medios de prensa europeos se han ocupado de la creación por parte del gobierno norteamericano de una dependencia, la Oficina de Información Estratégica, que tiene entre sus objetivos, al decir de El País de Madrid, «colocar noticias favorables a los intereses de Estados Unidos en medios informativos internacionales», lo que el periódico llama «el derecho a mentir».
En realidad, la noticia había sido divulgada con anterioridad en un artículo del prestigioso periodista Raymundo Reynoso, de la agencia Amate desde Los Angeles.
Al frente de la oficina de información, en la que ya revista una quincena de empleados, está un jefe militar: el general de aviación Simón Worden.
Según han divulgado fuentes militares norteamericanas, los planes de acción de la Oficina de Información Estratégica incluyen todas las posibilidades, «desde lo más negro a lo más limpio», aseguraron.
La sugestiva y poco edificante dependencia, que bien podría ser reconocida como el Ministerio del verso, ha contratado los servicios de una empresa de relaciones públicas para que la asesore técnicamente.
La empresa, contratada sin licitación –«no ha habido tiempo, la guerra contra el terrorismo empezó sin previo aviso», dijo un oficial–, es The Rendón Group (TRG, según sus siglas en inglés), que cuenta con amplia experiencia en la promoción de imagen, contacto con los medios y, algo que es muy importante para el ejército de los Estados Unidos, en el control de situaciones en momentos de crisis, explica Reynoso.
El Grupo Rendón tiene unos antecedentes imborrables. Durante la guerra del Golfo desarrolló campañas de apoyo al gobierno de Kuwait desplegando desde Londres sus acciones a través de un Comité de Ciudadanos por la Libertad de Kuwait.
También se ocupó de hacer la promoción en los Estados Unidos del entonces presidente argentino Carlos Menem y actuó como respaldo en las acciones norteamericanas en Panamá, conocidas como la «Operación Justa».
En la actualidad el Grupo Rendón «coloca» y monitorea información en unos ochenta países.
No es la primera vez que se denuncia la existencia en los Estados Unidos de «usinas» impulsoras de campañas contra gobiernos que no gozan de la simpatía de los EEUU.
Así fue con el desarrollo del proceso revolucionario cubano a partir de 1960, aunque en ese caso no tuvieron suerte. También con oleadas de calumnias se desarrolló la campaña contra el gobierno de Salvador Allende y fueron influencias de ese tipo, monitoreadas por la CIA y el Departamento de Estado dirigido por Henry Kissinger, las que se articularon en el nefasto setiembre de 1973, cuando el gran presidente chileno fue derrocado.
En el editorial que comentábamos más arriba, un periodista español expresa: «Asusta la idea de un ventilador engrasado por millones de dólares difundiendo una mezcolanza indiscriminada de verdades y mentiras».
Lo interesante es que también han aparecido las voces de alarma en los Estados Unidos, donde el espíritu libertario e irreverente de Twain parece no haber desaparecido totalmente: Galen Carpenter, un especialista en relaciones internacionales ha descalificado la idea de la Oficina de Informaciones diciendo: «Ya nos ven con muchas sospechas. Si nos agarran mintiendo, la hostilidad aumentará».
Es exactamente así. *
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